Su obra ha sido exhibida en Latinoamérica, Estados Unidos y Europa. Hoy uno de sus proyectos más ambiciosos se expone en el Palacio Pereira hasta el 20 de junio: Copas. Estanques elevados en Santiago, donde se produce un diálogo entre las artes visuales, la historia y la arquitectura. La artista venezolana, residente en Chile hace más de dos décadas, irrumpe en la escena del arte con obras donde el agua se hace presente en diferentes formatos e invitan a la reflexión. “El agua es para mí el elemento que sostiene tensiones políticas, fantasías y memoria”, señala.
Lleva 25 años en Chile. Nació en 1988 en Caracas, Venezuela. Creció en Quito, Ecuador, y en algunos periodos vivió en Guatemala. Pero la mayor parte de su vida ha estado vinculada al país y en especial a Santiago. A Jessica Briceño Cisneros le gusta observar el paisaje: desde lo más árido hasta las altas montañas de la cordillera de los Andes. Le gusta el sonido que produce el agua. Pero también le gusta recorrer la ciudad: sus rincones, plazas, galerías, mirar las construcciones en altura, los detalles donde se funde la historia con el arte.
“Amo Santiago. Me gusta mucho la ciudad”, dice la artista quien tiene su taller en el barrio Yungay y que, en estos años, ha vivido en diversas comunas, como Vitacura, Ñuñoa, Providencia y San Miguel. Inquieta y curiosa, siempre anda explorando algún sitio de nuestro territorio para luego elaborar piezas escultóricas donde se funde el paisaje, las artes visuales y la arquitectura.
Su obra ha sido exhibida en Latinoamérica, Estados Unidos y Europa, y forma parte de colecciones públicas y privadas. Jessica Briceño Cisneros cuenta que hay algo que su padre –quien falleció hace dos años en República Dominicana– le inculcó y tiene que ver con la curiosidad.
“Una vez me dijo: nunca dejes de ser turista, porque siempre podrás ver cosas nuevas. Desarrollo distintas estrategias para entender los diferentes fenómenos de la ciudad… Es como buscar en la ciudad pokemones, por ejemplo, yo busco copas de agua”, señala en broma y en serio Jessica Briceño Cisneros, quien es artista visual, escultora, docente, licenciada en Artes Visuales por la Universidad Diego Portales y magíster en Teoría e Historia del Arte de la Universidad de Chile.
Por estos días y hasta fines de junio, expone su proyecto más ambicioso Copas. Estanques elevados en Santiago, en una de las salas del Palacio Pereira, en Huérfanos 1515, en pleno centro de la ciudad. Es un inventario y una recopilación textual y audiovisual de su labor sobre estas estructuras hídricas que ha venido desarrollando desde hace 15 años. Mientras, esta semana, la artista, quien ha participado en residencias internacionales como la Skowhegan School of Painting and Sculpture (2019) y Sculpture Space (2018), realizará una serie de actividades en la National Academy of Design en Nueva York, EE. UU.
La muestra Copas. Estanques elevados en Santiago exhibe imágenes, planos, mapas, textos y un video con una serie de copas de agua –filmadas con un dron– y entrevistas, que narran el trabajo catastrado, donde el arte dialoga con el diseño, la arquitectura y la ingeniería. “Es curioso. Creo que debe ser el único país del mundo donde estos estanques se llaman copas de agua”, afirma el arquitecto Miguel Lawner en el registro audiovisual presente en la exhibición. “Después del terremoto de Chillán, en enero de 1939, en la reconstrucción se comenzó a imponer los principios de la arquitectura moderna”, agrega en la grabación el Premio Nacional de Arquitectura 2019.
Jessica Briceño Cisneros se ha preocupado no solo de saber dónde se emplazan “estos objetos extraños de la ciudad, cuya abstracción me permiten entrar al territorio de la especulación y la fantasía”, sino también qué elementos sociales y políticos hay detrás de esta arquitectura del agua.
“Antes las copas de agua eran hitos de la ciudad, ahora los nuevos edificios altos no siempre logran que se vean estas estructuras”, añade Briceño Cisneros, quien dice que la copa de agua más grande que ha podido apreciar se emplaza en el conjunto de remodelación San José, creado por la Corporación de la Vivienda (CORVI), y ubicada en calle Agustinas, cerca de avenida Manuel Rodríguez, a pocas cuadras del palacio de La Moneda.



Sobre Santiago como una ciudad que se transforma y no protege su patrimonio, señala: “Viví cinco años en Ñuñoa. En el sector que habitaba, en un momento, destruyeron cuatro casas grandes y levantaron un par de edificios. Antes había un sistema que funcionaba más armónicamente con la caja de empleados particulares y públicos, la caja obrera, había distintas entidades que ayudaban a financiar las viviendas sociales. La dictadura militar modificó todo esto. Y la desaparición de la copa de agua tiene que ver con la llegada de una nueva tecnología”.
—¿Qué es el agua para ti, en tu obra, en tu recorrido vital?
—El agua es un elemento y es un tema. Como elemento me interesa en sus cuerpos naturales, pero sobre todo en la ciudad: cómo la urbanizamos, canalizamos, domesticamos y hacemos hitos urbanos con ella. El agua que pasa por un edificio o la ciudad es como flujo sanguíneo, es un ente vital que soporta la vida humana. Como tema, siempre me ha interesado el agua en su escasez. Contenedores que no contienen, piscinas vacías, etc. Tuve por muchos años un sólido interés geopolítico por el agua como ausencia y disputa. Con los años, mi interés se ha diversificado hacia el agua como espacio de recreación y juego. El agua es para mí el elemento que sostiene tensiones políticas, fantasías y memoria.
Obras sociales / hitos de geometría
En 2023, Jessica Briceño Cisneros expuso en la galería Patricia Ready la muestra El tronco se hizo bote. El bote hizo agua. Allí expuso diferentes maquetas-esculturas de botes e instaló una embarcación en la sala que podría haber sido también una piscina. La artista invitaba a reflexionar sobre la labor de la carpintería, el territorio y el uso de las diferentes materialidades.
Mientras que el año pasado exhibió en la galería Isabel Croxatto, las piezas reunidas en Trampolín de piedra, donde mostraba pequeñas esculturas, figuras que semejaban a piscinas, escaleras, espirales y toboganes. Ahí usó el hormigón como material de sus obras. “Me quedé con el hormigón por sus posibilidades poéticas. La piedra también es muy importante en mi trabajo”, comenta la artista.
La obra San Francisco (2016), escultura en hierro, de Jessica Briceño Cisneros, es parte de la Colección de Arte Contemporáneo, del Ministerio de las Culturas, e imagina la estructura del tanque de agua de un edificio de los años 50, que se emplaza en San Francisco esquina Padre Alonso de Ovalle, en Santiago Centro. Las copas de agua, su origen, dimensiones, emplazamientos, han sido parte del proyecto más extenso de la creadora.


“Empecé a investigar por qué estaban arriba de los edificios, por qué no era un objeto independiente como una torre de agua. Y lo que más me interesó era que tenían una forma muy curiosa. Que pudiendo ser un cilindro o un cubo, a veces, son elementos geométricos extraños. Lo primero que hice fue tomarles fotos. Luego lo pasé a distintos materiales: emulé las copas en plumavit, cartón, madera y hormigón”, dice Jessica, quien piensa en un proyecto mayor a futuro relacionado con las copas.
Le gustaría generar una web donde conservar su investigación y desarrollar más el trabajo con la comunidad. Por ejemplo, que las personas que tengan fotografías donde aparecen estas copas de agua, las puedan compartir y así crear un gran archivo social, artístico e histórico.
“Hay copas que se parecen a los muebles sónicos de la época. Creo que la copa de agua es un elemento donde a los arquitectos se les permitió ser más juguetones, donde se daba un espacio más de libertad. Cuando se elaboraban estas construcciones era una época en que la arquitectura tenía que ver con las aspiraciones de las personas, donde está el funcionamiento, por ejemplo, de la Corporación de la Vivienda (CORVI), donde el interés de una vivienda digna sobrepasaba cualquier color político. Hoy, todo se hace a través de la empresa privada”, asegura Jessica, quien no deja de registrar las copas de agua y viajar por la ciudad observando el curso de la realidad que cambia, y que ella, a veces, registra.



—¿Cómo definirías tu labor asociada a la arquitectura del agua?
—La arquitectura del agua es un término que me regaló un colega hace un tiempo cuando yo le explicaba mis objetos de observación e interés en la ciudad. Mi observación de la arquitectura del agua consiste en estos elementos como hitos en la ciudad. Son hitos de altura, son hitos de geometrías -donde las geometrías guardan política- son puntos de encuentro o de embellecimiento. Incluso en su desuso, copas de agua vacías, fuentes averiadas… Llaman mi atención porque generan otros usos: grafitis, pistas de skate, casas improvisadas para personas vulnerables… Estos espacios se rigen por las leyes propias del espacio público.






1 comentario en “Jessica Briceño Cisneros: ¿Qué hay detrás de la arquitectura del agua? ”
Muy interesante trabajo, muchas gracias por compartir contenido como este