Patricia Stambuk sobre Gabriela Mistral

Recordar a Mistral, un viaje interminable

La poeta que trajo el primer Nobel de Literatura a Latinoamérica justo hace ochenta años, sigue siendo tierra fértil para la investigación, poesía universal, inspiración para las artes y tanto más. Una vida que despierta interés y también preguntas. 

La obra de Gabriela Mistral, las ciudades que habitó, desde su natal Vicuña hasta los últimos días en Nueva York, las dificultades que debió sortear y las cosas simples que le daban alegría, la relación con Chile y la vida errante. Todo eso encontró Patricia Stambuk durante el proceso de investigación de su último libro Mi vida con Gabriela, un texto que se basa en las memorias de Gilda Pendola, la asistente de la escritora. Esa joven italiana que conoció la intimidad de la casa en Rapallo, Italia, y la acompañó durante cuatro años, una experiencia que a la vez es testimonio y permite ampliar el retrato de la escritora.

Patricia Stambuk, Premio Nacional de Periodismo 2023, jamás pensó que escribiría sobre alguien tan grande. A pesar de que sus investigaciones habían estado siempre ligadas a las mujeres y la memoria de estas, creía que con escribir sobre Violeta Parra, ya había cumplido la misión. Sin embargo, al enterarse de la existencia de una testigo de la vida privada de Gabriela Mistral, como memorialista supo que tenía un deber por preservar esa voz tan valiosa. La anécdota fue así:

La periodista participaría en una actividad del Día del Libro en un colegio de Viña del Mar. Cuando preguntó a la organización quién más iría, le comentaron que se trataba de una mujer de noventa años, quien había sido la última asistente de Mistral. Patricia después entendería que esa era una formalidad, porque Gilda Péndola fue mucho más que una asistente, la habría ayudado en primera instancia con el idioma y la adaptación en Rapallo. Después con las tareas domésticas,  enviando sus cartas, tratando con la prensa, recogiendo los trozos de papel donde escribía sus poemas, siendo testigo de su proceso escritural en una tabla de madera y lápiz mina. 

Patricia Stambuk cuenta las escenas que Gilda Pendola fue recordando para ella. Esas que anotó con delicadeza, porque sabe que abordan a una figura que despierta admiración, respeto y también curiosidad. Sabe que Gilda hurgó en su memoria para recordar esos días que marcarían su vida. La voz de la periodista parece la de una cuentacuentos que ha interpretado a la joven italiana. Ensalza la figura de Gilda para que no quede duda de que ella, como investigadora, sólo rescató sus memorias y contrastó datos. Hilvanó remembranzas para componer capas.

***

Gilda Pendola había vivido en Valparaíso cuando sus padres italianos decidieron probar suerte en Chile. Por eso fue estudiante en la Scuola Italiana, ubicada en ese entonces en avenida Francia, donde había conocido la poesía eterna de Mistral, siempre presente en los programas educativos. Luego había vuelto con su familia a Rapallo, el puerto de sus antepasados, en la riviera italiana. Siendo una joven de veinte años se enteró por el diario que Mistral llegaría a la ciudad como cónsul de Chile. Era 1950. Ella y su familia la conocían, la habían leído, les traía Chile de vuelta. Gilda, su madre y su hermana decidieron ir a recibirla al hotel donde se hospedaría. La saludaron, le llevaron picarones y ahí, Doris Dana tuvo la idea de que la joven sirviera de puente idiomático. Pero sería mucho más que eso, sería testigo de su genialidad. Viviría Gabriela Mistral y Doris Dana en Italia y Estados Unidos, postergando su propia vida, porque sabía que era una colaboración que la marcaría para siempre. 

Cuando Patricia Stambuk supo toda esa experiencia, entendió de inmediato que se trataba de una memoria viva que ella debía registrar. Sabía, desde la primera entrevista, que lo que Gilda tenía para contar sumaría a la construcción de un personaje que se ha ido decapando, como una valiosa antigüedad del que se intuye su valor, pero falta descubrir.

Las entrevistas eran largas conversaciones, buceando en los recuerdos de Gilda, los que iban brotando a medida que la periodista preguntaba. Luego los complementaba con datos en la prensa de la época. Así fue tejiendo el relato oral con el contexto histórico, registrando esos recuerdos que hablaban de una Mistral poco conocida, íntima, herida quizás.

Stambuk dice que puso el acento en las adversidades, algunas conocidas, como el abandono del padre, el bullying en el colegio, su formación autodidacta, la poesía, la diplomacia, la distancia con Chile. Su punto de vista fue el de mostrar a quien se sobrepuso a los dolores hasta llegar a lo más alto en su ámbito: el premio Nobel de Literatura que este año cumple su aniversario ochenta.

–La voz de una testigo desconocida es el gran valor de este libro –dice Patricia. 

Gilda Péndola es la voz que le permitió conocer al personaje de una forma más íntima, pudiendo tantear a una mujer compleja, que a su juicio, no se debería encasillar, ni en lo literario ni lo político ni lo amoroso, porque es más grande y compleja que todo eso.

–Etiquetarla sería reducirla –opina. 

No le parece el uso que se le ha dado a su imagen. Desde la Mistral de los stencil en plena movilización social en octubre de 2019, hasta la identificación con los movimientos por la diversidad sexual. La periodista no comulga con la idea de quedarse con una sola faceta, aunque entiende el interés por personajes tan grandes como ella. Mucho menos comparte la idea de politizar a quien ella asegura “siempre promovió la paz, sin tomar partido”. 

–Cuando la vi representada en un mural como una guerrera con tenida de combate durante el estallido social me pareció excesivo. Está bien admirarla, reconocer su sensibilidad con la justicia social, con los pobres, la infancia desvalida, los campesinos, pero presentarla con una bandera chilena teñida de negro fue desvirtuarla. El lado positivo es que quizás muchos no sabían que ella tenía esas convicciones y quizás descubrieron por primera vez que fue una vanguardista, siempre inquieta por las demandas sociales.

—¿Crees que está bien vincularla al feminismo actual si ella nunca se reconoció como feminista?

—Gabriela expresó siempre su preocupación por la situación de las mujeres en la sociedad, desde sus derechos a la educación hasta la participación en política.  Pero es evidente que, a pesar de tener vínculos indirectos con el feminismo, hablaba de ese movimiento en tercera persona, es decir, no estaba identificada con el pensamiento, no sé si en sus expresiones más radicales. Ella es una figura ejemplar como mujer, pero considero que apropiarse de su imagen para ciertos fines de reivindicación no sería en absoluto de su agrado si pudiera opinar desde el más allá.

—¿Por qué se le encasilla constantemente? 

—Las sociedades se inclinan por la simplificación, a veces con intencionalidad y otras por desconocimiento de las personas y sus obras. Ese es uno de los valores de las memorias basadas en fuentes primarias como Gilda Péndola. Vemos a un ser humano que no es justo reducir a un eslogan o valorar solo un segmento de su obra por desconocimiento del resto. Tampoco es lógico marcar un solo aspecto de su vida, siendo que fue una mujer de tantos intereses y cruzadas. 

—En relación a lo que te refieres como deuda, ¿por qué crees que solo se difundió su faceta maternal de los piececitos de Niño? 

—Porque son sus poemas más simples y fáciles de entender, aprender y recitar; también porque es  lo que aprendimos de ella en la educación escolar y sus versos se traspasaban desde las escuelas a los hogares, a las familias, a través de los niños. Además, era mujer, parecía adecuado que se refiriera a la infancia, a  los temas considerados entonces femeninos, y  no a las pasiones o convicciones de otra naturaleza.

—¿Por qué crees que recién ahora, en este apogeo de su figura, se habla de todo su aporte, de la prosa, los versos y la diplomacia? ¿Por qué tardamos tanto en estudiarla?

—Tuvo muchos adversarios, fue víctima de la envidia literaria, su alejamiento del país le dejó pocas vinculaciones y pasó mucho tiempo hasta que Chile pudo recibir y divulgar ese legado que Doris Dana resguardó y que logró mostrarnos a una poeta multifacética, siempre noble en sus actuaciones y responsable de su talento. 

—Después de esta investigación ¿cómo la describirías? ¿Cuáles serían las luces y sombras de Gabriela Mistral?

—Este libro nos muestra a Gabriela como una mujer extraordinaria que sabe que tiene un don, pero que vivió su vida y sus talentos con sencillez, humildad, buscando amor, tratando de ser feliz y de servir, preocupada siempre de la justicia social en todas sus vertientes. Una humanista cabal. Si buscamos sombras, para no idealizarla, fue a ratos inestable, cambiante, y no ocultó sus resentimientos hacia algunas personas, lo que desafortunadamente proyectó a Chile, su país, que no fue el más generoso con ella, pero le dio la posibilidad de hacer la vida errante que la nutrió y la encaminó al podio de los triunfadores.

—¿Crees que este libro hecho en base a una testigo, rompe con la idea de que solo los académicos y/o expertos pueden referirse a los grandes escritores?

—Por supuesto, los testimonios aportan mucho valor, información, luces, en todo tipo de procesos. Es para mí muy valiosa la memoria de personas sin cargos, sin títulos, sin intereses de poder, pero que han sido protagonistas o testigos de determinados hechos y pueden contribuir a enriquecer episodios de nuestra historia, sin intentar interpretarlos  en forma docta. Son fuentes primarias confiables que nos entregan relatos realistas, directos, descriptivos, que tienen gran fuerza explicativa por sí mismos. Me ha parecido que algunos historiadores contemporáneos lo han comprendido y por eso consideran esas voces para hacer más atractivos los relatos. 

—¿Consideras pertinente hablar de su vida sentimental, específicamente con Doris? ¿Qué aspectos, de los menos conocidos, crees que deberían ser objeto de mayor interés?

—Las grandes figuras de la cultura, de la historia, ya no son dueñas de sus intimidades. Como ha escrito la poeta Eliana Albala, “si tú te mueres, otros se adueñan de tu historia”. Es un hecho que hay que aceptar, pero centrarse en un solo aspecto de la vida de un personaje es empobrecer su ser y su legado. A menudo  prevalecen los intereses y el perfil de quien divulga, como si buscara a través del personaje una identificación, su propia afirmación y aceptación pública. Mistral fue y es un alma universal. Su prosa es sorprendente, reveladora, pero su poesía, aunque no es tan abundante, sigue siendo casi desconocida. 

—Finalmente, si las cartas son fuentes documentales, ¿crees que fue un acierto publicarlas?

—Son fuentes documentales abiertas, que han sido puestas a disposición de estudiosos y legos. Publicarlas pasa a ser un acto de decisión personal del autor que se interesa por hacerlo si esos documentos no han sido resguardados, pero sus cartas son muchas y sobre muy variados temas, no solo hay que fijar las miradas en aquellas interpretables desde el safismo. 

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