Ficción

Nadador

Ese día Julio Jerez bajaba el camino que llevaba a la playa cascando rabias. Había perdido casi todo el pelo así que se cuidaba la cabeza con un sombrero de origen australiano que se había regalado a sí mismo; lentes, sudadera, traje de baño y unas chalas que con el tranco descendente le pegaban en

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Patear una mariposa

PATEAR UNA MARIPOSA

–En las mañanas, cuando estoy enojada escucho Motörhead… –(…) –…cuando no alcanzo a tomar la micro y tengo que ir a la siguiente parada para tratar de alcanzarla y sé que no voy a llegar. –Yo escucho Gepe –agrega Elena, por decir algo. –¿En las mañanas? –Cuando me sale. Desde la ventana, se ven las

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Las nubes

El agua no cabía en sus ojos, se desbordaba. Si no miraba hacia abajo, desaparecían el bosque y los cerros; solo había celeste. Por eso se fue a vivir a la cueva. Ningún otro lugar ofrecía esas vistas del lago. Si le daban ganas, incluso podía ver el pueblo: era cosa de caminar unos pasos,

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Rucio

Apareció una noche en mi cama, dormimos juntos porque estábamos igual de solos. Cojeaba, así que lo llevé a la clínica. Lo operaron, lo alimenté, incluso lo bañé. Se recuperó bien y por meses nos acostamos en cucharita. Una tarde llegué del trabajo y lo encontré en la escalera vestido con corbata. ¿Quién te puso

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