Apareció una noche en mi cama, dormimos juntos porque estábamos igual de solos. Cojeaba, así que lo llevé a la clínica. Lo operaron, lo alimenté, incluso lo bañé. Se recuperó bien y por meses nos acostamos en cucharita. Una tarde llegué del trabajo y lo encontré en la escalera vestido con corbata. ¿Quién te puso eso? ¿Acaso tienes otra? No respondió, solo mordisqueó la humita hasta romperla. Entonces dejó de comer en mi cocina, dejó de esperarme en la escala. Dejó de venir, como todos los amores que han pasado por mi cama.
FOTOGRAFÍA DE DIEGO FIGUEROA – MIGRAR PHOTO PARA ABISMO.





