“El miedo está lleno de ruidos que no me dejan escuchar”
Ultrasonido en el Agua – Marcela Parra
Detrás de unas puertas metálicas en Rafael Sotomayor con Santo Domingo descansa una casa, pero podría ser un mosaico, un rompecabezas. La Casa Rota del barrio Yungay es hogar de talleres, tocatas, exposiciones y un espacio donde su comunidad se reúne. Su nombre tiene origen en un incendio el año 2020 y un intento por quienes la rodeaban de reconstruirla.
Fue de las últimas tardes de marzo donde un sobretodo era más que suficiente para hacer frente al clima. “Para despedir el verano”, dijo una vez sobre el escenario que en realidad es un sobrepiso en el parrón de la Casa Rota. Ese día vistió monocromática un traje de sastre esmeralda, unas pestañas largas en el párpado inferior y unas zapatillas blancas. Ahí, debajo de una parra, Marcela Parra (45), cantautora, artista visual y profesora temuquense, presentó su disco Neceser, financiado con el Fondo para el Fomento de la Música Nacional del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio y producido por el sello discográfico Discos PM.
Es 14 de marzo y las noches son asaltadas por el frío de un sol que se aleja del hemisferio sur. Esta noche, Marcela presentará su tercer disco entre amigos y colegas. Minutos antes de comenzar, está parada afuera del baño con un vaso plástico rojo en la mano. Lo reposa en una mesa improvisada y comienza a hacer estiramientos corporales.
Parte por pararse en las puntas de sus pies y mirar al frente extendiendo todo el torso, luego alza los brazos al cielo y mueve las muñecas. Se coloca las manos en la cintura y mueve de atrás para delante la cadera. Nota un movimiento en la perilla del baño y abandona su rutina para entrar. Al salir se ve un poco tensa, lo que arregla bebiéndose de un round el vaso de cerveza. Está lista.
***

Parte de su infancia fue en una pequeña población de Temuco llamada Santa Rosa con calles de ripio y casas de madera, y en una casa del Serviu ubicada en la Villa de Los Ríos, donde cada calle tenía el nombre de un río y en invierno la ribera del Cautín desbordado por las lluvias inundaba las calles. En esa villa, Marcela vivía en el Río Lontué, pero también existía el Río Bidenco, Río Orinoco, entre tantos distintos ríos de Latinoamérica.
Lo sintético la atrae desde pequeña. En Temuco, su padre, quien es radiotécnico de oficio, la rodeó de cintas, cables, transistores, parlantes, bobinas, tubos y muchos, pero muchos tocadiscos. Ese sonido eléctrico y magnético es parte de su nueva producción, transitando por el electro pop, nu-disco, dream pop y el spoken word, con canciones dedicadas a ocho mujeres; Artemisia Gentileschi (“Muévemelo máh”), Semiha Berksoy (“Las Patas del mundo”), Laura Rodig (“Laralaura”), Ana Gallardo (“Cantar bien”), Paula Rego (“La Venus de los Golpes”), Alice Guy (“El fruto de la higuera”), Inés Paulino (“Autorretrato sin terminar”) y Remedios Varo (“Homo Rodans”), todas artistas de diferentes siglos. Algo que Marcela llama “un homenaje a lo vivo en la trayectoria de cada una de ellas”.
Lo visual en sus obras guarda origen en Ojo con el Arte, un programa de difusión cultural de Televisión Nacional (TVN) dirigido por el pintor y grabador chileno Nemesio Antúnez, que mantuvo a Marcela fascinada durante su primera década de vida, y que fue por lo demás, responsable de su fascinación por el surrealismo.
El peso de ser poeta es tal como el de apellidarse Parra. Alguna vez, mientras vivía en España, alguien medio ebrio se le acercó y le dijo “ustedes los Parra qué se creen”, también en una ocasión una persona le pidió el contacto de su “abuelo” Nicanor. Lo cierto es que Marcela es Parra, pero no de esos Parra. Y a pesar de que el apellido es originario de Castilla, en todo el mundo es reconocido como de gran trayectoria y altura chilena. Con próceres como Violeta, Nicanor, Javiera, Eduardo, Juanita, entre tantos otros.
Ha recibido galardones como el Premio de Poesía Enrique Lihn en el Concurso Nacional de Arte y Poesía Joven de la Universidad de Valparaíso, y becas como la de Creación Literaria de la Fundación Pablo Neruda y del Consejo Nacional del Libro y la Lectura. Publicó su primer libro de poesía Silabario mancha en 2008 que reeditó en 2012, siendo reconocido como “una voz que rasga una poética” y analizado para artículos académicos. En 2011 se aventuró por Ambulancia y en 2019 escribió Vacaciones Domésticas.

–¿Qué cosas o situaciones te llevan a “fotografiar” el momento y te inspiran a crear?
–A veces son pensamientos o recuerdos de momentos que quedan marcados en mi memoria, pero luego con el tiempo van tomando otras formas, se van configurando, van pasando por tu interior, se mezclan con tu biografía y todo eso genera devolverle la mano a la vida con algo transformado por ti. Creo que eso me pasa interiormente.
Observar es su fuente de inspiración más grande. La naturaleza, para la cual fue criada para amar y cuidar, la mueve. De la misma manera lo hacen otras personas; poetas, artistas, escultoras, fotógrafas, cantantes, pintoras, escritoras; la mayoría mujeres. Pero hay una razón puntual detrás del click de ella con ciertas obras:
–Creo que en todas las artistas que elegí –para el disco– hay un asombro de mi parte por su obra como muy grande, y no es como solamente una selección, por ejemplo, de personas por distintos motivos, lo cuál es válido, pero en este caso yo elegí artistas que me conmovían mucho– cuenta.
–Cuando te dispones a crear, ¿eres todas al mismo tiempo o tienes distintas versiones de ti para cada arte? ¿Cómo convives contigo misma en el sentido artístico?
–Me muevo en un círculo de muchas personas interdisciplinarias. Es bien particular, cada persona es distinta… Yo siempre me he dedicado a cosas creativas desde bien chiquitita, pero creo que tengo una forma de creatividad que es bien concreta igual. Siento que hay como un mito en torno a la creatividad sobre lo espontáneo, la mezcla o el caos, pero yo soy más del orden, pero me pasa mucho que mientras hago un arte, siento que en el fondo de rebote estoy haciendo otro.
Si bien dice ponerle pausa a un tipo de arte al crear otro y así descansar “de sí misma”, uno de sus libros de poesía, Ambulancia, explora diferentes artes de su propia obra con dibujos e ilustraciones. Algo similar ocurre con Neceser, donde su fuente de inspiración son artistas visuales que curiosamente también comparten el tránsito por lo multifacético; como Semiha Berksoy, cantante lírica, pintora, escultora, actriz, diseñadora de vestuario y artista de performance de origen turco; o Laura Rodig, pintora, escultora, ilustradora y educadora chilena, quien además ayudó a formar la Asociación Chilena de Pintores y Escultores.
“Para ser bueno, debes fortalecer tu identidad”. Eso es lo que le dice Marcela a sus estudiantes, “porque si nos sobreidentificamos con lo que sucede en el entorno, nos podemos perder”. Desde hace nueve meses trabaja como profesora de la Universidad Alberto Hurtado, también fue docente de la carrera de pedagogía en la Universidad Academia Humanismo Cristiano y en la Universidad Central.
Durante cinco meses, entre marzo y julio de 2014 fue tallerista de Creación Literaria y Musical de Balmaceda Arte Joven. Ese mismo año también fue docente de educación contínua del Consejo Nacional de las Culturas y las Artes en Coquimbo. Doce meses después estaba en Santiago para ser jurado del premio Jóvenes Talentos. Luego, en 2017 volvió a ser parte de Balmaceda Arte Joven y jurado del Premio.
Desde 2023 es miembro del directorio de Lumbre, un espacio dedicado a la planificación y gestión de programas y jornadas educativas relacionadas a las artes, con talleres y visitas guiadas al Palacio Pereira, donde actualmente es mediadora.
***

Mientras estudiaba en el Liceo A-28 de Temuco, curiosamente el mismo donde estudió alguna vez Pablo Neruda, fue cuando puso en práctica todo lo acumulado durante su niñez; la sonoridad y el arte. La música fue parte de su etapa adolescente con Amapolas Fritas, su primera banda, pero de punk.
No sabe con certeza, pero quizás fue la música la que le ayudó a combatir su timidez. Desde pequeña siempre fue muy solitaria, disfrutaba de pintar, dibujar, jugar y crear en soledad, por lo que una vez alcanzada la adolescencia ese halo solo se hizo más profundo. A los 16 años le costaba todavía mirar a las personas a los ojos, por lo que decidió ponerse en jaque a sí misma.
–La primera vez que tocamos en Temuco fue en un colegio montessori que hacía tocatas los fines de semana. Esa primera subida al escenario fue como un impacto supergrande. Me equivoqué un montón porque estaba supernerviosa.
Tiempo después vino Lapsus Dei y Wakeñche, dos de las cuatro bandas en las que estuvo Marcela.
Coetánea a artistas como Alex Andwanter, Chinoy y Pascuala Ilabaca, su desarrollo artístico emergió admirando a cantantes chilenas como Dadalú, Paskurana y Javiera Mena. También bandas como Sigur Rós. Su primer álbum fue Astronautas en la Playa, presentado cuatro años antes de su segundo disco titulado El sonido No Coincide Con la Imagen. En 2021 publicó un sencillo junto a María Salgado y dos años después publicó su primera canción junto a la Orquesta de los Poetas llamada “Dos de Noviembre”, mismo año de “El Fantasma de la Ventana” en colaboración con Danny Urenda. Un año más tarde volvería a trabajar con Urenda y lanzar “Cambiando de Casa”.
Cuando decidió migrar por primera vez lo hizo a Valparaíso. Luego de egresar de la enseñanza media en su natal, optó por estudiar arte. Ella, quien de tres hermanas es la menor, fue la más protegida durante su crecimiento. Mientras que a Alejandra, quien más tarde estudiaría arquitectura, y a Patricia, quien se convertiría en activista medioambiental y ciudadana del mundo, las dejaban en mayor libertad, Marcela nunca gozó mucho de eso.
–Ser hija menor es como una mezcla, yo creo, entre protección y autoritarismo. Pero también, por otro lado, no me dejaban mucho espacio para la independencia.
Quizás fue a modo de rebeldía que se desprendió del nido a los 23 años, cuando emigró a la quinta región para estudiar Licenciatura en Artes Visuales. Fue la primera de las tres hermanas en estudiar en otra ciudad y luego se convirtió en la primera de la familia en estudiar en el extranjero.
Al egresar de la Universidad de Playa Ancha, Marcela quería crear, pero una parte de ella sentía que necesitaba estudiar un poco más para poder subsistir y perfeccionar su trabajo. El doctorado llegó a su vida en 2009 casi que por error. Su primera opción era estudiar un magíster en la Universidad Complutense de Madrid, pero se equivocó en los plazos y por alguna razón terminó postulando al doctorado y quedó. Primero sacó el diplomado que le antecede al máximo grado y luego, en 2016, egresó finalmente como doctora en Creatividad Aplicada. En total, estuvo alrededor de siete años en España y fundó su cuarta banda de rock, Clarence.
Así fue como otra vez dejó Temuco.“Fue una reacción a ese autoritarismo amoroso de mis papás. Fue una manera de despegarme de eso y de mostrarme a mí misma, y quizás a otras personas, que yo podía ser independiente, pararme sola y que no me iba a pasar nada”. Pero sí le pasaron cosas estando allá.
–Desde ese viaje, siento que nunca más nada es obvio.
Al llegar, alcanzó a estar solo una semana con sus compañeros de piso, después de eso, estuvo sola durante tres meses en completo silencio. Debido a que arribó en temporada de vacaciones y todos sus roomates eran de las afueras de Madrid, la soledad fue su compañía hasta el inicio del año curricular.
Para mitigar la soledad, Marcela iba muy seguido al supermercado.
–Allí había una cajera que me hablaba, así fue como empecé a sentir la necesidad de ir todas las semanas para hablar con ella. Entonces iba, compraba, pasaba por esa caja, la saludaba y ella me saludaba de vuelta… Eso me aliviaba un poco.
Cuando comenzó el semestre universitario, pudo notar que existían diferencias muy evidentes entre ella y el resto. Por una parte estaban los migrantes y latinos, por la otra estaban los extranjeros o europeos.
–Era super extraño, porque en clases, cuando se hablaba de migración, todos me miraban a mí. Yo decía: “¿Por qué no miran también a mi compañera de Portugal que vino a estudiar igual que yo con una beca?”, porque ella es extranjera y yo soy inmigrante, soy latina.

El 15 de mayo de 2011 ocurrió en España lo que en Chile conocemos como 18-O. Las voces de la Puerta del Sol entonaron ese día contra el sistema político de manera transversal. “¡No somos mercancía de políticos ni de banqueros!”, se escuchaba en las calles de Madrid, pero también en las plazas de todo el país. A esa España migró Marcela, rodeada de policías en las calles.
–Un día hubo una toma en la plaza central de Madrid, en la plaza Puerta del Sol, por una golpiza que los pacos le propinaron a unas manifestantes y después se empezó a armar un campamento. Yo me quedé ahí desde un principio con mi pololo, que era español y compañero en el doctorado. Luego empezó a crecer y crecer… En ese momento también estaba como toda la intifada.
De los cuatro meses que duró la toma, Marcela estuvo cinco semanas.
Cuando se retiró del lugar y volvió al edificio antiguo que estaba cerca del centro de Madrid, la violencia, de alguna forma, la rodeó.
Abajo de donde ella vivía había un convento de monjas. Jamás se habría imaginado que iban a ser parte de esta historia, pero lo fueron. Todos sabían que la represión era tan brutal que le partían a lumazos la cabeza a los jóvenes hasta dejarlos inconscientes o prácticamente incapaces de reaccionar. Las monjas, lejos de ser indiferentes, una noche salvaron a más de una decena de manifestantes.
–Entonces miré para abajo y vi que el convento de la esquina abrió sus puertas para dejar entrar a todos los que estaban escapando de los pacos. Los guardaron ahí con las luces apagadas y yo veía a los helicópteros pasar y alumbrar a la altura de mi departamento.
***
Al subir al sobrepiso la acompaña su laptop, su sintetizador y un baterista. Comienza probando el micrófono y las cajas, arrastrando como campo magnético al público. Ahora todos callan y esperan en la Casa Rota. Marcela introduce al público reunido frente a ella a las artistas que fueron parte de la producción del disco; Ana Lea-Plaza fue responsable de la portada de su disco y Bianca Acuña la encargada del diseño. También habla de las artistas chilenas: Ninfa María, Laura González y Bárbara Arsenia, quienes realizaron los videoclips de Las patas del mundo y Laralaura, dos de las ocho canciones que componen el álbum.
Y así comienza el show.
“Cuando el nombre Laura comenzó a desaparecer…”, canta “Laralaura” moviendo las manos circularmente. Mira el cielo, mira al público “…detrás de un ruido blanco”, apunta con los pulgares a su espalda. Poco a poco comienza a sonreír y alcanza el coro: “Laralara laralara Laura”.
Esa noche Marcela no estuvo sola, y lo sabía. Esa última tarde de verano la acompañaron la visualidad de las artistas que crearon los frames con sus pinturas, sus amigas diseñadoras vendiendo las totebags con la portada del disco y el cd de Neceser; su familia, colegas, las ocho mujeres que inspiraron su obra y pequeñas uvas de una gran Parra esperando la cosecha.






