La ilustración de Pato Vera muestra a Pedro Lemebel entre sus libros. Ilustra el texto "¿Dónde está Pedro Lemebel?"

¿Dónde está Pedro Lemebel? 

A una década de la muerte de Pedro Lemebel sus letras se han ido convirtiendo en fantasmas: es prácticamente imposible encontrar hoy, en las librerías de Chile, sus obras. A pesar de que este año su nombre ha resonado con fuerza con lanzamientos de libros que han vuelto hablar de él y de su escritura proletaria y fundamental. Narraciones de su figura siempre rupturista que se refieren a Pedro en tercera persona, usando entrevistas o recopilaciones de historias de amigos o conocidos.  Lemebel está, pero son sus crónicas las que penan en las librerías nacionales. 

La trama

De perlas y cicatrices, La esquina es mi corazón o Loco afán, no están. Se dejaron de publicar. Pero no por un capricho editorial o malas ventas. 

La trama de la ausencia literaria de Lemebel se debe a la sucesión. Simplificando el relato, no hubo un testamento por tanto fue su hermano Jorge Mardones, vía parentesco, el heredero del mundo de Pedro: propiedades, derechos editoriales y etcétera. El 2021 el Covid se llevó a Jorge. Sus hijos –Daniela y Jorge Andrés- y su esposa quedaron a cargo de la herencia de los hermanos. Pero no eran los únicos herederos, Geraldine, hija de Jorge de una relación extra matrimonial, apareció en escena. 

Independiente de las razones, opiniones o el por qué, los herederos no se pusieron de acuerdo en el proceso del reparto. El problema se llevó a instancias judiciales. Eso provocó que desde el 2021 la reedición de varios libros de Lemebel quedase en un limbo. Editorial Planeta y la Universidad Diego Portales no tuvieron con quién acordar la aparición de nuevos libros, se fueron agotando los que estaban en las estanterías y hoy, difícilmente hay alguno. Incluso en San Diego con los piratas. Si los hay están caros y los que hay en sitios de internet rebasan los 30 mil pesos. 

“Eso de escritor de culto, es una hueá. Yo ando por las calles, viajo en colectivo, me confundo con los olores y sabores de mi pueblo”, le contaba a la periodista Catalina Mena para el libro Pedro Lemebel (2019).  Catalina recuerda que en Pedro vivía una contradicción entre la fama y el reconocimiento: “Él siempre decía ‘me encanta que mis libros estén pirateados en la cuneta y que valgan tres pesos’, porque era como la Violeta Parra, era un gallo al que le importaba eso, y era contradictorio, porque también le gustaba el poder, también quería ser exitoso”. 

El 2025 encuentra a Lemebel lejano a su raigambre popular. El precio e inaccesibilidad lo colocan como un artículo de lujo, nada menos parecido a todo lo que fue Pedro: comunista, provocativo, homosexual y callejero. Hoy es más fácil y barato comprar una polera con su rostro que un libro. 

La negociación

“Nuestros muertos están cada día más vivos, cada día más jóvenes, cada día más frescos, como si rejuvenecieran siempre en un eco subterráneo que los canta, en una canción de amor que los renace, en un temblor de abrazos y sudor de manos, donde no se seca la humedad porfiada de su recuerdo». 

Pedro Lemebel, De perlas y cicatrices.

La conversación con Sergio Parra se detiene solo cuando los sonidos de las sirenas de una ambulancia inundan la calle de José Miguel de la Barra. Cigarro en mano, toma aire y continúa hablando de Pedro en presente. “Tenemos 40 años de amistad”, sostiene.

Sergio, aparte de ser amigo de Lemebel, es, desde hace décadas, el dueño de la mítica librería Metales Pesados. “Vendí el último libro de Pedro hace ocho meses”, cuenta. “Él nunca pensó en morirse, por eso no dejó testamento o algo así. Nunca. La gente cuando es famosa en vida, cree que no se va a morir. Cuando mueren, no se mueren. Pasa eso. Muy curioso. Al Pedro le costó morir más rápido en su cáncer porque era famoso. Porque el ego no lo soltaba”, reflexiona. 

Recuerda que con Pedro hablaban mucho de los contratos que hacía con editoriales y medios de comunicación.  “Siempre negociaba. Pedro vivía de sus derechos, no los regalaba. Ni sus crónicas, ni sus libros. Pedro no entregó su escritura gratuitamente, porque era la que le daba para vivir. Que piratearan el libro le da lo mismo, porque ya le habían pagado las cosas a él”, dice Sergio.

Cercano a la interna familiar entre los hijos de Jorge, el hermano de Lemebel, indica a que son temas que afectan otras fibras y que los libros de Pedro quedaron como una especie de anexo a lo que sucedió con la herencia de su hermano. Como una especie de rebote del que ahora deben hacerse cargo. “El litigio es por la herencia de Jorge y ella estaba el legado de Pedro”, resume. Ante la pregunta de si hay derecho en que generaciones se queden si estos libros por un tema familiar, Sergio se ríe burlón. Cree que no hay que romantizar con este fantasma. Que ya casi nadie lee.

“Pedro era una gran literatura. Es un gran, gran escritor. De la puta madre. Pero también la homosexualidad y todo esto era más restringido ahora de su época. Ahora los chicos andan de la mano y no leen. No porque haya chicos homosexuales que leen, no. El hetero no lee, ni el homosexual ni la lesbiana. Ahora en Instagram tiene 20 mil o 10 weones disfrazados haciendo un show… Estamos hablando como de la prehistoria. Estamos hablando de un escritor extraordinario, pero vintage.  Los derechos de sus obras se vencieron y hay que negociar con editoriales. Mientras en los contratos no estuvieran todos los herederos, no se podía publicar”. 

¿Ese “podía” se refiere a que ya se puede? “Averigua, periodista”, contesta Sergio con una sonrisa canchera. 

Patrimonio nacional

“Yo quiero estar ahí, en la calle, en la vereda, pirateado por el comercio clandestino, al alcance de la mano donde mi pueblo me quiera coger. Pertenezco a mi social popular y copular”. 

Pedro Lemebel entrevistado por John Templanza Better.

¿Cómo una obra que se considera prácticamente un patrimonio nacional puede terminar congelada en un océano judicial que imposibilite su distribución o conocimiento? 

“Esto sucede mucho porque la mayoría de los artistas viven en un entorno más bien cultural y preocupados del presente y no buscan solo un beneficio económico. Por ello no hacen testamento, no establecen a alguien que esté a cargo de su sucesión o no hacen una fundación para seguir adelante con su legado”, explica la abogada Catalina Olivos, especialista en temas de propiedad intelectual. La profesional trabajó nueve años en la INAPI e hizo una maestría en Francia sobre esta materia. Sabe de estos temas que han sido protagonistas de los legados de otros grandes artistas en el país: Gabriela Mistral, Violeta y Nicanor Parra o el fotógrafo Sergio Larraín. 

Explica que cuando no se pone en manifiesto lo que el autor quiere que suceda con su obra o quiénes serán sus herederos después de muerto, hay problemas. “Lemebel que no dejó un testamento, van a heredar las personas que corresponden por la ley común y corriente. Y eso es tu sucesión. En este caso fue su hermano y que luego falleció. Y entonces ahora es de la familia del hermano”. Lo que dejó Jorge se divide entre su esposa y los tres hijos. Se convierten, quieran o no, en socios que solo pueden funcionar por unanimidad. “Ellos no están heredando solo una casa, por ejemplo, heredan también un legado cultural”, afirma.

Del tesoro que puede significar tener ingresos por la obra de un pariente al infierno que puede ser manejarlo, hay un pequeño paso. Más en autores prolíficos como Pedro Lemebel que experimentó en múltiples formatos y colaboró con otros autores. Catalina dice que “el derecho de autor es un gran lío. Y más encima nuestra ley creo que es compleja. No es realmente clara, por una parte, y no está actualizada a lo que sucede hoy en día. Es súper antigua”.  

Resistencia

“El arte es lo que resiste: resiste a la muerte, a la servidumbre, a la infamia, a la vergüenza”.

Gilles Deleuze.

Incluso si pensáramos que los herederos nunca se ponen de acuerdo, o se vuelven a pelear, o deciden que nunca más publicaran, o mueren y quedan sus hijos con los derechos haciendo cada vez más complejo el panorama, la posibilidad de la liberación de los derechos de autor de Lemebel en 70 años más –el 2085-  transformándolas en un patrimonio Cultural Común es medianamente cierta. Pero ello no asegura tampoco su circulación. “Lo que hace es permitir que cualquiera pueda publicar una obra, pero como no todos tenemos imprentas, la decisión de hacerlo circular o no sigue estando en manos de las editoriales, las distribuidoras, las librerías, etc. Hay, de hecho, grandes obras liberadas de derecho que siguen siendo inaccesibles como es el caso de Augusto d’Halmar, Magallanes Moure o Gómez Rojas”, cuenta el doctor en filosofía Luis Felipe Alarcón. 

Este investigador especializado en relación entre literatura, política y filosofía, considera lamentable que la obra de Lemebel no circule en las librerías pero que ello no ha disminuido su arraigo de clase. “Tal vez romantizar la miseria o heroizar la clandestinidad, pero creo que Lemebel se sigue jugando en lo popular: en los libros prestados, sacados de bibliotecas, comprados en la cuneta, descargados de internet, un poco al margen de las querellas entre familiares y editoriales, con todo lo justas o importantes que puedan ser”, recalca.

Alarcón cree importante distinguir el acceso a las obras de Lemebel de la posibilidad de adquirir libros. Los textos viven en bibliotecas municipales, en proyectos como Memoria Chilena y o en la Biblioteca Nacional, asegurando su acceso de manera legal. Pero, Lo que no se puede, o se puede cada vez menos, es comprar sus libros. “El Estado puede asumir el rol de poner a disposición del público obras a bajo costo y con gran tiraje, como Quimantú lo hizo en los setenta. No solo es imaginable entonces, sino que se ha hecho y podemos volver a hacerlo. Ciertamente la mayor circulación de sus libros ayudaría a redescubrir a Lemebel”, asegura el académico.

***

Como si su existencia no hubiese sido dura, la muerte de Pedro Lemebel también ha transitado a la contra. Como si fuese un porfiado salmón que no acepta la corriente adversa, como un alma en pena que busca su lugar aún en el más allá, su enorme patrimonio artístico aún está en veremos.

Geraldine Mardones, la última sobrina en aparecer en escena de Lemebel, le contó a Abismo que el juicio había terminado y que esperaba, prontamente, que los libros de su tío volvieran a publicarse. Indicó que no podía referirse al tema por un contrato de confidencialidad. Intentamos hablar con la editorial Planeta para saber si ya había fecha, acuerdo o autorización, pero hasta el momento del cierre de estas líneas, no hubo respuesta. Luego de una década el fantasma criado al costado del Zanjón de la Aguada sigue acá y aún no descansa en paz.

ILUSTRACIÓN DE PATO VERA.

2 comentarios en “¿Dónde está Pedro Lemebel? ”

  1. Excelente reportaje, espero se solucione todo y podamos seguir gozando la magia de su escritura a precios razonables.
    Leí mucho de él y no tengo libro alguno en mi poder.lo lamento mucho.

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