La imagen muestra a una mujer siendo apuntada por los medios de comunicación y distintas manos. Es una ilustración de Pato Vera del texto "Ella se lo buscó": La narrativa que daña.

“Ella se lo buscó”: La narrativa que daña

En Chile, la cobertura de los femicidios se encuentra entre la delgada línea de informar y deshumanizar: titulares que justifican al agresor, palabras que revictimizan y un discurso público que las hace responsables de su propia tragedia de violencia de género. Las cifras hablan por sí solas: en 2022, 56 fueron víctimas de femicidio, y Macarena F. pudo haber sido la número 57. Este reportaje ahonda en su historia y en el complejo panorama nacional en materias de derechos humanos de las mujeres.

Macarena F. (33) se había casado con un hombre que cumplía con todos sus estándares de éxito: ingeniero, dueño de casa en un barrio acomodado, el auto del año y un estilo de vida envidiable. Juntos tenían tres hijos, todo parecía perfecto. “Mi esposa es inteligente, habla inglés y es bonita”, presumía Matías con sus amigos. Su matrimonio era, al menos a simple vista, ideal. “Te tienen viviendo como reina”, le dijeron alguna vez a Macarena. ¿Cómo su relación pudo terminar en un intento de femicidio?

El 31 de julio de 2022, Matías abandonó la casa donde vivían con sus hijos, oficializando la separación. Dos meses y doce días después, el 12 de octubre, él fue a recoger a los niños como parte de la visita pactada. Al verlo descontrolado, Macarena quiso bajar a sus hijos del auto, pero solo pudo bajar a su hija mayor.

Preocupada por la seguridad de sus otros dos hijos, se paró frente al auto exigiendo que los sacara. Fue entonces cuando él avanzó con el vehículo, arrastrándola cerca de 15 metros. Macarena intentó comunicarse con Carabineros, pero no atendieron el llamado. “Lo único que me acordé es que había leído que el fono de violencia mujer es el 1455, llamé a ese número y ahí enviaron a Carabineros a mi casa”, cuenta.

Dos horas después, llegaron. Le preguntaron si tenía sangre o algún corte, pero como no tenía lesiones visibles lo consideraron violencia psicológica. No conforme con esto, se acercó a una comisaría a constatar lesiones. Fue recién al ver los moretones en sus piernas que las autoridades catalogaron el hecho como un delito.

El sistema judicial determinó que su caso correspondía a “lesiones menos graves en contexto de violencia intrafamiliar”, pero Macarena no tiene dudas de que fue un intento de femicidio. En ese momento, se preguntó qué es lo necesario para que sea considerado femicidio frustrado: “¿tendría que haberme quebrado un hueso? ¿él tendría que haber dicho: te voy a matar? Él sí quería hacerlo. Sabía lo que hacía”.

Su caso no es un hecho aislado. En Chile, cada día una mujer es víctima de un intento de femicidio, según datos de Fiscalía. A nivel global, una de cada tres mujeres experimenta violencia física o sexual, principalmente a manos de su pareja.

Cuando Macarena denunció, el primer cuestionamiento que le hicieron fue “¿y por qué no lo hizo antes?”. Según ella, exestudiante de Periodismo, en la televisión y en los diarios, las autoridades dicen que se les prestará apoyo a las víctimas, sin embargo, es una realidad que no se practica. “Es muy bonito en el discurso, te hace sentir segura cuando no lo has vivido, pero cuando llegas a la práctica y denuncias, es un proceso mucho más vulnerador que incluso los mismos actos de violencia”, comenta.

También recuerda lo que le dijo el encargado de realizar el peritaje para acreditar los hechos de violencia: “A ti te veo muy entera”. A su juicio, lo denunciado era innegable, pero ella no tenía el perfil de víctima sumisa y quebrada que acostumbraban a ver.

Saca la misoginia de tu línea editorial

En 2017, el programa Bienvenidos de Canal 13 expuso el informe ginecológico de Nabila Rifo, lo que significó una multa de 500 UTM al canal y más de 1.100 denuncias ante el Consejo Nacional de Televisión (CNTV).

De manera similar, Fernanda Maciel también fue objeto de revictimización mediática. Un reportaje de 24 Horas Central en 2019 la describió como una persona con “relaciones afectivas inestables” y un “consumo problemático de alcohol y drogas”, lo que resultó en 1.901 denuncias ante el organismo fiscalizador.

Los titulares de La Cuarta son otro ejemplo de cómo los medios trivializan los femicidios. El diario ha retratado estos crímenes como “resultados del amor”, de “pasiones incontenibles” y “sentimientos desbordados”. En 2015, La Cuarta tituló “Hizo anticucho a la polola” para referirse a un intento de femicidio, y en 2016, “El amor y los celos la mataron”. Frases como “Estranguló a su esposa por celos” o “Enfurecido porque su conviviente lo había abandonado, la mató de un escopetazo” también muestran cómo el lenguaje mediático tiende a justificar las acciones del agresor.

Desde La Rebelión del Cuerpo, que busca erradicar la violencia simbólica hacia las mujeres, destacan que la manera en que la prensa aborda estos delitos normaliza la violencia hacia las mujeres. Para el colectivo feminista, muchas veces los medios presentan estos crímenes como un espectáculo, “se habla de la víctima como si hubiera muerto, omitiendo el hecho de que fue asesinada, y rara vez se menciona al agresor, lo que niega la problemática de fondo, no se cuestiona qué sucede en nuestra sociedad para que algunos hombres se sientan con el derecho de arrebatar la vida de estas mujeres”.

Según Isadora Castillo Chaud, antropóloga y vocera de la Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres, los medios refuerzan la desigualdad de género. Y además, en su rol multiplicador, “le comunican a las mujeres que su vida no importa, que sus cuerpos no importan, porque eso es lo que muestra la televisión”.

Cuando Macarena denunció, el primer cuestionamiento que le hicieron fue “¿y por qué no lo hizo antes?”.

“Si no tenemos coberturas responsables, siempre vamos a poner la responsabilidad de que alguien se buscó el ser asesinada, el femicidio o la violencia, en sus distintas expresiones, es que alguien se lo buscó”, enfatizó Fabiola Gutiérrez, integrante de la Red de Periodistas Feministas.

En los tres países más grandes de la región, México, Brasil y Argentina, los patrones se repiten: la falta de contexto es recurrente, los crímenes se muestran como casos aislados, se omiten historias de violencia previa y el lenguaje tiende a justificar al agresor, omitiendo además el uso de la palabra femicidio. 

A nivel internacional, España es el país europeo donde más casos de violencia contra la mujer se declaran haber visto u oído en el último año. Y a pesar de estar en otro continente, los desafíos son similares a los de Chile. Durante años, la violencia de género se consideraba un asunto de pareja, por lo mismo no existía una cobertura mediática sobre el tema. Sin embargo, en 1997 el testimonio televisivo de Ana Orantes sobre el maltrato que recibió por parte de su marido durante 40 años cambió la narrativa. Trece días después, él la asesinó. Este testimonio rompió el silencio de los medios de comunicación, que comenzaron a realizar una mayor cobertura informativa hacia los casos de violencia contra la mujer.

Formación periodística: sin género ni derechos humanos

Ignacia Godoy ha dedicado los últimos cinco años de su vida a investigar la violencia de género a través de la literatura y la reflexión crítica sobre los medios de comunicación. La periodista y escritora comenta que la culpa no recae únicamente en la falta de ética de los comunicadores, sino en la formación deficiente que existe sobre perspectiva de género.

Pero en Chile, la formación académica de las y los periodistas revela una carencia estructural. Aunque en muchas universidades se imparte formación ética, los enfoques de género siguen siendo una asignatura pendiente. La mayoría de las mallas curriculares no incluyen estas temáticas, lo que limita las herramientas que futuros periodistas tienen para tratar adecuadamente la violencia de género y casos de femicidios.

Meritxell Freixas, corresponsal en Chile para la Agencia EFE y docente de Periodismo en la Universidad de Santiago de Chile, considera que “como sociedad no estábamos mirando esto”, aludiendo a cómo el enfoque de género ha sido históricamente relegado. Freixas argumenta que, aunque movimientos como el estallido social en 2019 y el fortalecimiento del feminismo han impulsado cambios en los últimos años, la mirada de género en las mallas curriculares sigue siendo una deuda pendiente.

En un análisis realizado para este reportaje a partir del ranking 2024 de las 25 mejores universidades de Chile según la consultora británica QS, se observa una notable carencia de formación en perspectiva de género, derechos humanos, y de formación ética y judicial dentro de las mallas curriculares de Periodismo.

De las 25 universidades, 19 ofrecen esta carrera, de las cuales sólo una incluye el enfoque de género como parte de sus asignaturas obligatorias. Si bien todas, excepto una, incluyen asignaturas relacionadas con ética, la inclusión de las temáticas orientadas al género sigue siendo limitada.

Imparte PeriodismoÉticaGéneroDD.HH.Legislativo
Pontificia U. Católica de ChileSíSíNoNoNo
U. de ChileSíSíNoNoNo
U. de SantiagoSíSíNoNoNo
U. Adolfo IbáñezSíSíNoNoNo
U. de ConcepciónSíSíNoNoNo
Pontificia U. Católica de ValparaísoSíSíNoNoSí
U. Técnica Federico Santa MaríaNo––––
U. Diego PortalesSíSíNoNoSí
U. de los AndesSíSíNoNoNo
U. Andrés BelloSíSíNoNoNo
U. Austral de ChileSíNoNoNoNo
U. de TalcaNo––––
U. Alberto HurtadoSíSíNoNoNo
U. Bernardo O’HigginsSíSíNoNoSí
U. Católica de TemucoNo––––
U. Católica del NorteSíSíNoNoNo
U. de la FronteraSíSíSíNoSí
U. de ValparaísoNo––––
U. del Bío BíoNo––––
U. del DesarrolloSíSíNoNoNo
U. AutónomaSíSíNoNoSí
U. Católica de la Santísima ConcepciónSíSíNoSíNo
U. CentralSíSíNoNoNo
U. de La SerenaSíSíNoNoSí
U. de TarapacáNo––––

*Tabla realizada a partir de un análisis propio

**Solo se consideró el plan de estudios obligatorio de programas diurnos. No fueron consideradas las asignaturas optativas o electivas.

Fabiola Gutiérrez enfatiza en la necesidad de una formación integral: “Las Escuelas de Periodismo deben tener mallas curriculares que tengan a la vista el tema de los derechos humanos y la perspectiva de género”.

También es necesaria una sensibilización que permita comprender por qué estas herramientas son necesarias para el ejercicio periodístico.

Desde La Rebelión del Cuerpo plantean que “debemos entender que la violencia de género es un problema social. Por esto, es fundamental la ética y el respeto en la cobertura de estos delitos. Los periodistas, comunicadores, y también los actores del poder judicial, deben tener formación con perspectiva de género”.

Pero, de las 19 universidades que imparten Periodismo, solo seis incluyen formación legislativa o judicial en sus mallas, y de estas, ninguna está dentro de las cinco mejores. Según Javier Gallegos, abogado del CNTV, una de las problemáticas más comunes entre periodistas a la hora de abordar temas legales, es la confusión de conceptos básicos. “Se malentiende lo que significa la calidad de imputado en un proceso penal. Muchos titulares sugieren un nivel de responsabilidad que no existe, lo cual afecta la percepción ciudadana del debido proceso”, señala.

Otro punto preocupante en el abordaje de los casos de femicidio es la falta de representación femenina como fuentes expertas. En muchos casos predomina la presencia de hombres, lo que impacta en la manera en que se informa sobre estos temas.

Desde la Red de Periodistas Feministas destacan que uno de los desafíos en las coberturas mediáticas sobre violencia de género es incluir la visión de los hombres, ya que es importante que ellos se sientan parte del problema. Sin embargo, no basta con tener paneles integrados solo por voces masculinas, especialmente cuando hay comunicadoras expertas que pueden aportar análisis sobre las coberturas mediáticas, los femicidios y las legislaciones vigentes en Chile.

Isadora Castillo señala que las mujeres suelen aparecer en los medios principalmente en contextos de violencia, pero rara vez como especialistas o panelistas. “Eso también es interesante: reflexionar sobre cuál es el rol que las mujeres desempeñamos en los medios de comunicación”, recalca.

Así lo demuestra un análisis de noticias realizado para este reportaje, según el cual en siete transmisiones solo hubo una equidad en las fuentes expertas, consultando a hombre y mujeres por igual. Asimismo, se evidencia la omisión del término «femicidio» al referirse a estos casos.

Castillo enfatiza en la importancia de repensar el rol de las mujeres en los medios, más allá de ser representadas únicamente como víctimas. “También podemos ser expertas, dar nuestra opinión y participar activamente en esos espacios”, afirma.

CANALTÍTULO DE LA NOTICIATIPO DE FUENTE CONSULTADAUSO DE LA PALABRA FEMICIDIO
TVNLos polémicos dichos de Rosita Alvarado hacia Nabila Rifo | Muy buenos días | Buenos días a todos–Sí
Canal 131 hombre
La RedEl mensaje de una cercana a Fernanda Maciel que describe su estado emocional antes de extraviarse1 hombreNo
TVNLos reveladores detalles de la relación de Fernanda Maciel y Luis PetersenSe incluyen testimonios de familiares y amigosNo
La RedLa tesis pasional de Pettersen sobre Fernanda Maciel que analizamos en Hola Chile3 hombresNo
TVNAsí habría sido la muerte de Fernanda Maciel: Rojas habría intentado violarla | 24 Horas TVN Chile2 mujeres y 2 hombredNo
Canal 13Periodista de Canal 13 se refiere a Antonia Barra como una «loquilla» en despacho en vivo–No

*Tabla realizada a partir de un análisis propio

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“El día que nos casamos, me dijo ‘tú no te debiste casar conmigo, porque yo no sé ser feliz’. Yo estaba embarazada. Quedé helada”. 

Macarena recuerda que conoció a Matías en un momento difícil de su vida. Había dejado la carrera de Periodismo para estudiar Ingeniería Comercial, pero se sentía perdida. Fue entonces cuando apareció él, alguien que parecía encajar con sus expectativas de vida: casarse joven y formar una familia.

A sus 22 años, Macarena encontró en él la compañía que necesitaba, aunque poco a poco fueron surgiendo señales de alerta: era celoso y no se llevaba bien con sus amistades. En ese momento, ella trató de entender sus actitudes, justificándolas y asociándolas a problemas familiares y a su personalidad. Si bien con ella era detallista, preocupado, amoroso, con el resto no se llevaba bien. “Yo soy súper extrovertida, él era tímido. Los polos opuestos se atraen –como los clichés– es celoso porque me quiere”, pensaba entonces. Pero lo que parecía una diferencia de personalidades, con el tiempo se transformó en un patrón de control y desconfianza.

“Las Escuelas de Periodismo deben tener mallas curriculares que tengan a la vista el tema de los derechos humanos y la perspectiva de género”.

Su relación avanzó rápidamente: quedó embarazada, se casaron, y la convivencia se tornó complicada. Las primeras tensiones surgieron cuando él, aparentemente, reconoció sus dificultades emocionales, pero Macarena, motivada por la idea de la familia que querían construir, decidió acompañarlo en terapia para tratar su adicción al alcohol. Sin embargo, los problemas continuaron.

La agresividad se fue intensificando con el tiempo, cada vez que bebía se descontrolaba y le decía “tú estás con otro, tú no me quieres”. Macarena mira hacia atrás, y reflexiona: “si una amiga me hubiese contado esta historia, le hubiera dicho ‘ahí no es, corre, sal de ahí ahora’”. Pero en ese momento, se encontraba atrapada en los altibajos emocionales de la relación.

Cuando estaban bien, él era cariñoso y preocupado. “Tú te sientes en las nubes y después te sueltan y pum, porrazos hasta el piso. Pero te vuelven a subir y uno va en una montañita rusa”, dice Macarena.

Al filo de las palabras

13 de septiembre de 2015, La Cuarta:

Hizo anticucho con la polola. Maldito le atravesó fierro dieciochero a su amada en Arica: ¡Mujer se salvó de milagro y gil quedó preso! Un romántico paseo dieciochero terminó de la peor manera para una pareja, luego que al (poco) hombre de la relación le dieran los cinco minutos y agrediera a su Dulcinea, la misma a la que le había prometido amor y cariño de manera incondicional. El bruto, identificado como C.M.P. de 24 calendarios, andaba de la mano con su polola por el Parque Lauca en Arica, cuando en un arranque de celos pescó un fierrito de anticuchos y se lo clavó sin asco en la espalda a la altura del hombro izquierdo. (…) El patevaca pasó a control de detención y quedó encerrado tanto por sus crímenes anteriores como por intentar hacerse una brocheta de “espaldilla” con su mujer.

En 2016, otro caso se convirtió en el centro de la atención mediática: el intento de femicidio de Nabila Rifo, de 28 años. En la madrugada del 14 de mayo, Nabila fue encontrada tendida en la calle, semidesnuda y con graves lesiones en su cabeza, rostro y extremidades. Su agresor, Mauricio Ortega, la atacó con bloques de cemento y luego le extrajo los globos oculares con un objeto punzante y sus manos. Durante la cobertura del caso en 2017, TVN dio cabida a testimonios que intentaban justificar el ataque:

Esa mujer se acostaba con uno y otro.                                                                     

En ese minuto tuvo mucha rabia, porque claro, ver a su pareja con otra persona. 

Fue con el hacha, le pegó a la puerta y nada más que eso. 

Yo sabía que Nabila andaba en otros pasos 

Mauricio jamás ha sido violento, es una persona inocente, amable. 

Aquí la persona que hizo daño, la persona que hizo más mal fue la Nabila.

Cómo pueden decir que Mauricio es el agresor, si nadie lo vio. 

Nunca me gustó la mujer por su mala reputación.                                                 

Ella se lo buscó.

Un patrón similar siguió el tratamiento del caso de Fernanda Maciel, una joven de 21 años embarazada de ocho meses, y encontrada sin vida 499 días después de su desaparición. En lugar de enfocar la cobertura en el agresor, los medios desviaron la atención hacia su vida privada. “¿Peleaban poco o peleaban harto?”, preguntó un periodista de TVN a una amiga de Fernanda. “Harto, mucho (…) Fernanda era muy celosa”, le respondió. Ante esto, el periodista insistió “Pero la celosa, ¿era ella?”.

Esta misma narrativa se repitió con Antonia Barra, de 21 años. La frase “era una loquilla”, fue emitida al aire en un despacho televisivo de Canal 13 durante la formalización de Martín Pradenas por la violación de Antonia Barra en 2019.

En 2024, en el programa Contigo en la Mañana de Chilevisión, el periodista Roberto Cox comentó sobre las denuncias de violación contra Jorge Valdivia: “Es muy raro que un hombre como Valdivia, que seguramente tiene mucho arrastre con mujeres, haya hecho algo así”.

Para Ignacia Godoy, el lenguaje —ese elemento aparentemente inocente en las noticias diarias— juega un rol fundamental en la construcción de realidades y en la perpetuación de estereotipos que afectan la percepción pública de los femicidios.

“El lenguaje crea realidades”, señala la autora, mientras remarca la importancia de una narrativa responsable. En su obra Cuerpos Invisibles, esta premisa se desarrolla en torno a cómo los medios, a menudo sin mala intención, contribuyen a la invisibilización de las víctimas y la justificación del agresor. La manera en que se informa sobre los femicidios —desde el uso de términos como “crimen pasional” hasta la pasividad en frases como “una mujer fue asesinada”— suaviza la violencia de género, restando urgencia a la necesidad de un cambio estructural.

«El mayor error, a mi juicio, es no cuidar la integridad de las mujeres, siempre presumirlas como culpables y dejar a los hombres como presuntos inocentes a pesar de haberse demostrado lo contrario. Al final, todo está sesgado por el patriarcado que termina permeando en las ediciones de los medios de comunicación”, opina Ignacia.

Para Camila Flores, lingüista, el impacto del lenguaje en los medios de comunicación tiene implicaciones profundas. Camila menciona que el uso de voz pasiva al hablar de femicidios quita la responsabilidad del agresor al eliminarlo de la oración, lo que contribuye a centrar la atención exclusivamente en la víctima. Este tipo de representación lingüística, argumenta, refuerza estereotipos dañinos.

En la actualidad, la cobertura de los femicidios está marcada por una sobreexposición de las víctimas. Se ha normalizado una narrativa que expone sin pudor detalles íntimos sobre la vida de la mujer asesinada, mientras se protege la identidad de los agresores. Ignacia pone de ejemplo el caso de Nabila Rifo, en el que la prensa escudriñó cada rincón de su vida, sin hacer mención al agresor.

Para Camila Flores, este enfoque refuerza una cultura que tiende a justificar la violencia contra las mujeres. “Era común que se dijera ‘la mató por celos’, como si hubiese una fuerza que no se puede reprimir y que lleva a cometer el crimen”, agrega. 

Viviana Ávila, profesora de Lengua Castellana y Comunicación con estudios sobre lenguaje y género, coincide en que esto refuerza la idea de que el crimen fue una consecuencia de las «pasiones» desbordadas, en lugar de una manifestación de un sistema patriarcal que justifica el control y la violencia contra las mujeres.

“Estamos viviendo en una época en la que pareciera ser que hemos retrocedido más que avanzado”, lamenta Ignacia Godoy, aludiendo a la reciente ola de ataques misóginos en redes sociales y la falta de respuestas eficaces desde el poder político durante el año 2024, cuando Chile ya ha pasado por una serie de movilizaciones feministas y cuando tiene un Ejecutivo que se jacta de ser feminista.

Es precisamente esta falta de respuesta institucional la que también analiza Viviana, quien sostiene que los medios no reflejan completamente la gravedad de estos crímenes. “Llamarle femicidio con todas sus letras implica visibilizar la violencia estructural a la cual fue sometida esta mujer que ha sido víctima de femicidio”, afirma.

Hasta 2004, los medios se referían al femicidio como un crimen pasional, “no lo reconocían como una expresión extrema de la violencia hacia mujeres, eso fue un hito bastante importante”, señala Isadora Castillo Chaud, antropóloga y vocera de la Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres.

El primer paso está claro: un cambio de lenguaje que no oculte la realidad, sino que la exponga de manera cruda y precisa, dejando claro que los femicidios no son hechos aislados, sino manifestaciones de una violencia estructural que afecta a las mujeres a diario. En 2024, de acuerdo con datos de la Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres, ocurrieron 46 femicidios (1 de ellos transfemicidio) y 1 suicidio femicida. Solo si se da cuenta de esto, dice Ignacia Godoy, “podremos empezar a construir una sociedad en la que este tipo de violencia deje de ser tan común, tan trivial, y tan invisible”. 

***

Para Macarena la imagen de un matrimonio ideal hacía que la decisión de separarse fuera aún más difícil.

“Yo tengo grabada la frase del cura, que decía ‘el amor todo lo puede, el amor todo lo cree, el amor todo lo soporta, el amor todo lo perdona’. Yo sí estaba enamorada y yo sí creí que tenía que aguantar, que perdonar, que soportar, que creer, pero llega un punto donde uno dice hasta cuándo”, comenta. Sentía el peso de las expectativas sociales, como si tuviera que mantener una fachada de matrimonio perfecto ante el mundo.

Su separación fue vista por muchos como un fracaso, un quiebre de la familia ideal. Muchos le decían que, aunque se separara, él siempre sería el padre de sus hijos y que de alguna manera siempre estaría ligada a él. Fue un proceso doloroso, pero no lo enfrentó sola, porque pudo contar con el apoyo de su familia. “Si no fuese porque tengo unos papás que han sido maravillosos, yo estaría o viviendo en la calle con mis tres hijos, o muerta porque habría tenido que volver a esa casa”, reflexiona.

Macarena antes pensaba que los hijos necesitaban tener a sus padres juntos, pero se dio cuenta que su entorno familiar estaba afectando negativamente el bienestar de ellos, “estábamos en esta dinámica de vivir en un infierno, pero yo no podía salir de ahí porque no tenía estabilidad económica. Sabía que al final iba a terminar recurriendo a mis papás. Yo no quería eso, quería poder solventarme a mí y a los niños”.

La razón por la que las mujeres se mantienen en una relación de abuso es la dependencia económica, dice Verónica Salinas, de SernamEG. “En el fondo, que la calidad de vida de sus hijos disminuya, es decir, si estoy con mi agresor estaban en colegios privados y si lo dejo tendrían que ir a la educación pública”, añade.

“Para qué se puso delante del auto, ella se lo buscó”, dijo la hermana de Matías, al enterarse del atropello. Los cuestionamientos no solo venían de él, sino también de su entorno cercano que reforzaba los mismos patrones. “¿De qué te quejai’, si te tienen viviendo como reina?”, le dijo en otra ocasión, por el hecho de que ella se había quedado en la casa viviendo con sus hijos.

Sin embargo, para Macarena, ni la casa grande ni el auto nuevo podían compensar el vacío emocional que sentía. 

Macarena reconoce que la violencia física en su relación fue puntual, limitada a un zamarreo y al atropello. Sin embargo, la violencia psicológica, económica y verbal estuvo presente de manera constante, socavando su autoestima y la percepción de sí misma. Aunque no recibió insultos directos sobre su apariencia, su forma de vestir o actuar estaba completamente condicionada. “¿Cómo te vas a pintar los labios de rojo?; ¿cómo te vas a encrespar las pestañas?, ¿quieres atraer a los otros papás del colegio?”, le decía Matías.

Estos comentarios son ejemplos de una violencia invisible, aquella que, según  el concepto del “Iceberg de la Violencia de Género” propuesto por Amnistía Internacional, se encuentra en la base y pasa desapercibida o es socialmente aceptada. La violencia invisible también son los micromachismos, el control, los comentarios despectivos o las críticas constantes que buscan menospreciar y desvalorizar. Estas formas, aunque menos visibles, son la base de las formas más extremas de violencia, como los golpes o los femicidios, que son la «punta del iceberg”.

El rol de Macarena en la relación se redujo al de madre y dueña de casa, mientras que la conexión afectiva y física se extinguía. “Nosotros no existíamos como pareja. Yo era una máquina para tener guaguas, una incubadora”, dice. Lo que la hacía preguntarse, “¿Le daré vergüenza? ¿por qué?, si estoy haciendo todo lo que él pide”.

La imagen de la mujer perversa

“Está difícil para todos los hombres hoy en día. Imagínate la mina que te tiene mala. Imagínate una mina que está media loca. El hombre soltero, que quiera estar una noche con una chiquilla, yo creo que hay que grabarla, sino después qué va a pasar”, opinó Pangal Andrade en Vía X el 4 de diciembre de 2024. 

Más allá de los casos de femicidio, intentos de femicidio y violencia física contra las mujeres, el lenguaje también juega un rol central en las coberturas de violación y abuso sexual. Esto quedó en evidencia en los casos del exsubsecretario del Interior Manual Monsalve y del exjugador Jorge Valdivia, que todavía son investigados. 

Javiera Canales, directora ejecutiva de la Corporación Miles, lleva más de seis años dedicada al estudio y defensa de los derechos de las mujeres. Para ella, estos casos comparten un denominador común: la tendencia a demonizar a las víctimas. “Se cree que están intentando perjudicar a este hombre famoso. Se sigue viendo a la mujer como perversa, que intenta dañar al hombre, dañar su honor y que lo denunciado es falso”, señala.

“Eso es parte de la misoginia cultural. Es muy fácil que las mujeres sean menoscabadas, y en este menoscabo hay un deterioro a la imagen, no de la mujer, sino de las mujeres”, agrega Canales.

Desde SernamEG destacan que, en casos donde figuras públicas son acusadas, es común que se instale el discurso asociado a justificar al agresor y poner en duda o culpar a la víctima por arruinarles la carrera, o asociar esta denuncia a una venganza o despecho. Además, menciona que otro factor que es posible identificar, es volcar los casos hacia las mujeres. Tal como se dio con el exsubsecretario, donde la ministra de la Mujer, Antonia Orellana y la ex ministra del Interior y Seguridad Pública, Carolina Tohá, fueron responsabilizadas por el presunto actuar de Monsalve.

El impacto de la cobertura mediática, continúa Canales, es profundo y alimenta una cultura de la misoginia, y se refleja en un aumento de la imagen de una mujer despechada, histérica y que ante el término de una relación casual, quiere extorsionar o aprovecharse. Así lo retratan los usuarios de Instagram, al opinar sobre los casos:

  • Pobre Mago, en el lío que se metió o lo metieron
  • La chiquilla parece que no era tan inocente parece! Iba feliz tomadita de la mano. Alguien que está asustado no tiene esa actitud.
  • Siempre lo dije… amante despechada.
  • Ella lo v10ló
  • Esto fue planeado por la mujer, para después inventar una posible violación, para dañar la imagen de monsalve y del presidente.
  • Esa mujer solo quiere ganar dinero de alguna forma
  • Una mujer abusada no se ve así.
  • Le tendieron una trampa por dónde se le vea.

***

Fue la hija mayor de Macarena, quien la ayudó a tomar la decisión de separarse.

–Mamá, nos vamos a la casa de los tatas

–Hija no te preocupes, se van a arreglar las cosas con el papá –le respondió.

–Hice mi mochila por nada.

“Mi hijo me decía ‘el papá te iba a matar’. Hasta mis hijos se dan cuenta que esto está mal, y yo con treinta años seguía intentando mantener esto a flote por ellos”, dice Macarena.

Los recuerdos que sus hijas e hijo tienen de su padre están marcados por el miedo y la violencia. “Ellos recuerdan gritos, discusiones, agresiones, el atropello. Hoy en día, no tienen interés en verlo y compartir con él, es más, le tienen miedo”, asegura. Si bien, el régimen de visitas está suspendido, este sigue vigente. Lo que mantiene latente el temor de Macarena de que algún juez ordene que Matías debe visitar o llevarse a los niños. 

«Se sigue viendo a la mujer como perversa, que intenta dañar al hombre, dañar su honor y que lo denunciado es falso».

“Hace veinte años me hubieran dicho ‘se los quitamos y los pasamos al papá’. Pero el feminismo me abrió la puerta para estar más protegida”, señala. Según Macarena, a pesar de los avances, estos no son suficientes, “las leyes que se han creado con enfoque de género siguen siendo aplicadas por personas que no tienen ese enfoque”.

Para Macarena, si no fuese por el movimiento feminista “estaríamos mucho peor en cuanto a las legislaciones y la exposición mediática”. A medida que el feminismo ha logrado avances, también lo ha hecho ella misma.

¿Dónde están las feministas?

Desde el auge del movimiento feminista en Chile, al hacerse público un caso de violencia contra la mujer, como abuso sexual, violación o femicidio, los cuestionamientos no demoran en surgir entre la opinión pública. Frases como “¿Dónde están las feministas?” o críticas al aparente silencio de organizaciones feministas sobre casos mediáticos abundan entre los comentarios de redes sociales:

  • Y donde estuvo el YO TE CREO ?? demasiado tarde…
  • Femis de cartón, no las vimos con sus traperos verdes en tribunales
  • Ahora vienen a decir algo, son bien de cartón
  • Fuese de otra vereda ya tendrían cuantas marchas ya realizadas
  • todo este tiempo no vimos protestas afuera de la moneda !!!!! Me decepcionan !!!
  • estuvieron calladitas mucho tiempo y recién ahora hablan de este caso

Otro ejemplo es el reportaje que La Tercera publicó el 8 de diciembre “El dispar silencio de los movimientos feministas ante el caso Monsalve”, que expone los cuestionamientos que dejó el tratamiento inicial de los colectivos feministas sobre el caso. Aunque la Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres reaccionó el mismo día con un llamado a proteger la privacidad de la denunciante, otras organizaciones demoraron más en pronunciarse, lo que provocó acusaciones de doble estándar e incluso sesgos políticos en el feminismo. “Todo era una gran mentira, solo movimientos feministas de papel que son culpables de silencio, culpables de mentir, culpables de engañar a millones de mujeres, culpables de ser cómplices de los violadores”, comentó un usuario en el sitio web del medio.

Para Javiera Canales existe una tendencia a responsabilizar al feminismo por no reaccionar de manera inmediata: “Las feministas siempre tienen la culpa de todo, afirma. No se puede esperar que inmediatamente las feministas repleten las calles, porque ellas son madres, trabajadoras, y estudiantes”.

Pero ¿logró el auge del movimiento feminista cambiar en algo la línea editorial de los medios?

“Sin lugar a duda hay un avance, pero con los casos que tenemos actualmente de Monsalve y Valdivia, vemos un retroceso”, sostiene Javiera. Para Ignacia Godoy, a pesar de que el movimiento feminista existe hace tiempo, se hizo más masivo con la llegada del ‘Me Too’ en 2017. A partir de ese año, Ignacia ve que hay periodistas que “se hacen cargo del problema e informan con perspectiva y cuidado”.

Desde La Rebelión del Cuerpo responden “Sí, totalmente”. Según el colectivo, aunque la violencia de género ha existido desde siempre, hace tan sólo unos años, se comenzó a reconocer y tipificar como un delito, afirmando que este es “un avance impulsado por el movimiento feminista, a través de marchas, protestas y diversas manifestaciones”. 

Isadora Castillo recuerda particularmente la protesta frente al estudio de TVN, ocurrida el año 2022, que convocó a diferentes colectivos feministas del país, e impidió la transmisión de una serie sobre el caso de Ámbar Cornejo. La manifestación surgió después de que TVN anunciara una nueva temporada de Mea Culpa, que incluiría una miniserie sobre el asesinato de Ámbar. “Ese es un ejemplo de cómo la acción feminista puede incidir”, afirma Isadora.

Meritxell Freixas afirma que el movimiento feminista ha sido clave para cambiar la cobertura mediática de casos de violencia de género y femicidios. “Los medios no habrían llegado a incorporar editores de género en sus redacciones antes de publicarse una noticia, sin la presión, el trabajo y la lucha del movimiento feminista”. “Yo he trabajado en medios, y he tenido que dar la pelea por hacer ver que estos temas son importantes. Tenía que decir ‘no vamos a poner esta palabra en el titular, porque estamos revictimizando’”, cuenta.

***

Tengo 18 años y vivo en Los Andes. Mi acercamiento a la Literatura comenzó a los 12 años. Cuando aprecié lo que realmente es un libro, en él existen mundos nuevos y diferentes. Descubrí la pasión por escribir y aprendí que yo también podía crear mundos de fantasía o más cercanos a la realidad, donde plasmar sueños e inquietudes. Mis padres me han apoyado siempre y junto a mis hermanos me han incentivado a seguir escribiendo.

Así se describió Macarena cuando estaba en cuarto medio. Y con 18 años, vio en los medios de comunicación una carencia: no se hablaba de los femicidios. Sólo eran “una nota al margen, ‘oye, mataron a una mujer’. Ese vacío la impulsó a escribir ‘Caso 24’, cuento con el que ganó el primer lugar en el Concurso Interescolar de Cuentos de la Universidad Andrés Bello, el año 2009. 

“Al avanzar unos metros volvió a sentir lo mismo y esta vez escuchó pasos. Avanzó rápido, pero fue muy tarde. Sólo alcanzó a ver un rostro; lo reconoció. El hombre del café volvía a abalanzarse sobre ella, débil y temerosa, sin nadie que la protegiera esta vez.

07:00 horas y para la gente que se suma a nuestra programación, un resumen de nuestras noticias -informaba la televisión en todos los hogares- El país se ha visto estremecido por un nuevo caso de femicidio, los que suman 24 durante el año. El crimen se llevó a cabo durante esta madrugada y la joven víctima aún no ha sido identificada. Carabineros trabaja intensamente en la investigación para esclarecer el caso lo antes posible”.

Más de una década después, la ficción se mezcló con la realidad. Pero el rostro del agresor no era el de un desconocido, sino de alguien que alguna vez le prometió amor.

Hoy, Macarena continúa escribiendo. Dejó atrás los cuentos breves y trabaja en un proyecto mayor: escribir un libro que narra cómo es sobrevivir a un narcisista. Su historia, al igual que las líneas de “Caso 24”, desafía el olvido. Exigiendo que las voces de las víctimas sean escuchadas.

Al mirar hacia atrás, recuerda comentarios que la hacen ver cuánto ha cambiado desde que salió del círculo de la violencia: “Me decían: ‘floreciste, eres como otra persona’. No es que sea otra persona. Estoy volviendo a ser quien era antes de conocerlo”.

Los celos, gritos, amenazas, manipulación, empujones, control y aislamientos no son conductas normales en una relación de pareja, son señales de violencia. Si eres víctima de violencia de género, recuerda que no estás sola. Fono de orientación y ayuda por violencia contra las mujeres: 1455. Fono Denuncia Segura: 600 400 0101. WhatsApp Mujer +569 9700 7000

Este reportaje fue desarrollado en el marco del curso Seminario de título, guiado por la profesora Amanda Marton, en la Escuela de Periodismo de la Universidad de Santiago (USACH).

ILUSTRACIÓN DE PATO VERA.

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