EL CINE DE MI INFANCIA AHORA ES UN MALL CHINO

En el Día del Patrimonio, Chile abre las puertas de edificios históricos y organiza visitas guiadas para hablar de identidad y memoria colectiva durante dos días. Mientras tanto, en Valparaíso, edificios históricos se caen a pedazos, se incendian o son convertidos en malls chinos. En Concepción, los palacios del centro negocian su destino entre importadores y funcionarios que no responden. Y así en cada ciudad chilena que tuvo algo y lo fue perdiendo, mientras las autoridades no actúan y la sociedad civil aguanta sola.


Un domingo 16 de octubre de 2022 fui al Cine Hoyts de Valparaíso, con mi hermano menor a ver una película. Compramos dos cabritas grandes y entramos a ver DC Liga de Supermascotas. Aunque había encontrado extraño que solo había disponibilidad de entradas para ese día, no le di importancia. La siguiente semana, viendo redes sociales, me encontré con la noticia: el miércoles 19 de octubre, la empresa anunció que el domingo anterior habían sido sus últimas funciones. 

Frente a un futuro incierto, los rumores de que sería convertido en un mall chino cobraban fuerza y así fue: el año siguiente fue reabierto como tal. Incluso las butacas del cine estaban a la venta en Marketplace y cada vez que pasaba en micro por ahí se me hacía un nudo en la garganta. El mall chino no era el problema en sí, sino la consecuencia de que quienes debían actuar no lo hicieron.

Ese lugar, ubicado en Pedro Montt 2111, Valparaíso, fue donde vi mis primeras películas, donde mis hermanas, que eran en ese entonces adolescentes, fueron a ver Crepúsculo o Harry Potter. Difícilmente encontrarás a alguien de esta ciudad que no tenga un recuerdo ahí. Son generaciones de porteños que asistieron a sus salas y vieron sus distintas transformaciones. 

Antes de ser Hoyts, fue el Cine Metro de la Metro-Goldwyn-Mayer (MGM), inaugurado a mediados de los años cuarenta. El día en que abrió se exhibió, en la única gran sala, Escuela de Sirenas, protagonizada por la estrella de Hollywood, Esther Williams. Y, acorde al esplendor de Valparaíso de esa época, se anunció en el Diario La Estrella de Valparaíso como la “grandiosa inauguración del mejor teatro de Chile”. Pensar en ese día, ese glamuroso evento, y mirar lo que hay hoy en su lugar, pone en perspectiva todo lo que esta ciudad tuvo y fue perdiendo. 

Con los años el cine cambió de dueños y de nombre. En 1979 se convirtió en MetroVal y se dividió en dos salas. En 1998, fue comprado por la empresa australiana Hoyts y pasó a ser el cuarto cine de la cadena, transformando el espacio en un multicine de cinco salas. Años más tarde el complejo fue adquirido por Cinépolis, aunque mantuvo el nombre y el cartel del Hoyts hasta hoy. Tras veinticuatro años de funcionamiento y más de setenta años como cine, en 2022 la empresa anunció su cierre. 

Ante esta situación, organizaciones culturales intentaron salvar el espacio. La municipalidad de Valparaíso propuso habilitarlo como centro cultural, y la ONG Barco de Películas, junto a varios actores del mundo cultural porteño empujó en la misma dirección. Pero el Ministerio de Vivienda y Urbanismo no respondió a tiempo y enterró cualquier posibilidad de rescate. Como el edificio es privado, sus dueños tuvieron la última palabra: al año siguiente el lugar fue reabierto como Mall Chino Teng Da. 

Ese mismo año, en una entrevista a El Mercurio de Valparaíso, el encargado del mall anunció que había proyectos para volver a habilitar el segundo piso como sala de cine, que se pintaría tal como era antes. Al menos era algo, pensábamos algunos ante tantas malas noticias, un triunfo a medias, pero triunfo al fin. Aunque casi tres años después, el segundo piso sigue siendo una bodega del local. 

Ciudadanos organizados 

De los cines y teatros que existían en Valparaíso durante el siglo XX, la mitad han sido demolidos. El único que sobrevive como cine es el Teatro Condell, llamado ahora Cine Insomnia, que opera gracias a la gestión de personas que, por amor a la ciudad y al cine, quisieron recuperar el espacio. Es hoy mi sala favorita en todo el país, sobre todo por la dedicación de su equipo y el vínculo profundo que han construido con la ciudad. Voy desde niña y he ido con mi familia, parejas, amigos; con los años, se ha ganado el corazón de varios porteños. Frente al abandono de las instituciones y autoridades, son los ciudadanos organizados quienes buscan cambios en la comuna. 

En ese contexto, también surgen figuras como Jaime Córdova, periodista, profesor y director del Festival de Cine Recobrado de Valparaíso, una luz de esperanza para nuestra ciudad y país. Córdova lleva años rescatando del olvido películas y espacios que este país prefiere ignorar, y es una de las voces más lúcidas para denunciar lo que se está perdiendo. Pero incluso él siente que pelea contra la corriente.   

Cine MetroVal, fecha desconocida. Colección de Felipe Alamos.

Esta resistencia ciudadana tiene su expresión más reciente en el Teatro Odeón del cerro Playa Ancha. El edificio data de 1911 y estuvo abandonado por casi cinco décadas. En 2016, un grupo de vecinos comenzó a organizarse para recuperarlo; en 2021 lo lograron y arrendaron el espacio de su propio bolsillo, llenándolo de distintas actividades culturales. 

Pero la autogestión muchas veces no es suficiente cuando no existe apoyo real de las autoridades. El pasado 30 de abril, el propietario los desalojó por una deuda de cinco millones de pesos en arriendo. El edificio vuelve a estar vacío. Sus gestores advierten que el cierre podría convertirlo en otro lugar patrimonial abandonado y con riesgo de siniestro en Valparaíso. La historia se repite y Córdova lo describe con precisión: “Profitar de los restos mortales de lo que alguna vez fue una capital cultural en Chile”.

El panorama nacional 

Valparaíso no es una anomalía. Es el síntoma más visible de una enfermedad presente en todo el país.  

Ya se ha vuelto popular el cliché de comentar que cualquier edificio patrimonial puesto a la venta o en arriendo terminará siendo un mall chino. Nada más cerca de la realidad. De la noche a la mañana, llenaron los centros de las ciudades chilenas. Hoy son 454 locales activos en Chile, presentes en las 16 regiones del país y en 178 comunas, según un levantamiento geoespacial publicado este mes por GPS Property. Muchas veces útiles, pero grotescos cuando se apropian de edificios que cuentan la historia de una comunidad, cuando reemplazan la memoria con pasillos de plástico importado. 

Los malls chinos son solo la manifestación más visible del abandono patrimonial. En Concepción enfrentan un problema similar. Edificios antiguos que le dan carácter al casco histórico penquista llevan años siendo disputados entre el comercio de importación y quienes desean preservarlos. Como el Palacio Hirmas, que tras la quiebra de la empresa Corona, inquilina del lugar, fue puesto en arriendo y reabierto como un mall chino, uno de los muchos que ya hay en la ciudad. Los penquistas, al igual que los porteños y muchos chilenos, estamos cansados. Lo que une a Valparaíso y Concepción, ciudades distintas pero de una magnitud similar, es que en ambas el Estado ha fallado cuando hay que actuar. 

Cine Metro, autor ilustración: Eduardo LeBlanc

Sobre las perspectivas de cambio, el panorama es deprimente. 

En marzo de este año, el gobierno de José Antonio Kast otorgó suma urgencia al proyecto de Ley de Patrimonio Cultural, anunciando que busca modernizar su protección y gestión en todo el país. Sin embargo, hace apenas dos semanas el ejecutivo recortó casi el 10% del presupuesto del Ministerio de las Culturas, convirtiéndolo en el ministerio más impactado por el plan de austeridad. Y dentro de ese recorte, el área de patrimonio es profundamente afectada: la Subsecretaría del Patrimonio Cultural pierde $100 millones, el Servicio Nacional del Patrimonio Cultural pierde $15.382 millones, entre otros recortes. 

El mensaje es claro: en tiempos de ajuste, la historia es lo primero que se sacrifica. La respuesta oficial es que los privados deben hacerse cargo. Pero en Valparaíso, en Concepción y en muchas ciudades chilenas, todos sabemos que ese privado rara vez llega a proteger y revalorizar el patrimonio.

Sobre todo en estos días, pienso en esa tarde de cine con mi hermano, en los dos saliendo sin despedirnos de nada. Sin saber que estábamos despidiéndonos de todo.

Fotografía por Antonia Carrion

*FOTOGRAFÍA DE PORTADA DE BENITO GONZÁLEZ

1 comentario en “EL CINE DE MI INFANCIA AHORA ES UN MALL CHINO”

  1. Aunque la entrada coloca la atención sobre la negligencia del estado frente a estos eventos, hay una clara intención en remarcar sobre todo los Mall Chinos. No son tus palabras, pero el documento me trasmite la sensación de: Los Mall Chinos son desagradables, porque son toscos. Lo que me genera una duda: ¿Sería, entonces, igual de grave si eso en vez de un Mall Chino, habría sido algún Mall con tiendas de renombres? De ‘marca’, ¿o molesta porque es ‘barato’, porque es ‘chino’?

    En esta ocasión el peso está en que se reemplazó un Cine por un Mall, y creo que hacer fuerzas en ‘Mall Chino’ pierde lo importante que es criticar el Mall en sí mismo, no tan solo ‘por ser Chino’. Porque realmente siento que apoya la noción de que todo lo chino es ‘de mala calidad, por ser barato, quedando como misera copia de otra cosa’. Los Fallabella, los ABCdin, entre muchos otros, son igual de brutos en su infraestructura y provocan lo mismo, que es un centro para el consumo, más no para la convivencia.

    Hay Mall con mejor disposición de tiendas, ¿pero cuántas son locales? ¿cuántas dependen de lo externo? ¿Por qué un Mall en región se ve peor que un Miniso en un Mall reconocido de Santiago? ¿Estamos realmente preocupados, en algunos casos, de la problemática (Mall) o del prestigio que le damos más a ciertas sucursales de ciertos países por sobre otros?

    Tenemos buenas memorias de ciertos lugares no porque sea ‘Chileno’, sino porque no teníamos de otra. Cadenas de comida, cadenas de cine, cadenas de ropa. Nada es ‘Chileno’, pero nos lo han vendido como tal.

    Los Mall Chinos son solo un parche más a un problema que (ni idea sí es real o solo alucinación mía) tiene Chile hace ya años: Ser un Collage de lo que otros quieren vender acá. Con los cines guardamos grandes memorias, sí, pero también poseen en su mayoría películas con las que nos enseñan una cultura con la que después marcas de ropa y otros nos venderán en sus tiendas. ¿Cuántas cosas son netamente chilenas dentro de esas ‘memorias históricas’? Serán memorias nostálgicas porque sí, construyeron memorias alrededor de ese consumo, comercial.

    Ahora parece que el problema son los ‘Mall Chinos’, pero la realidad es que es un problema que ha existido siempre: No proteger fauna, flora y comercios, empresas locales en post de comerciar con empresas extranjeras. Ocurrió antes, ¿no? y ahora le tocó a los Mall Chinos, que como tienen una repercusión o estilo distintos a las otras grandes empresas extranjeras, lo sentimos ‘plástico, de mala calidad, y copia’, pero porque esa es la idea que nos han construido. Porque hay muchos Mall no chinos que siguen teniendo mala calidad, son caros y, probablemente, el producto si haya sido creado en un país no Europeo ni de América al completo.

    Nos espantamos por los Mall Chinos, y es entendible, porque es algo reciente. Aun así, hay ciertas franquicias extranjeras de todo tipo (ropa, comida, muebles, herramientas) que impiden cualquier desarrollo nacional en esos ámbitos sin quedarse opacados por estos otros lugares.

    Y, con este afán por esa franquicias extranjeras, centradas en el consumo, pues olvidamos los espacios comunes donde poder ir a conversar, a jugar (deporte, o los niños que quieran jugar cualquier cosa), trasmitir cultura (manualidades, coreografía, teatro, y cine, también) sin necesidad de consumir de por medio. Los artistas, por su lado, requieren de trabajo remunerado, de sueldo, y de una oferta-demanda que compite, precisamente, con grandes franquicias extranjeras.

    En fin, que todo esto lo comento con nula fuente bibliográfica, lo que lo hace un comentario bastante pobre en respaldo. No estoy feliz con la perdida de zonas culturales y patrimonios naturales en post de lugares solo para consumo, pero si me causa un tanto de molestia pensar que esta publicación promueve un ‘Nosotros contra los Mall Chinos’, cuando el problema es mucho más hondo que incluso tener poco presupuesto para Patrimonio y Cultura (lo que ya es grave), sino que de Chile desde hace años se construye entre consumir lo ajeno, ignorando lo local.

    ¿Cuánto de lo que consumimos y hacemos es influenciado por el exterior? ¡Un montón de cosas, seguro! y de ahí que el problema no sea ‘lo Chino’, sino cómo la sociedad Chilena se ha ido relacionando con la cultura del consumo.

    Y, claro, que al final quienes tienen más oportunidades de dirigir el rumbo de los espacios públicos no es el público, como bien resalta tu entrada con los cines que se han mantenido gracias a la fuerza de la comunidad más locas, sino quienes tiene el dinero (y las ganancias) para manejar esos espacios.

    En fin, entré a leer solamente porque preferí leer la entrada completa y no quedarme solo con el post de Instagram ( https://www.instagram.com/p/DZAgLFXDiLL/ ) que, bueno, no es mi favorito.

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