Crónica de un desvelo: lo que aprendí comprando loza por TikTok

¿Puede una taza de café narrar la historia de dos cooperativas obreras? Entre subastas de loza de trasnoche y reflexiones sobre el progreso de la clase media, esta crónica explora la materialidad de nuestro menaje y el extraño encuentro de quienes, en una transmisión en vivo de TikTok, se desvelan por rescatar su historia.


Es martes, son las once de la noche. Más de setenta señoras de todo Chile y yo nos conectamos orquestadamente en una transmisión en vivo de TikTok. Mientras nuestros vecinos scrollean o dormitan frente a la serie del momento, una fuerza de la naturaleza poderosa e incomprensible para el minimalismo milenial nos convoca: el menaje inglés y otros tesoros que cruzaron el Atlántico en una caja.

“Hola, hola, ¿quién anda por ahí?”, pregunta @elpalaciodelmenaje antes de comenzar la tertulia. Algunas asistentes, estrategas por naturaleza, preferimos aguardar en silencio y esperar a que las contendientes se vayan conectando una a una. Otras asistentes, como @plantitasteresa72, saludan y preguntan a nuestra anfitriona qué comió y cómo la ha tratado el clima.

Doña Tere, dichosos los ojos que la ven conectada, pienso. “Amante de las plantas. Orgullosa mamá de dos. Namasté”, versa en la descripción de su cuenta. Deduzco por su usuario que tiene 54 años y que su interés por la loza proviene de su necesidad compulsiva de conseguir maceteros y platos a bajo costo para convertir su casa en un invernadero. Ella, @patycocina1281 y @carmen_antique siempre son las primeras en conectarse y, también, las que más conversan. 

En estos dos años que llevo participando, contra mi voluntad me he enterado de sus vidas y de las “ocasiones especiales” donde utilizan lo que compran. Me he enterado de las quejas de sus maridos por el exceso de tazones. Que sus hijos grandes se mudaron y necesitan un juego de copas. También sé que están al día con la serie Bridgerton, pero que no han leído ninguno de los libros de la saga por falta de tiempo. Buenas anfitrionas, preocupadas por sus seres queridos y un poquito acumuladoras. Mujeres entre los 30 y 65 años que terminé conociendo un día que se me ocurrió buscar en TikTok la historia del Depression glass, un tipo de vidrio creado entre 1929 y 1939 que se distribuyó gratuitamente o a bajo precio en EE.UU. y Canadá durante la Gran Depresión.

No recuerdo exactamente cómo conocí ese tipo de cristal, pero sí recuerdo lo que sentí cuando me encontré con un hermoso pocillo de color verde fluorescente en una tienda de cosas usadas de Santiago: una ansiedad por saber su historia, de imaginar por cuántas manos tuvo que pasar, cuántos barcos tuvo que abordar para estar ahora frente a mí. Ese pocillo despertó mis ganas de resolver misterios y conocer la historia de cada cosa a mi alrededor. Lamentablemente, no lo pude comprar. En ese local nada tenía precio y cada vez que te gustaba algo tenías que preguntarle al vendedor cuál era su valor. Ese usurero te miraba de pies a cabeza para decidir cuánto te iba a cobrar y yo, una treintañera profesional sin herencia, pero con ganas de surgir, debí verme particularmente cara esa tarde.

Coquetier Luminarc: La palabra coquetier es un galicismo que significa huevera. Los coquetiers de la imagen son un clásico de la marca Luminarc.

El palacio del menaje

Funciona así: la anfitriona va presentando frente a la cámara de su celular uno a uno los objetos de la caja, detallando cualquier pormenor que valga la pena mencionar. Luego, define su precio y le asigna un código. La primera cuenta en escribir ese código en el chat se adjudica el objeto, y así pasan tazas, jarras, platos, vasos y cubiertos, además de piezas más rebuscadas, como palmatorias, coquetiers y rizadores de mantequilla. La trampa está en el envío: aunque las clientas viven por todo el país, nuestra anfitriona advierte que, para realizar encomiendas fuera de su propia región, deberán comprar al menos 25 mil pesos. Lo desafiante de llegar a esta cifra son los precios y las cantidades disponibles. Quiero decir: dos vasos a $1.000, tres jarras a $5.000, una bandeja a $3.000… se requiere más de una noche para completar el monto necesario y por este motivo, sospecho, somos 110 personas conectadas faltando 20 minutos para la medianoche.

Todo suele transcurrir en armonía, hay mercancía para todas, excepto en dos ocasiones: La primera es cuando aparece cualquier marca que por mérito propio ha sido distinguida con la Orden Real de Nombramiento* tales como Royal Doulton, Royal Albert y Royal Wedgwood. Si nuestra vendedora menciona cualquiera de estos referentes históricos en la fabricación de bone china (porcelana de ceniza de hueso de alta calidad), arde Troya.

La otra ocasión es cuando aparece una pieza de cristal de uranio, un material ligeramente radiactivo que brilla bajo la luz ultravioleta. Fabricado hasta 1930, es el favorito de todas y, en especial, de @camikaze29, que ha sido varias veces acusada de acaparamiento y siempre termina en el centro de peleas patéticas.

¿Existe la magnanimidad entre las conectadas? No en estos casos y tampoco me importa. Lo que a mí me interesa es la vajilla de vidrio templado fabricada por empresas francesas desde la posguerra. Esa es mi droga. Y aquí estoy, leyendo cómo se pelean por una fuente de uralina.

Es difícil que salga la loza que busco porque la prensa europea ha declarado que esta vajilla —mi vajilla— está de moda. Y, aunque puedo vivir siendo parte de un fenómeno de masas, no soporto la idea de perderme el platillo que me falta por mi poca tolerancia al conflicto. Lo que puedo hacer es ir a vitrinear en otro live de loza. Porque sí, señores, solo en Chile hay por lo menos diez cuentas vendiendo sus productos de la misma manera en paralelo y nosotras, las clientas, nos paseamos entre una y otra (sobre todo cuando ocurren estos desencuentros). El problema es cuando TikTok, convencido de tu obsesión con este contenido, te empieza a mostrar cuentas de otros países de Latinoamérica, como Uruguay, Bolivia y Argentina. ¡Ay, Argentina, cómo se nota que eras un virreinato! Las piezas más

elegantes aparecen allende la cordillera y, aunque en mirar no hay engaño, la noche avanza e intercedo a favor de @camikaze29 para poder seguir comprando. Ella sabrá para qué necesita tanto uranio.

Vidrio templado adquisiciones: Desde hace un par de años, en Europa, la vajilla de vidrio templado ha sido revalorizada por las nuevas generaciones.

La ley es dura, pero es la ley

El vidrio templado, como las medias de nylon, representa todo lo que estuvo bien en una época de cambios. Tras la Segunda Guerra Mundial, muchos hogares europeos tuvieron que rearmarse desde cero y nada mejor que hacerlo con una vajilla que superaba las limitaciones de la cerámica tradicional. Porque si algo caracteriza a este material es su resistencia a los golpes y a los choques térmicos, a diferencia del vidrio sódico-cálcico, que es económico y común, y a semejanza del vidrio borosilicato que, aunque es más proclive a romperse, es mejor para hornear y resistir cambios bruscos de temperatura.

Sería una omisión inexcusable no mencionar aquí al mayor exponente del vidrio de sílice y trióxido de boro: PYREX. Esta marca permitió sacar el guiso del congelador y llevarlo directamente al horno sin estallidos, o verter caramelo hirviendo en una fuente de flan sin miedo a las trizaduras. Productos que revolucionaron la cocina del siglo pasado y que en ningún caso deben confundirse con Pyrex, la marca de vidrio sódico cálcico templado en minúsculas que, sin duda, estallaría y se trizaría bajo las mismas circunstancias.

Volviendo al vidrio templado, aunque este material existe desde principios del siglo XX, su uso se masificó en Francia en 1945, primero con el surgimiento de la marca Duralex, que debe su nombre a la locución latina “Dura lex, sed lex” (la ley es dura, pero es la ley) y, luego, con otras marcas que hicieron de este material algo propio, como Vereco y Arc International, que agrupa las marcas Luminarc, Arcoroc y Arcopal. 

Era una época marcada por un optimismo tecnológico que no solo nos llevó a la Luna, sino que fue capaz de transmitirlo en vivo a todo el planeta. En ese escenario, el auge de las minifaldas, el cine, los festivales de música y la potencia política del diseño gráfico se aliaron para dar forma a una psicodelia cultural donde la luz —filtrada por el color— se volvió el elemento fundamental.

Para mí, es el reflejo ambarino de una época donde las personas tenían derecho a vivir mejor y la industria parecía querer trabajar por ello, donde el progreso debía estar al servicio de las personas, donde se planificaron viviendas para fomentar la cohesión social y la comunidad, donde se soñó con la democratización de la enseñanza, la autonomía universitaria y el cogobierno estudiantil. Todo esto al trasluz de una modesta, pero bien diseñada tacita de café. Porque esa es otra de las fortalezas de esta vajilla: su estética es tan icónica que un simple vaso Le Picardie, diseñado en 1954, fue elegido para ser el vaso de James Bond en 2012, el de la protagonista de Blue Jasmine en 2013, y también fue escogido por el The New York Times en 2025 como uno de los 16 mejores vasos de toda la historia. 

Para rematar, las personas no tenían que ahorrar meses para renovar el menaje: podían comprar dos vasos o tres platos en el almacén según les sobrara algo de dinero esa semana. Así, por primera vez, un objeto de alta calidad y estética moderna, que fortalecía la industria nacional, estaba al alcance de las clases medias y populares.

Duralex Le Picardie: La línea Le Picardie es una de las más antiguas y vigentes de la marca francesa Duralex.

Se hace tarde. Perdí la esperanza de que aparezca algo que me interese y la desilusión me lleva a la poco estratégica determinación de preguntar abiertamente a la anfitriona si saldrá o no algo de vidrio templado. Esto deja al total descubierto mis deseos ante las otras clientas y, en especial, ante @plantitasteresa72, mi gran némesis.

A diferencia mía, la señora Teresa no discrimina: le sirven todos los estilos, todas las épocas, todos los materiales y todos los colores. Las tazas más victorianas han sucumbido ante sus manos jardineras. Una criminal confesa que no distingue entre sus víctimas porque su loza favorita es siempre la loza deseada por otra. 

Por eso, cuando nuestra anfitriona responde que sí, que aquí tiene tres platos hondos de vidrio templado verde, a doña Tere no le tiemblan los dedos y apurada dice que ella los quiere. Pero esas no son las reglas. La anfitriona tiene que darnos un código y, como sospecha la tensión que se vive en el chat de compradoras, se demora en describir los platos que, para mi absoluta decepción, son de la marca bonaerense Durax. 

Así como Cristal Chile produjo la vajilla Futura entre 1976 y 1979, y Vidraria Santa Marina produjo Colorex desde 1961 en Brasil, el mayor exponente de vidrio templado en Argentina fue y continúa siendo Durax. Es habitual encontrar estas marcas en ferias, mercadillos y persas de Santiago, sobre todo en el Persa Biobío, pero también abunda en Facebook Marketplace, como si una generación de personas estuviera muriendo y sus herederos no quisieran conservar sus vajillas. Palurdos.

Duralex 2000: Entre 1959 y 1999, en España operó la única fábrica fuera de Francia con la licencia para producir vidrio templado Duralex.

Entonces, llega un momento en la vida de todo coleccionista en el que te preguntas: ¿será que puedo ampliar mi colección hacia nuevas geografías? Son del mismo material, época y, discutiblemente, diseño. Además, al igual que Duralex, Durax ahora es controlada por una cooperativa de trabajadores que, ante el inminente cierre de su fábrica en Avellaneda, decidió organizarse y proteger algo que a estas alturas es patrimonio nacional. ¿No es increíble que, en dos continentes diferentes, dos fábricas de vidrio hayan experimentado trayectorias sindicales tan similares? ¿Acaso no es motivo suficiente para rendirme a los encantos de la vajilla de Avellaneda? Más que mal, llevo casi dos horas conectada a esta transmisión y no puedo irme con las manos vacías, concluyo.

Pero en el frágil mundo de las ventas por TikTok no hay espacio para la duda. ‘Dedos rápidos’ @camikaze29 no lo dudó y en los tres segundos que divagué sobre marxismo acabó con mis posibilidades. Alta traición, felonía, perfidia de la maldita. Uno supondría que el interceder por alguien se traduciría en una suerte de reciprocidad, pero no, este lugar es una jungla donde la mejor conexión a Internet gana, y yo solo me desconecto indignada.

*No confundir con la loza inglesa conmemorativa, esa que ahora tiene la cara de Camilla Parker Bowles y que pasa sin pena ni gloria.

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