Gonzalo Donoso: el lente de una generación

Eran los años 80 cuando Gonzalo Donoso comenzó a registrar a músicos y artistas. La incipiente escena del rock y punk en Chile estaba mostrando sus primeras luces, siendo para Donoso la puerta de bienvenida a Santiago como penquista: “Yo creo que esto de fotografiar músicos se da sin quererlo, sin buscarlo, de manera espontánea”, dice.

La amistad con la banda “Pinochet Boys” y la cercanía en general que tenía con la escena del momento, lo llevaron a dedicar cada vez más tiempo a la fotografía. El círculo de artistas que nacía en el momento resultaba contestatario por esencia, la dictadura llevaba casi una década de represión y las tocatas, juntas y espacios de autogestión significaban uno de los pocos lugares donde tenía cabida el arte. 

Pasaron incontables noches en Matucana 19, espacio que se abrió a manifestaciones artísticas que gracias a su estratégico posicionamiento a media cuadra de Estación Central le dejaba pocos vecinos y espacios residenciales, lo que facilitaba la organización de carretes y peñas sin riesgo de sufrir censura. 

Pasó de fotografiar a sus amigos y cercanos, a recopilar uno de los registros más completos de músicos chilenos, con múltiples trabajos para la revista Rock&Pop, Caras, la mítica portada de los Bunkers para la Rolling Stone e incluso la portada del disco homónimo de Upa!. Desde ese punto, diferentes bandas, proyectos solistas y artistas de un gran impacto cultural fueron el punto de enfoque para Donoso, Con David Bowie como el más grande ejemplo de esos artistas que pasaron de estar en el casete que se traían de Europa, a estar frente a su lente listo para ser retratado. 

***

Retrato de Gonzalo Donoso por Vicente Castillo

Gonzalo entra al café público del GAM. El murmullo de las conversaciones se mezcla con la música que suavemente suena a través de los parlantes. Entre el aroma a café y el frío de la mañana, observa a la cafetera y al barista que atiende. Al salir del trance, la ausencia de sus lentes lo obliga a repasar con atención mesa por mesa, pero prontamente me reconoce a lo lejos y hace un gesto con la mano apurando el paso mientras sonríe. 

–Concepción es siempre señalada como la “cuna del rock”, ¿qué te parece esa etiqueta hoy? 

–Para mí, Concepción es algo mucho más amplio: Es una ciudad de la música. Claro, están Los Tres, Los Bunkers o Emociones Clandestinas, Santos Dumont, pero la comuna también tiene una orquesta sinfónica y una tradición radial muy profunda. En ese entonces programas como Nueva Dimensión nos enseñaron desde música progresiva y fusión hasta que a finales de los años setenta e inicios de los ochenta, llega el  New Wave y el Punk. 

Primero hubo un giro con la New Wave y con el punk en la radio, los mismos auditores de la radio reclamaron: “¿qué es lo que estamos escuchando?” No entendían nada. Pero ellos defendían su postura y empezaron a mostrar música nueva.

Yo creo que gran parte de esta escena no tiene que ver solamente con el clima lluvioso, es el entorno, el río Bio-Bio, la Universidad de Concepción con su arquitectura y su campus abierto genera un cruce constante entre facultades, movimientos políticos y peñas folklóricas. Había música por todos lados, todos los estilos, en una ciudad que ni siquiera era tan grande.

Upa! 1986 _. Fotografía por Gonzalo Donoso

–¿Esa efervescencia fue la que te llevó a la fotografía?

Al principio fue una fascinación por la música y las carátulas de los discos. En el Chile de la dictadura, las revistas extranjeras como New Musical Express o Rock and Folk eran ventanas a mundos distintos. Más que pensar en «ser fotógrafo», había un encantamiento por esa estética que era mucho más atractiva que lo que veíamos en la televisión de la época. 

–Yo creo que esto de fotografiar músicos se da sin quererlo, sin buscarlo, de manera espontánea. La respuesta está en juntarse con músicos, disfrutar de los conciertos, escuchar música juntos, hablar de ella y encontrarnos para socializar la escucha. Los videoclips, revistas, casetes y discos son parte de una tribu cultural donde la música es protagonista.

ruta 68, 1986_. Fotografía por Gonzalo Donoso

–¿Qué encuentras tú en un músico que no encuentras en otro sujeto de fotografía?

–Retratar músicos creo que tiene una ventaja y diferencia respecto a fotografiar a otros sujetos. Los músicos suelen conocer la imagen que quieren proyectar de sí mismos, se auto producen y le dan importancia a su vestuario, a sus accesorios cortes de pelo y sobre todo la manera de enfrentar la cámara, sin miedo a la exhibición.

–Empezaste con cámaras muy básicas. ¿Cómo fue ese paso de la afición a la técnica?

–Mi primera cámara fue una Agfa 110 Pocket que a punta de mesada me logré encargar y luego pasé a una Zenit rusa, totalmente manual. Ahí las palabras son mayores: Tenías que medir la luz con una agujita, calcular la velocidad y el diafragma —Menciona mientras hace el gesto de sostener una cámara—.

Cuando llegué a Santiago a estudiar Arte y Fotografía, me obsesioné con el cuarto oscuro. Todo lo que hacía —fotos de mis amigos, conciertos o fiestas— empezó a integrarse con mis estudios. Mi primer trabajo pagado fue en 1986, haciendo la carátula del primer casete de Upa! para EMI. No pensaba en términos de profesión todavía, pero sí empecé a dedicarle todo mi tiempo y mi plata al revelado y al papel.

La intimidad en el retrato

–Hay una foto tuya de Jorge González muy distinta a la imagen disruptiva que los medios proyectaban de él en los años noventa. Se ve íntimo, relajado. ¿Cómo surgió?

–Fue una casualidad total, caminando por la calle 8 en el East Village de Manhattan. Esos son barrios bonitos donde había onda, cafés y disquerías. Nos encontramos en la calle, nos saludamos y me dijo “anda a verme”, fui obviamente. 

En ese tiempo él estaba estudiando sonido, en Nueva York, pasé a Boston un par de días y lo fui a ver a su casa, una vez ahí, escuchamos música. Ahí al terminar de pasar la tarde conversando le pedí una foto y aceptó, con la única condición de que no fuera para ningún medio en ese momento. 

No hubo dirección, ni estudio, esto ocurrió de manera totalmente espontánea, sin ningún plan. Incluso, estaban guardadas como fotos de recuerdo personal, por esto mismo, esa foto la publiqué veinte años después.

Jorge Gonzalez NY, _95. Fotografía por Gonzalo Donoso

–Te tocó vivir el salto del análogo al digital a principios de los 2000. ¿Qué se ganó y qué se perdió en ese proceso?

–El cambio fue rápido por una cuestión de productividad. En los 90, trabajando para medios, usaba mucha diapositiva, pero el blanco y negro requería horas de encierro en el cuarto oscuro. Cuando la carga de trabajo aumentó, lo digital permitió optimizar los tiempos.

Sin embargo, hay algo en la película análoga que te obliga a conectarte más con el retratado. El proceso es más lento: tienes que rebobinar, cambiar el rollo, pensar cada uno de los 36 disparos. Lo digital trajo una velocidad donde casi no hay límites, pero eso también puede desconectarnos de la experiencia.

–Eso se nota mucho hoy en los conciertos, tapados de celulares grabando al mismo tiempo, ¿no?

Esto de tener el celular que permite grabar en cualquier momento puede ser super bueno para documentar una situación, por ejemplo, en una en una protesta o en una marcha, puede ser un excelente documento. Pero, si estás siempre con el celular en la mano o mirando el celular o pegado en las redes sociales, también te estás perdiendo de algo, de la experiencia de lo que está ocurriendo. ¿Para qué lo quieres registrar si te perdiste la experiencia de estar ahí?

Chancho en piedra 1997. Fotografía por Gonzalo Donoso

El archivo como contribución

–Después de casi 40 años de carrera, ¿cómo ves tu archivo hoy?

Es extenso y, a veces, me asusta. Tengo cajoneras llenas de negativos que ni siquiera he digitalizado por completo. Pero creo que lo que define a un fotógrafo es la capacidad de armar series. Esas series son las que terminan siendo una contribución a la comunidad.

Hoy me interesa mucho la danza contemporánea por su dinamismo, pero sigo fotografiando bandas nuevas. Mi idea es seguir editando, quizás publicar un libro que incluya a músicos extranjeros (Bowie, Sting, Charly García) o artistas visuales y escritores. Revisitar el archivo es un ejercicio de afinación constante. 

BOWIE4. Fotografía por Gonzalo Donoso

—¿Esto cómo se puede aplicar al trabajo técnico?

El tema técnico siempre a los fotógrafos nos va a gustar, hay fotógrafos que hablan de que lo más relevante es armar narrativas, pero yo creo que las narrativas se van construyendo con el tiempo y es difícil decir “Quiero narrar esto o esto otro” eso va cambiando, como decía Raúl Ruiz: “Los guiones de fierro se oxidan”. Entonces uno va cambiando la manera de fotografiar, por lo mismo esto nace de la experimentación técnica. 

***

Terminada la conversación, la mesa relata el final de la entrevista. Con las tazas completamente despojadas de su café y la libreta con quizás unos diez apuntes a la rápida. El teléfono de cada uno y el libro de Gonzalo Retratos Músicos Chilenos  con un par de notas adhesivas abierto por la mitad. Donoso se levanta y con el atrevimiento que solo podría tener un fotógrafo, da ideas para la portada de la entrevista; recomienda jugar con los reflejos, se sienta a través del vidrio y posa a medida que avanza la sesión.

Con varias fotos realizadas, el sol se posa con todo su esplendor a medida que llegan las tres de la tarde. Gonzalo disimula su apuro al consultarme si estamos listos con las fotos que tenemos. Le muestro en la pantalla de la cámara diferentes opciones y se detiene en una, donde aparece sonriendo, mirando directamente al lente: “Me representa más, ¿sabí?, me siento más yo”.

Retrato de Gonzalo Donoso por Vicente Castillo

3 comentarios en “Gonzalo Donoso: el lente de una generación”

  1. Buena entrevista, Gonzalo un gran fotógrafo, el me regalo para mi matrimonio, una foto de Charly Garcia, la cual la guardo y la cuido en mi hogar! Felicitaciones al realizador de esta entrevista!

    1. Excelente entrevista y muy entretenida. Además con ese entrevistado de lujo no podía salir mal aunque lo quisieran. Gracias Gonzalo y gracias Vicente por esta entrevista

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