Una leyenda viva aterrizó por primera vez en Chile, país que, asegura, “es una figura casi mitológica en América Latina”. La historia de Ney Matogrosso (1941) y la de sus artes –en plural, porque es cantante, bailarín y actor– se mezclan con lo mejor de Brasil y de su inclasificable música.
Nacido en Bella Vista, en Mato Grosso do Sul, Ney está acostumbrado a la libertad personal, sexual y creativa. Hace cinco décadas se enfrentó a la dictadura brasileña de manera desinhibida a través de Secos & Molhados; luego, en solitario, empujó aún más lejos los límites de la canción popular, mezclando rock, samba, bolero y música latinoamericana. Escucharlo es escuchar también a otros maestros brasileños, como Chico Buarque, Cartola, Caetano Veloso, Elis Regina y Paulinho da Viola.
Esa trayectoria fue revisitada en la película Homem com H, una emotiva biopic que rompió fronteras y llegó a Netflix. Su vínculo con las artes escénicas no es menor. “No sé explicar por qué, pero eso vino conmigo desde el comienzo y sigue ahí hasta hoy. Tengo un lado teatral muy fuerte, muy fuerte. Yo no logro ver una cosa separada de la otra, todo es una sola cosa. Pero ¿sabes? Yo adoro actuar. Me encanta cuando hago películas”, comenta desde un hotel en el centro de Santiago.
Su consagración llegó hace tiempo: fue definido por Rita Lee como “el David Bowie” brasileño; ganó el Grammy Latino a la Excelencia Musical (2014) y fue considerado por la revista Rolling Stone como una de las voces más grandes de todos los tiempos.
Hoy, dice, se siente incluso más disponible que antes. “Yo no suelo hacer giras por el mundo, pero este año yo no sé qué pasa conmigo, pero me estoy sintiendo disponible hasta para ser parte de una escuela de samba (Imperatriz lo homenajeará este carnaval), algo que desde los años 1970 me buscan y yo no quiero… Este año acepté”.
—¿Por qué?
—No sé por qué, algo adentro mío se desarmó frente a esas cosas y yo estoy aceptando. Y no puedo negar que ser homenajeado por una escuela de samba es hermoso (se ríe).
La gira a la que se refiere es Bloco na rua, que ha sido un éxito absoluto tanto en Brasil como en Portugal, Estados Unidos e Inglaterra, y que presentará mañana en el Teatro Caupolicán el marco de una alianza entre el Festival Teatro a Mil y ¡Hola Río!
Aunque reconoce su libertad feroz, Ney es tajante al decir que hay un elemento que persiste: “Las emociones siempre estuvieron presentes en mi obra. Son parte de mi trabajo”.
Antes de llegar a Chile, había dicho en un punto de prensa virtual que su relación con el público evolucionó de ser algo más bien sexual a algo amoroso. Ya preparándose para el concierto de mañana lo explica mejor: “Fue algo natural, yo no determiné nada. Eso no significa que no sea sexual, solo no es agresivamente sexual como era antes. Pero sigue habiendo un componente de sexualidad. Es algo que no puedo controlar. Para mí, la sexualidad es parte de todo”.

En escena, Ney siempre tensó los límites del pudor, ya fuera a través del gesto, de la voz o de la palabra, como cuando al interpretar a Cazuza subrayaba el goce sin eufemismos: “Fodia (tenía sexo) pra ser feliz”, cantaba, haciendo un juego de palabras, en el estribillo de Pro día nascer feliz.
—Hace años, estábamos viendo la televisión con mi madre y ella me dijo que te había visto en persona, y que le sorprendió verte tan bajo perfil, tímido incluso. ¿Cómo juegas con esos dos Neys, uno personal y el otro público?
—Personalmente yo no pretendo llamar la atención. En el escenario sí. En el escenario yo necesito llamar la atención, pero por las cosas que yo hago, por el arte, no por la locura. Afuera del escenario no siento ninguna necesidad de ser el centro de las atenciones. De verdad que no, me gusta andar en la calle. Y si pierdo eso, para mí sería muy triste.
Ney cuenta que al principio tenía “mucho miedo” de ser artista y no andar en la calle y que sus máscaras, disfraces y maquillajes en los primeros años de la carrera existieron para “protegerlo” de eso.
El temor nació luego de que viera a Roberto Carlos en el aeropuerto. “Yo vi una multitud corriendo en su dirección y yo vi el pánico en su cara. Y dije ‘Dios mío, debe ser horrible ser artista, porque una multitud corre hacia ti’. Yo vi que él sintió pánico, pero claro, él tenía un motivo, porque tiene una discapacidad física y se puede caer. Pero yo me quedé con eso en la cabeza”.
Por eso, dice, ha disfrutado de instancias de anonimato, de desaparecer del ruido, lo que también se conecta con su relación con la naturaleza, un espacio a lo que ha vuelto una y otra vez como forma de equilibrio. “Yo tapaba mi rostro para que nadie supiera quién era yo”. “En el auge de Secos & Molhados, hicimos un (concierto) Maracanãzinho para 20 mil personas, con otras 20.000 afuera. Al día siguiente, yo estaba en la playa, acostado, de sunga, tomando sol y escuchando a la gente hablar de mí. Decían absurdos también. Yo nunca me importé con los absurdos que hablaban de mí, excepto por las mentiras. Las mentiras me daban pena y yo me quejaba”, relata.
Sobre las restricciones que había en ese período, dice que “nunca se preocupó”: “Yo sabía que si me preocupara con la censura, no podría dar ni tres pasos. Entonces yo pensaba ‘bueno, es trabajo de ellos censurar, yo no me voy a censurar’. Fue desde ese lugar que yo me posicioné, para tener la libertad de manifestación. Se necesitaba tener un cierto grado de coraje, porque era todo muy pesado, fue un momento muy difícil en Brasil y en el mundo. Yo recibía muchas advertencias de que me estaba excediendo. En una oportunidad, Chico Buarque tenía que conversar con la censura y me contó que estaba en una sala, conversando con los censores y escuchó alguien decir ‘Ah, Ney Matogrosso… Solo si lo matamos’. Esa era la mentalidad.


—Y hoy, ¿cómo lidias con los discursos más conservadores?
—Lo que estamos viendo es el regreso de un pueblo loco que censura todo. Todo es feo, nada se puede, solo religión. Yo creo que la religión es parte de la vida de todos nosotros, de alguna forma, pero tampoco puede ser lo único.
—Siempre has sido un artista que huye de las reglas. ¿Cuál diría que es el rol de tu arte en el mundo actual?
—Yo sigo siendo el mismo de siempre, porque no está todo mejor, no está todo superado. Yo sigo siendo transgresor, cualquier cosita extra que yo haga es una transgresión. Pero no me preocupa más eso, ¿sabes? Yo llego a los lugares, me presento y a quien le gustó, bien, si a alguien no le gustó, ¿qué puedo hacer? Claro, hay gente que piensa de forma distinta a la mía y yo entiendo eso, entonces yo sufro algunos ataques, pero nunca fue nada tan catastrófico. Cuando veo eso en internet, la gran mayoría habla bien de mí, pero también hay gente que dice absurdos. Yo lo borro y listo. Y sigo, vida que sigue.
—Finalmente, este festival tiene como lema “El arte sí importa”. Considerando el momento sociopolítico que estamos viviendo, ¿por qué dirías que sí importa el arte?
—Porque el arte siempre importó. El arte es un camino para aperturas, aperturas sean cuales sean. En el teatro, en la música, en todo. Yo creo que eso es, yo sigo sin censura.
—¿Qué apertura te gustaría ver?
—¿En el mundo? Uff, hay muchas cosas que deben cambiar. Vemos mucha locura ocurriendo en los mayores países, en los más poderosos. La locura está suelta.
*Las entradas para el concierto de Ney Matogrosso están a la venta aquí.
FOTOGRAFÍAS FACILITADAS POR NEY MATOGROSSO.





