EMMANUEL CARRÈRE EN CHILE: “HAY GENTE CON UNA CIERTA PREDISPOSICIÓN A SER FELIZ. NO ES MI CASO”

Su visita desató una pequeña revolución de las letras durante los últimos días. Cientos de personas abarrotaron la Biblioteca Nicanor Parra de la Universidad Diego Portales, entre ex presidentes, personalidades del mundo literario y devotos de su obra que hasta lo candidatean al Nobel por su aporte a la narrativa contemporánea, por la electricidad de sus textos, y por eso que la periodista argentina Leila Guerriero definió como “la ambivalencia de acercarse a los demás para comprenderlos y, al mismo tiempo, desconfiar de sí mismo”.

El escritor francés Emmanuel CarrÈre es una estrella de rock atípica. Lleva días en Chile, asistiendo a entrevistas, participando de encuentros con seguidores, recibiendo honores y vítores de todo tipo, pero su rostro no parece registrar esas alabanzas. O tal vez sí, pero elige pasar de ellas, trasluciendo una siempre amable y compuesta incomodidad.

El autor de Limónov, maestro de la literatura del yo, es un hombre parco, serio, algo melancólico, que evita hablar de lo que no sabe, pero también mide sus palabras con aquello que maneja. Está en plena gira por Latinoamérica presentando Koljós, su novela más reciente, y entrega respuestas precisas, meditadas, antecedidas muchas veces por silencios donde escoge con cuidado las palabras que vendrán a continuación, las cuales entrega en un tono moderado, pero firme.

“Nunca había hecho un tour por cinco países. Es impresionante, pero es una locura”, le comentó al auditorio repleto que reservó con semanas de anticipación entradas que se agotaron en tiempo récord, antes de confesar con simpatía que estaba cansado y se quería ir a acostar.

En sus más de cuarenta años de trayectoria, Carrère ha escrito sobre vidas ajenas, secretos familiares, tragedias y obsesiones políticas. Y aunque las tramas de cada novela difieren enormemente, todas —al menos en los últimos 26 años— parecen girar en torno a ese límite borroso que transita una y otra vez: ¿Hasta dónde se puede llegar al tomar la experiencia de otros y transformarla en literatura?

Hubo un tiempo en que escribió ficción, pero desde El adversario (2000) —la historia de un sujeto que fingió por décadas ser un médico exitoso y asesinó a su familia al ser descubierto— se dedica a contar historias reales, en primera persona: “La forma se impone por sí misma, lo elige a uno. No sé si lo haré siempre, pero por el momento es mi lugar”, apuntó en el marco de un encuentro con la prensa local al que Revista Abismo tuvo acceso.

Por su disposición a sacrificar la privacidad propia y ajena en favor de la escritura, Carrère piensa que muchos de sus lectores lo conocen mejor que él mismo —en Una novela rusa reveló el oscuro secreto familiar que liga a su abuelo con el nazismo y en Yoga narró su depresión y el deterioro de su vida personal, por citar dos ejemplos—: “Son situaciones engorrosas, pero no puedo quejarme porque nadie me obligó a escribir este tipo de libros. Si uno hace esto, se expone a que gente que está ahí al frente nos conozca mejor de lo que uno mismo se conoce y se crea una situación un poco extraña, a la que he tenido que adaptarme”.

En Koljós regresó al terreno de la historia familiar, motivado por la muerte de sus nonagenarios padres, una destacada historiadora que recibió un funeral de Estado y un ejecutivo de seguros jubilado de fama más bien modesta. A sus 68 años, el francés reconoce que su fallecimiento fue “una suerte de convulsión psíquica” y que le significó darse cuenta de que “ya no se está en el mismo lugar en la cadena de las generaciones, ya se está en primera línea ante la muerte”.

“Tengo la impresión de entrar en la última fase de mi vida. Entro en la vejez y es un momento en que forzosamente nos tornamos hacia la propia vida y en lo que me concierne ante la vida de mis padres”.

Un libro marcado por el duelo, en que miró hacia atrás y retrocedió a su infancia, donde, para su propia sorpresa, se encontró reviviendo recuerdos dichosos: “No me veo como una persona extremadamente feliz, aunque en términos de condiciones externas, objetivas, he llevado una vida privilegiada”, reconoció. “Hay gente con una cierta predisposición a ser feliz, que vive plenamente con alegría. No es mi caso. La verdad es que estuve sorprendido con la calidad tan feliz de estos recuerdos que afloraban”.

NO (VOLVER A) HACER DAÑO

Carrère no es solo autor, sino también el narrador de sus relatos. En algunos, como Yoga o Una novela rusa -los que define autobiográficos- la trama gira sobre él y, en otros ejerce como testigo de vidas ajenas.

Durante su visita a la UDP, el autor francés explicó: “En realidad no sé si escribo sobre mí mismo para comprenderme mejor o comprender mejor lo que no soy. Tengo la impresión de que los relatos autobiográficos permiten comprender mejor ciertas preguntas, pero en los otros libros soy esencialmente un testigo y si ocupo la primera persona es para hablar de aspectos de la vida que no comprendo, no conozco. Uso mi juego, escribir en primera persona, como un instrumento de conocimiento no tanto de mí, sino de lo que está afuera”.

“Es la naturaleza del libro la que dicta esa mayor o menor presencia, pero los problemas éticos no cambian tanto porque los problemas éticos no son respecto a uno mismo, sino a los otros”, apuntó.

Por eso, Emmanuel Carrère se prometió no dañar al escribir y cree haber cumplido con su mantra, al menos en los últimos 16 años.

Antes de eso escribió Una novela rusa, novela en la que decidió contar una historia que le pertenecía tanto a él como a su madre: la de su abuelo materno, desaparecido tras el fin de la Segunda Guerra Mundial y muy probablemente ejecutado por colaborar con el nazismo. Los Carrère habían construido un pacto de silencio alrededor de aquel pasado y su madre no quería que se escribiera sobre eso, pero él lo hizo. Sabía que podía herirla, pero también sentía que era una historia que debía contar.

Al mismo tiempo, reconoce que esa escritura “problemática” lo sacó de la depresión en que estaba sumido y que, de una manera “violenta y transgresora”, le salvó la vida y permitió que volviera a su actividad literaria.

Consultado hoy al respecto, Carrère no evade los hechos: “El único límite, la regla que no se debe transgredir es no dañar o herir gravemente a la persona de la que se habla. Pero yo fui más allá de ese límite, con mi madre y mi pareja de la época. No puedo decir que lamento haberlo hecho, lo que se hizo, se hizo; pero no voy a hacerlo de nuevo”, reflexionó.

Y agregó: “Me puedo presentar sin mentir como una persona extremadamente moral, en el sentido de ver y distinguir muy bien la diferencia entre el bien y el mal, pero eso no significa que me comporte siempre bien. San Pablo lo decía: ¿Por qué si me gusta el bien hago el mal? No es algo que se escriba con fuego”.

COMPRENDER EL MISTERIO DEL SER

En su panteón de personajes aparecen seres tan diversos como Jean-Claude Romand (el falso médico que mató a su familia cuando se expuso su fachada de vida), Eduard Limónov (poeta marginal, dirigente nacionalista ruso y vagabundo en Nueva York) y los cómplices del atentado yihadista del Bataclan que acabó con la vida de 130 civiles en París.

Son personajes dignos de novelas, que no por parecer inventados dejan de ser reales. Individuos que desbordan las categorizaciones simplistas o las explicaciones definitivas. Contradictorios, asombrosos en su banalidad, atrapantes en su locura, Carrère ha construido parte de su carrera en base a retratarlos, no para ponerse en su lugar, sino por el propósito noble pero improbable de llegar alguna vez a comprenderlos.

Así lo explicó en Chile: “Podemos acumular todos los datos del mundo, hacer todas las investigaciones y, en cierto momento, seguir enfrentados al misterio de las cosas, de lo más profundo del ser”.

Sobre Limónov, fallecido en 2020, Carrère recordó que “era un fascista, pero bastante simpático y no tenía problemas en tener una relación amistosa con él”.

“Me decía que yo era todo lo que él despreciaba: un burgués intelectual socialdemócrata blandengue, todo lo que lo hacía vomitar. Me decía que si estuviera en el poder me mandaría a fusilar, pero que, aparte de eso, me quería mucho. Y en el fondo, se comportaba como si hubiésemos asaltado un banco juntos”, agregó.

Para el autor, pese a que el dirigente le dio a entender que había despreciado el retrato que dibujó de él, “en el fondo estaba encantado con la notoriedad y haber alcanzado una celebridad mayor a la que tenía en Rusia. Ser el héroe de una novela era su sueño”.

De Romand, protagonista de El adversario, hoy en libertad tras cumplir una condena de 22 años, el escritor europeo señala que “era un criminal extraordinariamente interesante, porque su historia, sus mentiras, toman en cuenta algo que existe de una manera muy profunda entre todos nosotros”.

Por el contrario, los terroristas del V13 no le parecieron nada atractivos. “Pensaba que eran unos cretinos. Estaba mucho más interesado en los sobrevivientes, en las víctimas y en las familias de las víctimas”.

No por nada, en ese libro que describe el juicio de los yihadistas, cita a Simone Weil cuando dijo que “el mal imaginario es romántico, novelesco, variado; pero el mal real es triste, monótono, desértico, aburrido”.

“Pienso que fui un buen periodista para contar lo que vivieron las víctimas y quienes sobrevivieron, pero estaba desarmado frente a los acusados, no los entendía realmente. Intentaba comprender y había elementos que me permitían acercarme a lo largo del proceso, pero nunca alcancé a tener con ellos un real sentimiento de afinidad”, reflexionó.

RETRATAR, NO OPINAR

Consultado en el encuentro con la prensa por su forma de acercarse a los hechos, la estrella invitada insistió en que su rol no está en la denuncia ni en la absolución de los acusados, sino en la posibilidad del entendimiento.

“Hay dos tipos de periodistas”, explicó. “Están los que emiten opiniones y los que hacen el reportaje, que intentan contar situaciones complejas, dejando en un lugar bastante reservado sus sentimientos. No tengo ningún desprecio por la primera familia del periodismo, pero yo pertenezco a la segunda”.

Y agregó: “Soy siempre un poco reticente en dar mi opinión, porque no confío mucho en mi opinión”.

“Y si en el camino cambio de opinión sobre algo, el proceso de escritura me obliga justamente a registrarlo. Debo escribir sobre eso”, manifestó.

Ajeno a polémicas como la exclusión de su compatriota Simone de Beauvoir de la lista de autoras recomendadas por el Prodemu, Carrère se remite a lo que sabe y evita entrar en detalles de su visión del mundo, aunque sí comparte algo sobre su proceso de escritura.

“Tengo editores que me dan indicaciones, pero soy yo quién sabe cuándo se termina la historia. Eso es lo importante: saber cuándo se termina. Porque está el riesgo de querer continuar, de querer perfeccionarlo, y es cierto, siempre puede ser perfectible, pero también se puede dañar la obra. Mi teoría es que cuando se vuelve a poner una coma allí donde se le sacó, es que hay que retirarse”, contó, recibiendo las risas de una audiencia entregada, que intentó correr el cerco de los límites difusos de la intimidad para entender mejor los misterios del autor.

“Y entonces nos vamos a detener acá. Vamos a volver a poner el punto”, cerró.

Carrère se levantó, recibió los aplausos de sus interlocutores -algunos de los miles que ha recibido durante esta gira latinoamericana- y se retiró para seguir con su larga lista de actividades promocionales, a las que asistirá con una sonrisa tenue, una amable incomodidad y esa desconfianza hacia sí mismo, cargada de melancolía, que tanto y tan bien caracteriza su obra.

*FOTOGRAFÍAS DE PEDRO PABLO RAMÍREZ | MIGRAR PHOTO PARA REVISTA ABISMO.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Lo que trae enseñar

Hace unas semanas despedíamos a una amiga profesora que dejaba de dedicarse a la docencia para entrar en otros proyectos. Celebramos la valentía que implica

Leer más »

Condenados

El Plan de Lectura del Gobierno de Shile tiene una instancia que a mí como escritor me gusta mucho. No sé a quién se le

Leer más »
Ir al contenido