Los tatuajes de dos círculos perfectos, vacíos e idénticos, marcan la parte frontal de sus hombros. Debajo de la clavícula, a cada lado de su rostro, uno del lado derecho y otro del izquierdo, se dibujan como recordatorio simbólico de que ella habita el lugar del medio. Tanto en la literatura como en su vida personal Catherine Lacey (Tupelo, Mississippi, 1985) se sitúa entre categorías. Sus libros mezclan ficción con no ficción, fábula y ciencia ficción con crítica social y biografía con novela, como es el caso de Biografía de X (Penguin Random House, 2024), recientemente traducida al español. En él, a través del personaje de la viuda que hace las veces de narradora, cuenta la historia de la fallecida X, una artista iconoclasta y controversial que era un misterio incluso para la mujer con la que compartió su vida.
La obra, catalogada como mejor libro del año por la revista Times, está en una zona liminal. Se presenta como una biografía documental —tiene pie de páginas que forman parte del juego ficcional— y además fusiona invención, investigación y política pues plantea un escenario en donde después de la Segunda Guerra Mundial, una teocracia fascista llamada Territorio del Sur se separó del resto de los Estados Unidos.
—A menudo parece que escribes para probar la resistencia de las categorías literarias. Mezclas géneros, voces y registros, y desafías las etiquetas que suelen organizar la realidad. ¿Llevas esa ruptura a tu vida personal?
—No había hecho la conexión, pero sí. Por ejemplo, yo siempre he sido bisexual. No hay un momento en que yo dijera “ok, ahora estoy consciente de esto”. Fue más bien como permitirme existir en la zona gris de la sexualidad.
—La razón por la que hago este planteamiento es porque en el mundo de hoy todo está demasiado dividido en categorías y no hay tanto espacio para vivir en el medio.
—Creo que antes había aún menos espacio. Ahora tenemos todas estas palabras que antes no teníamos. Hay pequeñas cajas para todo, no importa lo que seas, hay una pequeña caja para ti. Sin embargo, la mayoría de las personas existimos entre esas categorías. El lenguaje es una forma de categorizar el mundo, pero puedes darle significado a una palabra cuando la juntas con otra. Así es como entras en los grises.
—¿Crees que tu identidad como bisexual ha influenciado tu literatura?
—Sí, porque la bisexualidad no tiene que ver con sexo únicamente, sino con las formas en las que nos relacionamos, los roles que queremos desempeñar en esas relaciones, la manera en que nos sentimos cómodos habitando el mundo y el tipo de energía (no tengo una palabra mejor que energía) que nos impulsa; femenina y/o masculina. Se trata de cómo operamos en el mundo, que en mi caso siempre se ha sentido como un poco masculina, un poco femenina y un poco neutra. Y eso influye en la forma en la que escribo, por supuesto. No hay una división. Pero estuve muy incómoda por un tiempo. Pensaba “¿por qué tengo que reclamar esta palabra?”, la gente heterosexual no tiene que decir “soy heterosexual”. Creía que no era importante hablar de mi bisexualidad, pero cada vez que lo hago en público, recibo un montón de emails de gente; amigos que yo pensaba que eran heterosexuales diciéndome “yo me siento igual y nunca he sabido cómo hablar de eso”. No sabemos cómo describir lo que está en el medio.
—En tu último libro The Möbious Book (Farrar, Straus and Giroux, 2025), que todavía no ha sido traducido al español, el personaje de Marie, que está separándose de otra mujer, bromea con que quiere ser un padre, no una madre. ¿Te interesa explorar las maneras en que las mujeres se vinculan y se enfrentan a los distintos roles que la sociedad les impone?
—Sí y a propósito de lo que dice Marie, creo que, aunque las mujeres fuésemos tratadas igualmente, siempre va ser diferente la relación que tiene un padre con sus hijos que la que tiene una madre con sus hijos, por el factor físico del embarazo y el parto. Yo no estaba tan interesada en ser una mamá, pero creo que sí hubiera podido ser un papá. La capacidad de parir y de criar hijos cambia tu relación con el mundo y tiene un efecto en ti. Las mujeres y los hombres tenemos diferentes composiciones hormonales y eso marca una diferencia. Sin embargo, no tenemos que ser iguales para ser tratados igualmente. Me interesa la gente que tiene hijos y el proceso de criarlos. Yo no los tengo, pero presto mucha atención a mis amigos que sí, y la relación que tienen con la maternidad o la paternidad es fascinante. Me gusta poder verlo desde afuera. Es suficiente para mí. Es hardcore tener hijos, es heavymetal. Mis amigos que no tienen hijos han tomado esa decisión porque no les interesan o les gustan los niños. No es mi caso.
Entre fronteras

El proceso que Catherine Lacey siguió para meterse en la piel de su personaje X incluyó disfrazarse. Se ponía pelucas, cambiaba su vestuario y aunque en un momento pensó que se tomaría fotos en las que luciría diferente en cada una de ellas —al estilo de lo que hace la artista Cindy Sherman— no llegó hasta allí.
—Intentaba meterme en la personalidad de X, siguiendo su impulso de desaparecer. Para ella era una estrategia de supervivencia. Yo nunca he sentido esa urgencia, pero sí quería defamiliarizarme de mí un poco. Hacer esto me ayudó.
—Ya en Las respuestas (Penguin Random House, 2018) habías experimentado con la ciencia ficción y la psicología. ¿Cómo nació esa mezcla entre investigación, invención y política que atraviesa ambos libros? ¿Qué te interesa de la forma biográfica como dispositivo narrativo y de su relación con la verdad?
—Mi primera novela es la única que no ha mezclado formas. No era tan innovadora, pero creo que es porque fue la primera y no sabía si iba a poder hacerla. Después de escribirla me dije “ok, puedo hacer esto” y fue cuando me sentí cómoda haciendo espacio para las otras cosas que me interesan: la música, la ciencia, la historia, etc. ¿Qué más puede hacer un libro?, ¿qué más puede hacer una novela?, son preguntas que siempre tengo. No me interesan únicamente los libros, me interesa el mundo. No escribo únicamente en la tradición de libros que conversan con otros libros. La literatura obviamente es muy importante para mí, pero no es mi única influencia.
—Y en este sentido, asumo que estabas interesada en la biografía. Leyéndolas, aprendiendo sobre ellas…
—Cuando fui a estudiar postgrado, lo hice en escritura de no ficción porque quería dedicarme a escribir perfiles. Me gusta la relación uno a uno con el sujeto. Leí muchas biografías, pero no pensé que sería algo que yo haría, por más interesada que estuviese, no soy tan organizada, y es tanto trabajo, revisar los archivos, traer una nueva perspectiva; que pensé que no podría. Pero me interesaban los escritores que escogen la biografía como su forma de escritura. De cierta forma es como un matrimonio. Tienes que comprometerte por una década al menos. Ese aspecto de la relación a largo plazo me atraía. Las biografías están motivadas por el amor o la fascinación que uno tiene con respecto al sujeto.
—Mencionaste el archivo y este es un tema que se ha vuelto cada vez más relevante en la literatura contemporánea. La escritora mexicana Cristina Rivera Garza dice que el archivo no es sólo una fuente de inspiración, sino una modalidad de la escritura misma. ¿Cómo es tu relación con el archivo? ¿Cómo lo integras a tus procesos de escritura?
—Lo bueno de escribir una biografía falsa es que cualquier cosa puede ser material de archivo. Así que traté al mundo como mi archivo. Sin embargo, también visité archivos reales. En NYU tienen uno que se llama The Fales Archives con mucha información sobre la escena del arte, la literatura y la música de Downtown Manhattan en los años 60/ 70. Tenían trabajos de Kathy Acker, y gente de ese mundo. Quería sumirme en las especificaciones de esa época. Fue muy divertido. No tengo otro proyecto parecido en miras y me pregunto cómo podría volver a hacer algo así.
Lejos de la zona de confort
Desde sus inicios su obra ha sido reconocida y elogiada por la crítica. Su novela debut Nunca Falta Nadie (Penguin Random House, 2014), sobre una mujer que súbitamente abandona su vida en Nueva York para viajar en autos de desconocidos y dormir en campos, bosques y parques en Nueva Zelanda, fue traducida a varios idiomas y estuvo entre los mejores libros del año, de acuerdo a las revistas The New Yorker y Vanity Fair.
Su segunda novela Las respuestas, en la que una mujer es contratada para ser la novia de un actor de Hollywood, en un extraño experimento sociológico, fue elegida como mejor libro del año por varias publicaciones estadounidenses y su tercera novela Altar (Penguin Random House, 2022), que gira en torno a la aparición repentina de una misteriosa persona sin raza, género o edad distinguibles en una iglesia de un pequeño pueblo de Estados Unidos, ganó el premio New York Public Library Young Lions 2021 de ficción.
Su quinta y última obra The Möbious Book fue nombrado por The New York Times como el libro más anticipado del año. Además, al igual que los otros, es original en su forma, pues reúne dos libros en uno: por un lado, una novela en la que dos amigas conversan sobre su vida amorosa y por el otro un relato de no ficción sobre una separación de pareja que vivió la propia Lacey. Su nombre hace alusión a la cinta de Möbious, un objeto que tal como este libro no tiene principio ni fin.
—¿Cuál ha sido tu novela más ambiciosa?
—Creo que la forma en la que usamos la palabra ambicioso con respecto a los libros es muy específica y no tiene que ver necesariamente con la ambición que tenemos al escribirlo. El altar para mí fue un libro muy ambicioso, aunque era pequeño porque tenía 200 páginas. Sin embargo, era muy interior y mi objetivo con él venía de un lugar ambicioso, aunque probablemente nadie lo describiría como ambicioso porque no estaba tratando de cubrir un montón de años, ni incluía fotos, que es lo que solemos entender por ambicioso. Pequeños proyectos pueden ser grandes proyectos. La ambición también puede ser silenciosa. Yo siempre quiero trabajar fuera de mi zona de confort. Al principio, tengo que sentir que no sé hacerlo, porque parte del proceso de escribir es encontrar el cómo, aunque uno crea que no pueda.
El lenguaje es una forma de categorizar el mundo, pero puedes darle significado a una palabra cuando la juntas con otra. Así es como entras en los grises.
Catherine Lacey en conversación con Revista Abismo
—Otra constante en tus libros es el tema del duelo. Está presente en la Biografía de X, e incluso en Altar de una forma más contenida. En The Möbius Book escribes que “el duelo se expande y se contrae, y convierte a una persona en una versión de juguete de sí misma”. ¿Qué te interesa del duelo como experiencia o como materia narrativa?
–Para mí, el duelo proviene de mi separación con la religión. Cuando era niña tenía una versión perfecta del mundo y certezas de qué estaba bien y qué mal, quién era bueno y quién malo, y las fui perdiendo hasta llegar a la incertidumbre que es, de hecho, la verdad. Yo creo que cuando atravesaba los 15 y los 20 viví una especie de duelo formativo que sigue influenciando todo lo que escribo. Esa experiencia de perder la religión me ha marcado más que muchas otras.
—Fue un despertar espiritual…
—Sí, y los despertares espirituales son una forma de duelo. Pierdes el sentido de quién eras o de cómo era el mundo. Y no creo que esto necesariamente tenga que ser algo negativo. Puede ser pesado, pero para mí no es algo negativo. Yo me sentí más viva que nunca cuando me di cuenta de lo equivocada que estaba. El mundo se volvió más grande.
—El duelo está unido a la identidad, otro tema muy presente en tu escritura. Cuando estás viviendo un duelo, de cierta forma estás creando una nueva tú.
—Y eso da pánico porque a los seres humanos no nos gusta cambiar y sobre todo no nos gusta que cambie nuestra visión de quienes somos. Creo que la identidad, en el sentido de qué significa ser humano a través de los años, es el tema de todo libro. ¿Soy la misma persona que era a los 10? ¿Qué parte de esa niña sigue en mí? Desde los 20, más o menos, pienso en el extrañamiento metafísico que es el acto de ser. Es muy extraño. ¿Por qué todo esto? O sea, estoy en una llamada por zoom, en un hotel en Santiago ¿Qué significa esto? ¿Qué es la realidad? Y ahora que estoy aprendiendo español, me pregunto qué es una lengua, qué es una palabra, qué es el significado. Hacerme preguntas sobre la incertidumbre es la forma en la que yo quiero vivir mi vida.

—Es curioso que menciones el lenguaje, porque ahora que vives en México y estás casada con alguien cuya lengua materna es el español [el escritor mexicano Daniel Saldaña París] me pregunto si crees que tus próximas obras explorarán también nuevas fronteras del lenguaje. ¿Te interesa escribir desde o hacia otro idioma?
—Definitivamente me interesa. Casi todas las personas que conozco hablan al menos una segunda lengua y como yo estoy llegando tarde al bilingüismo, está retando diferentes partes de mi cerebro y es un proceso lento. Aprender una nueva lengua después de que ya has escrito libros en tu lengua es muy loco porque no puedo dejar pasar nada, todo lo escudriño intensamente, de una manera que nunca he escudriñado el inglés. Quiero apartar y analizar cada cosa y de cierta manera eso enlentece el proceso. Para aprender una lengua debes relajarte y no ser tan obsesiva como yo. No puedes estar todo el tiempo preguntándote, ¿qué es esto?, ¿qué es aquello? Espero que estar en contacto con el español cambie la forma en la que escribo. Me gustaría poder escribir en español, pero todavía no estoy intentando llegar a allí. Por ahora solo quiero ser capaz de comunicarme en una forma muy simple.
—Después de una novela ambiciosa como La biografía de X, y un libro con doble formato como The Möbius Book, ¿en qué estado emocional o creativo te encuentras ahora?
—Estoy trabajando en una historia familiar sobre la relación de un hijo, sus hermanas y su mamá. Estoy escribiendo desde la perspectiva del hijo, lo cual es algo nuevo para mí porque nunca lo había hecho. El personaje es gay y creo que esto se debe a que, si voy a pasar tiempo habitando un personaje, tengo que sentir que hay un espacio emocional para mí allí. Las mujeres tienen sentido para mí, aun cuando son heterosexuales, porque me interesan y estoy familiarizada con sus luchas. Este personaje está lejos de mí, pero tengo algo en común con su alma, quizás el hecho de amar o desear hombres. Creo que no entiendo la psique del hombre heterosexual. Si naces mujer y creciste en el siglo XX sientes que el mundo no está diseñado para ti y tienes que aprenderlo a manejar. Si naces hombre heterosexual naces en un mundo que está hecho para ti. Por ejemplo, todas las mujeres que conozco saben qué es sentir miedo cuando están en la calle de noche y caminan hacia el carro con las llaves en la mano. Los hombres gay conocen ese miedo. Los hombres heterosexuales no. Para mí ese es el elemento común: ese miedo primitivo, el hecho de sentirte vulnerable en el mundo. No creo que pueda escribir un personaje de un hombre heterosexual creíble porque no los conozco. Casi todos los hombres cercanos a mí son gay o bisexuales.
—Hablando de credibilidad, ¿qué crees que es verdadero en literatura?
—Es un terreno resbaloso. Sabes cuando está allí y cuando no. Un texto puede ser factualmente verdadero y no tener nada de verdad en él. Te puedo decir todo lo que he hecho desde que llegué a Santiago y puede no tener nada de verdad a menos de que yo la ponga allí. La verdad en la escritura es vulnerabilidad. Podemos escribir todo el día y si no tiene nada vulnerable vamos a sentir como si estuviésemos leyendo la guía telefónica. A veces tengo una idea y comienzo a escribirla y de repente siento que no está funcionando y es porque hay un lugar al que no estoy pudiendo llegar. Después me doy cuenta y me digo “ah, a esto le falta esa cosa”.





