El fenómeno Romina Pistolas: la ternura detrás del deseo

Es extraño pensar en una fila de gente esperando a un escritor para que le firme el cuerpo. Para tener un momento de estar con él —o con ella—, un instante de intimidad, de mirarle a los ojos, de tocarle, de abrazarle. Al menos para mí, eso es extraño. Uno se lo espera en los conciertos de artistas internacionales, en las fans de Taylor Swift, en los actores y actrices de Hollywood. Pero no con escritores oriundos de Calbuco.

Y, sin embargo, así son los fans de Romina. 

Romina Pistolas es la escritora de Carmen, o Cómo me inicié en el negocio de bailar sin ropa. Ese siempre ha sido su sueño: ser escritora. Lo contó así en el conversatorio del viernes pasado en la librería del Fondo de Cultura Económica en Valparaíso, uno de sus primeros encuentros con fans fuera de la capital. Pero antes de ser una escritora publicada, Romina ha sido stripper en Australia. Se dedica al negocio de bailar sin ropa, y así financió su sueño, sus viajes, su familia y su libertad.

Algunos la siguen porque leyeron Carmen. Dicen que el libro les cambió la vida. Partes de la obra dicen así: 

Cuando salió por la puerta sentí la necesidad de gritar o correr una maratón.

—Tom

–¿Sí?

—I don’t think I’m happy.

—¿Qué te falta?

—…

—Creo que tú piensas que la vida es como una película de romance, drama y acción y que tienes que vivir de todo y que te estás perdiendo cosas a cada minuto. Pero la vida no es así. No en realidad. Cuando entiendas que hay belleza en estar simplemente en paz, quizás empieces a ser feliz. Yo siempre quise una compañera. Tengo mi perro, un trabajo que paga las cuentas. No estoy constantemente pensando en grandes viajes o aventuras. Quiero lo suficiente. ¡Y tengo suficiente! ¿No crees que tú también tienes suficiente?

—Yes… But I want it all.

—That’s it! No puedes tenerlo todo. Hasta que no te des cuenta de eso, vas a ser miserable.

Estaba parado al lado de la puerta medio abierta. Me miraba con lástima.

–No sé si sigo enamorada de ti.

En la firma de libros una señora de unos cincuenta años le contó que fue gracias a ella, a sus palabras, que tuvo la fuerza de separarse de su marido.

Otros llegan porque la conocen de TikTok, donde Romina comparte reflexiones sobre la vida, Santiago, hace money counts como stripper y publica extractos de su blog, Mi Año de Sexo y Relajación. Tiene 199 mil seguidores.

Y otros llegan simplemente porque la encuentran genial. Han leído su libro, escuchan el podcast que tiene con Gaby, sexóloga, socióloga y también stripper chilena en Australia, Too Pretty to Work Here, la siguen en TikTok y consumen todo lo que Romina hace.

Pero todos, absolutamente todos, comparten un sentimiento: agradecimiento. Le agradecen por ser ella misma, por existir. Y, sin falta, por permitirles ser ellos mismos a través de la fuerza con que Romina se muestra en público: con su intimidad y su alma compartidas en sus escritos y en su autenticidad.

—¿Sientes que eres más auténtica ahora que tienes este espacio en la fama?

—Sí. Siento que cada vez estoy más cómoda con estar en mi piel y con ser yo no más, porque (mis seguidores) me han hecho sentir que soy suficiente. Como me he visto aceptada tal cual soy, entonces me dio permiso para aceptarme.

El libro Carmen, o cómo me inicié en el negocio de bailar sin ropa se publicó en 2022 por Editorial Cuneta, y este año ya va por su sexta edición. Pero muchos de los admiradores de Romina Pistolas llegaron a ella sin haber leído su libro. La conocieron por TikTok. En su primer video se presentaba: “Hola. Me llamo Romina, soy chilena y vivo en Australia hace diez años. Vivo en Melbourne, ahora frente a la policía, y llevo trabajando de stripper diez años. Aquí está mi casita y mis bolsitos. Como subí de peso, me echaron del club y tuve que buscar otro”. Lo que al principio fue una forma de buscar suscriptores para su OnlyFans terminó convirtiéndose en otra cosa: una comunidad. 

En sus videos Romina es ella misma. Se muestra escribiendo en la cama, lee extractos de su blog, comparte reflexiones sobre la vida en Santiago después de vivir diez años fuera, hasta se ríe de sus desgracias y desamores. “Qué ganas de ser más misteriosa”, dice en un video donde se le ve con bata y toalla en el pelo sentada en la cama, mientras responde a un comentario que le pregunta cómo está resultando convivir con su ex. Romina lo comparte todo, no se guarda las penas, las vergüenzas, ni las intimidades, tal vez es por eso que sus admiradores son fanáticos. 

Esa comunidad está formada, en su mayoría, por mujeres jóvenes: algunas trabajadoras sexuales; otras, que no se identifican como personas sexuales, a quienes Romina bautizó como “Carmencitas con calzas”. También hay mujeres adultas, mayores, abuelas, madres; personas LGBTIQ+, heterosexuales, hombres y mujeres cis y trans. No hay nada que delimite a sus seguidores, salvo un verdadero amor por Romina Pistolas. 

***

Las chicas le gritaban, le aplaudían. En algún momento, en una especie de trance compartido, todas empiezan a corear:

—¡Regia, culia! ¡Regia, culia!

La noche fue un borrón total. A la salida estaban todas las chicas extasiadas. Bang Bang, la fiesta para conocer a Pistolas, fue meet and greet and kiss and fírmame el libro y una teta. Se escuchaba de todo en las conversaciones en la calle Antonia López de Bello: “¡Huevona la Romina Pistolas me dio un beso!”; “Era demasiado chico el lugar”; “¿Cuándo va a hacer otra?”; “Huevona regia, la cagó”. 

La amiga Romina se cambió de look varias veces durante la fiesta. Primero apareció vestida como una muñeca: un vestido blanco, de torso corseteado y mangas esponjosas. Abrazó, conversó y firmó libros —y cuerpos— de admiradoras que le daban la bienvenida a Chile.

El aire estaba húmedo, tibio, con esa sensación pegajosa de carretear en Bellavista.

Romina se fue al backstage después de las firmas, al rato volvió a aparecer. Como siempre, hermosa, erótica, con su pelo largo y rubio. Esta vez llevaba un traje de encaje pegado al cuerpo: se le veía todo. Lo único que tenía debajo era una tanga negra. Encima, un abrigo de piel que lentamente dejó caer para darnos un verdadero strip show en el escenario. Pidió que no lo grabaran.

En el aire —inconfundible— esta vez flotaba la emoción erotizada de sus admiradoras.

Era como estar en un concierto. Romina Pistolas era mucho más que una escritora para ellas: un ejemplo a seguir, una amiga, un crush, un referente sexual, una madre, un ícono.

Romina, en el escenario, reía. Era tangible que se sentía admirada. Y el amor que le llegaba, ella lo devolvía a su público. Incluso en la pista de baile, las chicas le llevaban un libro y un lápiz, un lápiz y sus pechos descubiertos. Algunas solo le pedían un beso. Romina aceptaba de todo.

—Las fans quieren que se dé una cercanía física contigo. 

—Sí po. 

—¿Cómo te sientes con eso? ¿Cómo lo vives?

—Yo digo como, ¿hasta qué punto voy a poder lograrlo? O sea, ojalá siempre (se ríe).Pero me pregunto como huevona si realmente me da una mononucleosis… Bueno, besar a 700 culiás igual no es menor. Y algunas me mandan la lengua. 

—¿Y tú cómo te sientes? 

—Nada po, recibo la lengua. Pero huevona como que en verdad qué rico, bueno, si ese es el precio de la fama, qué rico, qué hot. No tengo ni un problema, onda, en verdad, me encanta. Es una demostración de cariño no más. No lo veo como algo realmente calentón. Lo veo como un beso en la frente, pero más lindo porque son los labios.

***

Es difícil, por no decir imposible, definir por qué se ha dado el fenómeno de Romina Pistolas. Ella misma comparte que acaba de darse cuenta del efecto que genera en sus admiradores y no sabe a qué adjudicárselo. 

Javiera tiene 31 años, conoció a Romina Pistolas por su podcast y desde allí encontró su libro. “Oye, sanaste una parte de mi. En serio, encontrarte llegó en el momento perfecto porque fue como tener esa amiga que sabe más que yo de las cosas que me pasan. Que lo ha vivido todo entonces puede decirme que voy bien y yo le creo”. 

Camila tiene 22 años. «Conocí a Romina Pistolas por un TikTok, donde ella leía un extracto de su blog. Vivía en Australia todavía, y relataba cómo estaba saliendo una relación larga con su pololo australiano, sobre cómo no había amor, y cómo se sentían más como amigos. Me llamó la atención esto porque me dio mucha pena cómo lo escribió. Es muy real y muy directa, sin explicaciones. Solo un relato honesto de lo que le pasa. Yo no tenía ni idea de que era stripper, ni nada. Solo sabía que me gustó mucho cómo se expresaba. Después la empecé a seguir, a ver más de sus videos, y a conocer más de ella. Romina no era lo que yo esperaba, y eso fue bacán».

Desde la editorial dicen: “Desde que leímos el manuscrito entendimos que podía despertar mucho interés. La escritura de Romina es ágil y divertida. Combina humor, vulnerabilidad y una mirada femenina que renueva el paisaje narrativo chileno. El éxito nunca tiene una fórmula, pero en este caso influyó su autenticidad, su presencia en distintos medios y su vínculo genuino con los lectores”.

***

Cuando Romina llega a la Librería del Fondo, en Valparaíso, lo hace por detrás de donde están dispuestas las sillas, que ya están llenas. Viene con buzo y lentes de sol. No ha terminado de maquillarse, así que sube a la cafetería que está sobre la tienda de libros para terminar de arreglarse antes de salir al conversatorio.

Una vez adentro, se sienta en una mesa al fondo, saca un pequeño espejo redondo, y comienza, apurada pero con calma, a pintarse los labios mientras conversamos. Habla en una voz alegre, mira para todos lados en la cafetería muy atenta a las personas que la rodean y la reconocen. Desde la ventana a sus espaldas se escuchan las conversaciones que tienen las chicas que la esperan abajo. 

De pronto, alguien se acerca desde el fondo. Una mujer, con una sonrisa amplia, le dice:

—¡Romina, felicidades!

Romina levanta la vista, se ríe, y le agradece. La mujer le ofrece una copa de espumante, porque está comprando una para ella misma.

—¿Querís una? —le pregunta.

—Ya, dale —responde Romina, sonriendo con naturalidad.

La mujer se aleja hacia la barra, y yo, sin entender bien la relación entre ellas, le pregunto quién es.

—No sé —me dice Romina, encogiéndose de hombros—. Así son, ¿cachai?

Me doy cuenta de que la amiga es solo una fan a la que Romina nunca ha conocido, pero con la cual ya comparten una pequeña complicidad.

Mientras Romina termina de cambiarse de ropa, me acerco a la amiga. Me dice que se llama Tania, y empezamos a conversar. Tania tiene casi 50, es odontóloga. Fue a buscar a su hijo al colegio, luego lo dejó en la casa y le dijo: “Oye, de verdad, la mamá ahora tiene que salir”. Y le contó que iba a Valparaíso, que iba a ver a Romina Pistolas, una escritora que ama.

En camino para allá iba un poco nerviosa, así que se maquilló y pensó en comprarse un trago para relajarse antes de conocer a su “ídola”. Le pregunto qué es lo que le pasa con Romina, por qué la ama de esa manera, por qué la viene a buscar y por qué se pone nerviosa de conocerla. Pero antes de que pueda contestarme, Romina vuelve, y Tania quiere sentarse con ella para conversar un ratito.

—Salud, por tu éxito. 

—Gracias. 

—Por ser una chilena de exportación. Hueón, por ser icónica, por querer a todas las minorías, por hacer que una huevona de 49 (años) se sienta rica, estupenda. Huevona, es que erís demasiado bacán, te lo juro. Yo hoy día estaba tan emocionada que tenía ganas de llorar, te lo juro que le dije a mi marido, «YO VOY A VER A ROMINA PISTOLAS».

Romina ríe, conversa con Tania como si fueran verdaderas amigas. Y con la cabeza ocupada me mira para que bajemos al conversatorio. 

Romina es seria, directa al grano. Pero también es tierna. Tiene la suavidad que tiene una amiga, que a veces tiene una madre, y que sin duda tiene una consejera. Va al punto sin ser avasalladora. No se salta las palabras que embellecen ni los momentos que agregan suspenso o cariño a la situación. Pero se toma la libertad de ser quien es, y de decir las cosas como son.

Romina, la artista

En la galería Espacio Azul Petróleo, las paredes están cubiertas de cuerpos: pintados, fotografiados, “desollados” en látex o reconstruidos con ternura. 

La exposición Criaturas extraordinarias, curada por Elisa Massardo, se inauguró el 15 de octubre. Fue convocada por Romina junto a las artistas Catalina Bu, Constanza Salazar, Violeta Cereceda y Alexia Macarena como una respuesta a un Chile que parece volver a sus pulsiones más conservadoras. La idea era esta: abrir una convocatoria para que trabajadores sexuales mostraran su arte. Para visibilizar que su trabajo va mucho más allá de lo sexual. Para mostrar el sexo y el erotismo como actos vitales, no solo de consumo. Esperaban exponer cinco proyectos; por la altísima cantidad de respuestas, ahora son veinte.

Ninguna marca quiso involucrarse con este tema, la exposición fue financiada por un cliente de Romina Pistolas. 

Criaturas extraordinarias es el nombre de la expo, y la visión que Romina guarda de sus colegas que hacen trabajo sexual. Nace de la idea de que les trabajadores sexuales son seres excepcionales, que son buscadas por los clientes que la sociedad muchas veces trata de bestias. De alguna manera no sólo se humaniza a les trabajadores sino que también a los clientes. 

Entre les exponentes está Desobediencia Visual, que lucha por reclamar el erotismo y el porno desde la disidencia. Busca afirmar que los cuerpos diversos también desean y son deseados. Muestra una obra de collage con tarjetas de amantes suyos narrando experiencias, sobrepuestas en una foto erótica de sí misma. Son unas tarjetas entregadas a sus parejas sexuales para que dejaran una impresión sobre sus experiencias, como una especie de review. Con su estética colorida y tierna, busca una humanización de los encuentros sexuales, incluso en contextos BDSM o hardcore.

Fotografía por Agustín Núñez (@rejistrismos)

También está Virtual Diva. Ella enfoca su arte en la educación y el pensamiento crítico. Propone cuestionar los estilos de vida y vivir de forma consciente. Lucha contra el estigma del trabajo sexual como oficio autónomo y critica las condiciones precarias del trabajo sexual en Chile. Hace énfasis en las ventajas y riesgos del ámbito virtual en este tipo de trabajo. Comenta el riesgo de extorsión y el desgaste psicológico al trabajar en el área digital. Es un llamado a no glamorizar ni tampoco demonizar este oficio.

Más allá, el colectivo Flexxx, tres artistas no binaries. Elles presentan un bikini hecho de látex con una técnica llamada desollamiento. El látex parece piel, como la piel de una serpiente cuando la cambia. Estas artistas se identifican con la estética gore; sin embargo, señalan que en su trabajo en los clubes nocturnos deben ocultar este aspecto y seguir la norma hegemónica de lo que se entiende por feminidad. Elles destacan el trabajo psicológico que implica este oficio. “Hay que entenderse con personas con energías muy diversas y, a veces, oscuras, por lo que el acto sexual es una especie de exorcismo que hacemos nosotras”.

En el libro, cuando la madre de Romina se entera de que su hija es bailarina en un club nocturno, le dice:

Escúchame bien, Romina. Jamás te avergüences de tu trabajo, que es un trabajo como cualquier otro. No tienes por qué justificarlo o defenderlo conmigo ni con nadie. Yo sé lo que parí y lo que eduqué, y al final, la que puede, puede, y la que no, mira, ¿no? Yo te apoyo. Lo que más lamento es que hayas vivido todo este tiempo con ese secreto, pero ya no más.

***

Desde la editorial Cuneta manifiestan su orgullo por haber publicado el libro de Romina, reconociendo tanto la apuesta que implicó respaldarla como autora como la profunda admiración que sienten por el talento de Pistolas.

Dicen que parte de la motivación al momento de compartir que la publicarían fue romper con el estigma hacia las trabajadoras sexuales. “Antes de publicar el libro, cuando empezamos a socializar la noticia de que íbamos a publicar la novela de una autora que vivía en Australia y que trabajaba como bailarina en un club nocturno, recibimos al menos un par de preguntas como, ¿y por qué la van a publicar? La respuesta era evidente: porque el libro es bueno, pero nos dimos cuenta de que el prejuicio sigue imperando incluso en los círculos intelectuales. Eso reforzó nuestra convicción de que lo importante es la literatura, no la biografía del autor”, dice Carolina Ruiz, co-editora de Carmen.

***

El pasado sábado 18 de octubre, Romina hizo otra fiesta: “Yo también besé a Romina Pistolas”. 

No fue solo un espectáculo: fue un espacio de encuentro, donde las personas pudieron sentirse seguras, expresarse sin juicios y conectar con otras de manera genuina. Lo que comenzó como un podcast y un fenómeno en línea se tradujo en una comunidad real, viva y dispuesta a experimentar la noche bajo sus propias reglas. Como señaló Paula, una de las asistentes, la magia del evento estaba en que se sentían seguras y libres, algo que no siempre ocurre en otros clubes o fiestas.

“Estas fiestas, es todo lo que yo soñé cuando me imaginaba ser libre, aceptarme, jugar, equivocarme. Y ver la sensualidad desde un lado tierno, juguetón y de exploración.  No  (como) algo negativo”, compartió Romina en un TikTok sobre su impresión de la fiesta.

Con la segunda versión del evento organizado por Romina Pistolas queda claro que hay un apetito por este tipo de espacios: disidentes, feministas y, en especial, seguros. Y, mientras Romina se prepara para traer esa identidad a Chile el próximo año, queda la sensación de que su influencia va más allá de sus escritos o el espectáculo: es un fenómeno cultural que articula comunidad, visibilidad y libertad. 

Paula conversaba afuera del evento con otras chicas mientras compartían un cigarro. Le contaban que solo se atrevieron a venir con poca ropa o con ropa reveladora a este espacio en específico porque sabían que se sentirían seguras, apoyadas y que no serían juzgadas ni por sus cuerpos ni por sus looks. “Y efectivamente, yo sentí eso. Creo que esto se debe netamente a la sensación de comunidad que se crea, desde antes”. 

***

El sexo y el erotismo como actos vitales, no solo de consumo. Romina como una artista, una amiga, una escritora. Y también, aunque no solo, una stripper. 

“Cuando pienso en Romina pienso en la geisha. Es como estar con la Madonna y Britney del trabajo sexual”, dice la socióloga Nuria Hidalgo, quien la sigue en sus redes sociales y fue a visitar la exposición en Espacio Azul Petroleo. Luego recapacita un poco y declara: “La Romina, en verdad, es como la hija de la geisha con Lemebel, porque es más artista”. 

Y es cierto. 

Romina vuelve a Australia, pero se trasladará permanentemente a Chile a inicios de 2026. Desde la editorial cuentan que ya están trabajando en su próximo libro, y Carolina adelanta: “Será una bomba”.

FOTOGRAFÍAS POR JACINTA VELASCO GARCÍA.

6 comentarios en “El fenómeno Romina Pistolas: la ternura detrás del deseo”

  1. Jennifer Cifuentes

    Genial, cada ves amo más a Romina, con estas entrevistas hace que uno se sienta aún más cercana que en Tik Tok o Instagram, gracias Romina simplemente gracias por existir y enseñarnos a ser unas mujeres libres en cuerpo y alma

  2. Grande Romina!!! No la he besado ni fui a sus fiestas pero me siento inspirada por su autenticidad y valentía.
    Muy buen reportaje ahora comprendo mucho más al personaje y a Romina la adorable ❤️❤️❤️

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