Cecilia Vicuña: «Hay que preparar una apertura hacia lo desconocido, para que el miedo que sentimos, en vez de enceguecernos y ocultarnos más la realidad, nos guíe hacia una forma que proteja la vida, que proteja lo que amamos»

Llegar a Chile siempre implica una mezcla de sentimientos encontrados para Cecilia Vicuña. Por un lado, es volver a su país de origen, que ama, y también a los brazos de su madre, Norma Ramírez (100), con quien dice tener “una relación visceral” que ha guiado su arte. 

Pero por otro, es ser testigo directo de momentos que define como “dramáticos”. “Todo el mundo está en estado de funeral anticipado, porque en esta oleada de negacionismo del calentamiento global y del envenenamiento de las aguas, de la tierra, por los agrotóxicos, cada nuevo negacionismo implica una catástrofe que se avecina a toda velocidad”, destaca. 

No lo dice porque sí. El mismo día de la realización de esta entrevista en la casa de su madre, en Vitacura, donde vivió durante 10 años hasta 1972, y donde empezó su arte y su poesía, la Organización de las Naciones Unidas informaba que el mundo no logrará limitar el calentamiento global a 1,5 grados Celsius y que la degradación de la tierra se ha acelerado. “Esa es la realidad que se está ocultando”, dice. 

Quizás por ello la multifacética artista, quien este año fue reconocida con el Icon Artist Gold Award Miami, el Artista Ícono Art Basel-Suiza y el Roswitha Haftmann de Zúrich, se preocupa de los lazos vitales entre la humanidad y la naturaleza. “La Cecilia es jardinera de nacimiento”, dice, dichosa, su madre, quien la acompaña de cerca mientras se realiza esta conversación. 

“Es que estamos en un momento para prepararse”, comenta Cecilia.

—¿De qué manera hay que prepararse? 

—Bueno, primero hay que prepararse en el alma, en el espíritu, porque deprimirse en este momento es muy grave, porque es el momento en que hay que repensar todo lo que hemos hecho, todo lo que estamos haciendo, para admitir esta nueva realidad. Nos encontramos frente a una realidad humana y social desconocida, y frente a eso hay que preparar, por lo menos lo que yo hago es preparar una apertura -precisamente- hacia lo desconocido, para que el miedo que sentimos, en vez de enceguecernos y ocultarnos más la realidad, nos guíe hacia una forma que proteja la vida, que proteja lo que amamos, forma en que podamos sostenernos unos a otros durante este período que se viene. 

—O sea, el miedo tiene que ser -en algún sentido- un motor. 

—El miedo ya está ahí, a través de la violencia y la negación, porque la negación es una forma de violencia, es una violencia contra la percepción humana, porque todos tenemos la capacidad de sentir lo que está pasando. En inglés se dice sentient being, que quiere decir ser sintiente. Todos nacemos como seres sintientes, pero la cultura y la educación que domina ahora nos impide el acceso a nuestros verdaderos sentimientos, a nuestro verdadero sentir. 

—¿Dónde o con quiénes aprendió usted a observar estos fenómenos desde esa perspectiva más resiliente?

—Por ejemplo, con mi mamá que está aquí presente y tiene 100 años (cumple 101 en marzo). Yo observé a lo largo de la vida que ella fue muchas veces maltratada, incomprendida, sobre todo por el racismo de la sociedad chilena, porque mi mamá es morena, mi mamá es indígena, ella nunca lo supo, pero es su ADN. Entonces, ella transformaba toda esa especie de maltrato constante, permanente y disfrazado, ella decidió, como una decisión interna, que eso no importaba. La trataban a ella en forma fea y ella respondía con una sonrisa. Entonces, cuando yo era más joven me parecía espantosa esa actitud de ella, en vez de ella luchar y decir “eso está mal”, pero a lo largo de la vida comprendí que gracias a eso ella se mantiene impecable, lúcida, viva y sana a los 100 años. Eso es una gran enseñanza. 

—¿Qué otros ejemplos destaca usted? 

—El otro ejemplo es que yo tenía 24 años cuando fue el golpe militar, yo vi cómo el golpe desbarató las familias, desbarató el espíritu de una porción inmensa de gente de mi edad, ni qué decir de la gente mayor que nosotros. Entonces me di cuenta que era como un gigantesco peligro entregarse a esa oscuridad del sentir que lo hemos perdido todo, porque lo habíamos perdido todo y, de hecho, Chile nunca se ha recuperado. 

—¿En qué sentido? 

—Chile, antes del golpe militar, era un Chile lleno de esperanza y de potencia creadora, esa esperanza y potencia creadora cuando atina a volver, como en el estallido social, o como el movimiento de los pingüinos, o el movimiento estudiantil, que son los que yo considero los momentos más extraordinarios, o el despertar de los jóvenes mapuche, despertar de las mujeres jóvenes, o sea, ha habido muchos despertares hermosos en Chile y son luego apagados por una sociedad que no lo acoge, no lo abraza, no lo valora. Entonces, vi que los que de algún modo encontrábamos al interior de nuestro ser otra fuerza, que es la fuerza de las plantas que crecen sí o sí, de los hongos que forman micelio sí o sí, y yo creo que nosotros somos iguales, nosotros somos herederos de todo ese universo microbiano. Esa fuerza existe en nosotros, aunque no la queramos ver.

—Como la flor que emerge del cemento. 

—Exacto. Ahora, lo que está pasando en el planeta es que, por ejemplo, la fotosíntesis está siendo atacada. La fotosíntesis está disminuyendo en un 40% y la fotosíntesis es la base de toda la vida. Si las plantas dejan de hacer fotosíntesis, si la vida microbiana deja de hacer fotosíntesis, realmente lo que nosotros conocíamos como definición de la vida va a cambiar, por ejemplo. Entonces, los científicos más interesantes, como Cristina Dorador, por ejemplo: por el trabajo que ella ha hecho con los extremófilos del desierto de Atacama, ella ve la posibilidad de que, frente a un cambio tan radical de la temperatura planetaria, vaya a haber una muerte gigantesca de especies, que seguramente nos incluirá a nosotros, pero también va a haber otras formas de vida que van a surgir. En esa posibilidad hay una forma de creatividad y yo traduzco esa posibilidad también a la cultura humana: a lo mejor, es posible todavía imaginar que la cultura humana no desaparezca por completo. 

—En ese sentido, ¿ve que el 2026 pueda ser el comienzo de un nuevo despertar, en respuesta al nuevo presidente?

—Esperemos que sí, hay que desear que sí, hay que soñar que sí porque renunciar a lo que uno ama o a lo que uno necesita, por ejemplo, el agua limpia, eso es lo que estamos haciendo en este momento, estamos decidiendo acabar con el agua. Es así de simple. Es una decisión inconsciente, pero la inconsciencia se puede transformar en conciencia. 

—Con respecto a eso, hace algunos años, tras su reconocimiento en Venecia, opinó que eso significaba que el mundo se estaba transformando, porque quizás en el pasado no la hubiesen reconocido. Teniendo en cuenta sus últimos galardones: ¿Sigue sosteniendo que el mundo se ha transformado positivamente o analizas estos reconocimientos desde otro lugar? 

—Sí y no. Hay comunidades que definitivamente se han transformado, por ejemplo, la comunidad indígena, está en un momento de emergencia en todo el planeta, eso es extraordinario, es un gran cambio, para mí es uno de los cambios más importantes. Por otra parte, hay un movimiento extraordinario de los niños que están despertando, de las mujeres jóvenes en todo el mundo, la comunidad científica también ha despertado y ahora, por ejemplo, la forma en que yo interpreto estos premios… Mi respuesta frente a estos premios se basa en las palabras que usan de por qué me dan esos premios, si tú lees las razones por las cuales me están premiando, no son las razones antiguas, por ejemplo, si al principio tú podías pensar “ah, es como un racismo al revés, me premian porque soy sudaca, porque soy mujer”, esa posibilidad existía, era bien fuerte como posibilidad. Pero ahora ya no es por eso, porque ha habido un cambio paradigmático en el universo del pensar el arte, que viene de los artistas, de los educadores, los curadores, y ellos están viendo no solamente que es del sur global donde están brotando las ideas y las artes más interesantes, más arriesgadas, más colaborativas, más colectivas. Estos premios están premiando eso, el hecho de que esa forma de trabajar es la forma en que yo trabajaba hace como 60 años… 

—Es como un reconocimiento por su larga trayectoria. 

—Sí, en los años 60 yo ya estaba haciendo eso, ya imaginaba que eran los colectivos humanos los que iban a transformar la sociedad y, fíjate, cuando me dan estos premios yo lloro, yo lloro en público, porque no están premiando en realidad a la persona. 

—Sus ojos se llenan de lágrimas cuando comenta eso… 

—Claro que sí, porque es muy hermoso. Por ejemplo, suponte este último premio, el Icon Artist Gold Award, fue un premio pensado desde un comienzo de una forma colectiva. Primero se invitó a un grupo grande de pensadores del arte, curadores, para que escogieran un grupo grande de artistas, y ese grupo de artistas escogió un grupo más chico, y así hasta que el último grupo escogió a una persona. Entonces, es una honra que viene de artistas que yo admiro, todos ellos se tendrían que haber ganado este premio, se lo merecían y casi todos son del sur global. Me emociono porque ser del sur global significa -antes que nada- ser colonizado, ser penetrado por la idea de que lo que nosotros hacemos debe ser imitar y copiar lo que pasa, lo que viene pasando hace siglos en el hemisferio norte y cada uno de nosotros representa una rebelión frente a eso, representa un acto de amor por lo que nosotros somos, por nuestro territorio, por nuestro mundo ancestral. Es una corriente, es un sentir colectivo que se empieza a levantar, no es solo una persona. 

—¿Cómo se da esa relación entre ser reconocida afuera, volver a Chile y enfrentarse con un escenario como el de ahora?

—Bueno, yo creo que Chile está reculando, como volviendo atrás, imaginándose que estamos en el siglo XIX, que todavía es posible pensar que hay un progreso infinito y que el progreso significa plata. Es como una idolatría del dinero. Entonces, por qué Chile ha tomado la decisión de olvidar lo que Chile es realmente, lo que Chile fue. 

—¿Y qué fue Chile? 

—Un lugar de encuentro de culturas, un lugar donde fue posible imaginar una revolución democrática, participativa, no violenta. En el momento en que Chile imaginó eso estaba a la vanguardia planetaria, en ese momento había aquí creadores extraordinarios como Humberto Maturana, como Francisco Varela, estaba acá gente increíble, como Paulo Freire, entre los extranjeros. Es decir, si tú empiezas a considerar la gente que estaba creando, pensando en ese momento de Chile… Así como hay hotspots de biodiversidad, Chile era un hotspots de diversidad creativa, de inteligencia creadora y todo eso fue apagado por la violencia y la persecución. Es como que Chile quiere seguir pegado a esa forma de negar lo que puede ser la humanidad verdadera. Recuerdo una frase muy hermosa que dijo Humberto Maturana en una de sus últimas conferencias; “el bebé nace amoroso, esa es la humanidad”. El bebé nace por amor y desea amor, busca amor, entonces ese es nuestro verdadero deseo, para mí eso significa la negación, negar que somos creadores, no somos imitadores y, por ejemplo, esa idolatría de la inteligencia artificial, los creadores de la inteligencia artificial dicen “la inteligencia artificial no es realmente una inteligencia, es una copiadora”, es una copiadora absolutamente limitada, no tiene las capacidades creativas que tiene la imaginación o la sensibilidad humana…. 

—Pensando en eso, ¿cómo configura su arte y su activismo de cara al próximo año? 

—Bueno, realizando obras que son invitaciones o convocatorias a la participación, así lo hice en Irlanda, así lo hice en todas mis últimas exposiciones de hace varios años, son realmente muestras en las que participan mínimo cuarenta, cincuenta o más personas, si tú pones el número total de personas que participan en una de estas muestras es un número bien grande, incluyendo los técnicos, incluyendo para mí, hasta la persona que barre, porque ese es el ecosistema del arte. Entonces, esta movida hacia el ataque al arte, el ataque a la educación pública, el ataque a los medios de comunicación públicos, a la prensa libre, en realidad es un ataque a la humanidad.

—Claro, porque en el fondo todos esos ecosistemas entienden que nadie se la puede solo. Es decir, existe una hermandad, una necesidad de trabajo en equipo en tiempos que nos invitan al egoísmo y al mirarse al ombligo. 

—Exacto, eso es lo trágico de Chile, creer todavía en el individualismo y en “todos contra mí”, creer eso -en este momento- es suicida, es un suicidio escogido. 

A lo mejor, es posible todavía imaginar que la cultura humana no desaparezca por completo. 

Cecilia Vicuña

—Su arte se basa mucho en la belleza de ese intercambio, de hecho, usted ha dicho anteriormente que su obra siempre está about to happen, como a punto de empezar. ¿Qué rol juega esa capacidad anticipatoria hoy? 

—Primera cosa, estar en ese estado de no saber. Cuando tú tienes certezas establecidas, estás jodido, porque entonces llega el momento de que hay que actuar y si tú tienes una idea fija… Pobre de ti, porque en el momento de actuar uno tiene que estar vacío y libre, tienes que estar suelto, tienes que estar en la nada y esa nada se hace cargo, la nada abre el espacio. El admitir que ese es el estado más creador, es una conquista, es una decisión filosófica en que tú comprendes. Toda la instrucción de la meditación es crear ese estado de vacío, por qué solamente cuando lo has experimentado -sucesivas veces- comprendes el valor que tiene eso. Le hace bien a todo el cuerpo, le hace bien a tu salud, pero sobre todo le hace bien a tu capacidad de sentir y gozar. Yo, por ejemplo, cuando he estado en contacto con grandes sabios, tanto de culturas indígenas como, suponte, sabios budistas o de religiones así tradicionales, antiguas, tienen una serenidad y un gozo, una risa que no es frecuente en la cultura individualista. La cultura individualista está como apretada contra sí misma, es como una cosa bien enferma. 

—¿Siente que estamos en una época en que se nos ha quitado el privilegio del gozo?

—Totalmente. Yo he hablado de que hay una extracción del derecho a gozar, hay una extracción del gozo, así como se está extrayendo el derecho a la libre expresión, esas dos cosas están asociadas. 

—No obstante, cuando las personas tienen una postura más optimista frente a la vida, muchas veces se les ponen etiquetas “por qué se ríe, es utópica, poco seria”. Se ridiculiza un poco esa situación. ¿Qué podemos hacer frente a las personas que ridiculizan esa esperanza, esa alegría, esa visión de mundo?  

—Compasión. Hay que tener compasión del que se burla, porque en realidad el que se burla lo que tiene es envidia y rabia. Esa costumbre de disminuir al otro o de encontrar que el otro es peor que uno, o que el otro necesita ser corregido, es una actitud de arrogancia y de inflexibilidad que no es sostenible en la vida. Tú ves que las personas que optan por esa forma de existir generalmente se enferman, les da cáncer, o están solos, o la pasan pésimo. A mí por lo menos me da risa, y me empiezo a reír inconteniblemente cuando dicen eso, y se enojan mucho más. Pero es que yo no me estoy riendo de ellos, sino que me estoy riendo porque veo las consecuencias de eso, y en vez de manifestar la pena, digamos, de una manera oscura, muchas veces me pasa que, frente a la pena, algo en mí se ríe y supongo que será una expresión de algo que en uno no acepta una versión de la realidad que hiere a la realidad. 

—Sin embargo, eso mismo que usted dice podría utilizarse desde el otro lado, es decir, la idea de que estamos tratando de convencer a las personas de actuar de determinada manera. Justamente estamos en tiempos en que pareciera que hay bandos sociales de unos versus otros. ¿Cómo podemos ponerle freno a eso sin dejar de lado nuestras ideologías? 

—Sí, eso es bien importante, porque precisamente esa oposición binaria no es real, porque en última instancia los puntos en común existen y es lo que verdaderamente importa. Todos necesitamos respirar, todos necesitamos tomar agua, todos necesitamos comer, entonces hay que encontrar los puntos en común y eso es una voluntad, es una voluntad política, es una voluntad emocional, es una voluntad fundamental, porque si no nos afiliamos a esa voluntad, efectivamente acá va a venir una violencia brutal, porque uno contra el otro lleva a la violencia, primero verbal, y del ataque verbal a la violencia física, ese es el peligro frente al que estamos. Cuando empiece a escasear el agua y escasear la comida, qué crees tú que va a pasar; hay comunidades que van a encontrar la forma de protegerse y hay comunidades que van a buscar la forma de saquear, ¿te fijas? Vamos a volver a una forma muy primaria de posibilidades restringidas, de evolución y de cooperación. Entonces, esas palabras que ahora son palabras; cooperación, evolución, son las palabras que van a hacer la diferencia entre la vida y la muerte.

Pensar futuros posibles

—Hablábamos antes del arte anticipatorio, pero -al mismo tiempo- siempre se ha dicho que no podemos mirar el futuro sin reconocer nuestro pasado. En ese sentido, ¿qué rol juegan tus obras anteriores de cara al futuro? Pensando, por ejemplo, en la reedición de Palabrarmas (2023) o en el arte efímero, que es parte de toda su trayectoria.  

—Sigo haciendo exactamente lo mismo que hice en los años 60. Lo que estoy haciendo ahora es algo que estaba soñado y estaba imaginado en los años 60. Entonces, los años 60 fueron una etapa planetaria, no solamente en Chile, no solamente en mi adolescencia, sino que era realmente una vibración de apertura porque había habido un espacio de paz, un espacio de abundancia, un espacio, por ejemplo, de búsqueda de la educación pública… Yo hice toda mi educación en educación pública, pero de alta calidad, a los 15 años podía leer en cinco idiomas y eso me lo dio la educación pública y, por supuesto, también la familia, una familia que leía, casas llenas de libros, familiares que hablan y discuten de libros y de inteligencia y de ideas. Ese contexto creador fue posible y creó una base, y yo sigo trabajando con esa base, en esa base estaba el futuro. 

—¿En qué sentido? 

—Por ejemplo, yo ahora lo que estoy haciendo son quipus de encuentro, entonces grandes trabajos participatorios que terminan con formas que transforman la educación, con formas que transforman la escritura. 

Esa costumbre de disminuir al otro o de encontrar que el otro es peor que uno, o que el otro necesita ser corregido, es una actitud de arrogancia y de inflexibilidad que no es sostenible en la vida.

Cecilia Vicuña

—¿Cómo funcionan esos trabajos, para poder dimensionarlos?

—Funcionan con una convocatoria. Se invita a participar en un quipu de encuentro que va a suceder en tal lugar, a tal hora. La gente llega y cuando llega, y estamos todos juntos, yo creo ese mismo vacío en el cual vivo yo y se extiende. No hay una instrucción como “vamos a hacer esto”, sino que hay gestos, hay sonidos, hay movimientos, por ejemplo, yo hago algo y digo “haz como hago yo” y tú lo interpretas como tú quieres, eso se convierte como en una especie de música, se convierte en un acto colectivo. Cuando hay oportunidad, grupos que se encuentran en ese estado, en esa circunstancia, continuamos trabajando juntos, continuamos elaborando seminarios, escritos, conversaciones, porque es como el espíritu, es un espíritu de asamblea, es como el germen de una asamblea. 

—¿Y cuál ha sido la reacción que usted ha visto en las personas que participan en instancias como esas? 

—Increíble gozo. Por ejemplo, el último de esos encuentros que hice en Chile fue por los glaciares, para pedir que se instalara el Día del Glaciar, que se instituyó y el siguiente paso es instalar la Ley de Glaciares, que todavía no se ha instituido, porque sin glaciares simplemente no va a haber vida acá en Chile. Si tú miras las fotos, había perros, había niños, había gente de todas las edades y tú miras los rostros y hay un estado universal en todos los participantes, de plenitud, de alegría, de fe el uno en el otro y en sí mismo. Eso es lo que comunica el equipo, el equipo comunica la idea de que si trabajamos juntos pasa algo rico, algo delicioso, algo hermoso y el perro mueve la cola de felicidad. 

—¿Y actualmente, en qué proyectos está trabajando? 

—Tengo proyectadas para este 2026 seis grandes exposiciones de mi trabajo y todas implican equipos de encuentro, todas son colaborativas. Yo propongo una imagen, propongo una idea, una imagen no solamente visual, sino una imagen conceptual y las personas son invitadas a colaborar, por ejemplo, a recoger ciertos tipos de basuritas o a participar como voluntarios. Llega mucha, mucha gente y, cuando ese trabajo se acaba, para todo el mundo es una pena, es triste separarse después que ya hemos trabajado juntos, es un estado de felicidad y todos tienen que ver con el desastre ecológico que estamos creando a toda velocidad. 

—Eso fue parte importante, de hecho, de sus declaraciones tras la recepción de los premios. Usted habló, por ejemplo, del porvenir del planeta, la vulnerabilidad del arte, de los lazos entre la humanidad y la naturaleza. ¿Se siente como una activista de esos elementos? 

—Fíjate que eso es una cosa que muchos artistas están diciendo, decir activista es prácticamente decir terrorista desde el punto de vista de las fuerzas represivas. Entonces, que el acto de amar la tierra sea un activismo… es como una definición productivista, porque básicamente el espíritu humano se tiene que expandir para imaginar de una manera diferente. Poner títulos o definiciones que son restrictivas y que te pueden convertir en un blanco de ataque, no sirve. El arte, en cambio, es indefinible. Nadie puede decir lo que es arte, así como nadie puede decir lo que es poesía, pero todo el mundo reconoce el arte y todo el mundo reconoce la poesía, entonces hay como un espacio de creatividad que es el verdadero tesoro humano, es lo que realmente hay que proteger y no es necesario tener definiciones que contengan. 

—De hecho, hay una serie de filósofos que dicen que lamentablemente hoy muchas personas están enojadas con el mundo, porque lo que sienten es una incapacidad de pensar futuros posibles. ¿El arte es una opción para pensar futuros posibles? 

—El arte, en última instancia, es creer que eso no puede morir, creer que hay algo en nosotros que siempre desea y busca la belleza, siempre desea y busca una nueva visión, una perspectiva de lo desconocido, eso es lo que es about to happen, lo que está a punto de suceder, tú lo sientes y dices “sí, quiero ver, quiero saber, quiero estar ahí”, nosotros evolucionamos así, fuimos creados así, eso no viene de nosotros, viene de mucho antes, hay como una curiosidad, algo como ¿qué hay ahí? Y eso es el arte, mantener ese estado de apertura frente a lo que puede ser. 

—¿Puedes enumerar dónde ve belleza hoy? 

—La veo en ti, la veo en el aire, en la luz, en el cielo, en todo lo que vive. La veo en todos los bebés que nacen, la veo en todos los animales, insectos y bichos que están dando vueltas todavía, la veo en el sufrimiento también, la veo en las personas que tienen la capacidad de decir “sí, me duele, sí, quiero llorar, tengo ganas de llorar”. 

—Usted se emociona diciendo esto. 

—Lloro mucho. Yo vivo en estado de amor, tengo un amor que empezó en mi vejez, es algo sublime. 

—Finalmente, estamos justamente en la casa donde usted vivió 10 años. A nuestro lado está su mamá, de 100 años, y honestamente no todos los días conocemos a alguien que ha vivido un siglo. ¿Qué aprendizaje o enseñanzas cree que le dejó su mamá que son necesarias en los tiempos que vivimos hoy?

—Esa alegría, ella dice “pase lo que pase, yo no voy a perder mi alegría de vivir”, el sentido de que la vida es sagrada, de que estamos aquí y que por el solo hecho de estar aquí tenemos una responsabilidad frente al aire que respiramos, frente al agua, frente al estado que nosotros provocamos en los demás. Mi mamá nunca ofende, nunca humilla, nunca maltrata, eso es una enseñanza… Asegurarse de que la persona que está contigo se siente admitida, recibida, reconocida en su derecho a ser ella misma, eso es lo más definitivo. 

—¿Alguna palabra final?

—Y hacer eso para uno también. 

*FOTOGRAFÁS DE JORGE PARRA | MIGRAR PHOTO PARA REVISTA ABISMO

4 comentarios en “Cecilia Vicuña: «Hay que preparar una apertura hacia lo desconocido, para que el miedo que sentimos, en vez de enceguecernos y ocultarnos más la realidad, nos guíe hacia una forma que proteja la vida, que proteja lo que amamos»”

  1. Si nos tomáramos más tiempo para estar, para contemplar y dimensionar la fortuna que tenemos de vivir, todo cambiaría. Ver lo que tenemos y que estamos perdiendo. Tambien ver lo que tenemos y lo que podríamos llegar a ser .. en fin.. Gracias Revista Abismo por esta bella entrevista, en este momento Para mi, leer, escuchar y presenciar el arte de Cecilia siempre va acompañado de un impulso por abrir un poco más los sentidos y la conciencia.

  2. carlos Oyarce Salinas

    Gracias infinitas como el agua que recorre mi ser,renovándose a cada instante,en amor y poesía.
    Nunca me quitarán la alegría de vivir,y renacemos cada mañana, porque somos una resonancia del Universo, perfecta creación,con conciencia de que somos todos uno,y todo nos enseña, vamos a crear con mayor fuerza, en esta noche de tan profundo desvarío.
    Gracias.por está sabía reflexión Cecilia amada.

  3. Gloria San Martín Traverso

    Cecilia ,yo estudiaba filosofía en los años 60 en el pedagógico de la Chile, y estaba sentada en alguno de los bancos de esos hermosos jardines , levante mi mirada de mis apuntes de clase y vi a una niña de mi edad con un vestido lleno de campanitas cocidas. Esa eras tu , te rodeaba una sensación de soledad aunque reías.
    Hola q

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