¿Qué lugar ocupan los niños y niñas en la política? Pareciera ser un lugar de invisibilidad, porque los adultos los ven cómo sujetos a los que proteger pero no incluir.
Sin embargo, las niñas y los niños tienen derecho a expresar su opinión en todos los asuntos que les afecten; derecho a ser escuchados y tomados en serio según su edad y madurez; derecho a buscar, recibir y difundir información. Estos son los llamados derechos de participación.
La importancia de estos derechos ha sido ampliamente subrayada. UNICEF (el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia) explica que escuchar a los niños es fundamental porque permite que sus voces influyan en decisiones que afectan directamente sus vidas, evitando que políticas adultocéntricas —aquellas que solo consideran perspectivas de adultos— definan su futuro sin incluirlos.
El derecho a la participación existe porque reconocer y escuchar a los niños fortalece la democracia y mejora las decisiones públicas.
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Pero ¿los niños saben de política?
María Paz tiene 8 años, vive en la comuna de Coronel en la Región del Biobío y sí sabe lo que es la política. En sus propias palabras “la política es hablar sobre un tema y después resolverlo”. No sabe si le gusta la política porque nunca ha participado en ella, pero entiende las votaciones, y algunos problemas que pueden afectar su rutina, cómo si irá o no al colegio.
Aunque no conversa tanto del tema María Paz tiene preocupaciones sobre su barrio y su país que ella misma sabe pueden resolverse a través de la política. Cuando se le pregunta si cambiaría algo en Coronel responde: “La delincuencia, y los asesinatos porque hay personas, como vendedores de supermercado, que a veces son asaltados”.
Coronel (Biobío) es una comuna relativamente pequeña, con unos 120 mil habitantes, y un alto número de delitos violentos y delitos armados, siendo una de las comunas más afectadas por este tipo de criminalidad en la región. María Paz también percibe esto a su temprana edad, se da cuenta de la violencia que la rodea y espera que los adultos a cargo cambien su realidad.
Pero a nivel país, María Paz quiere un cambio de paradigma, le preguntamos que le gustaría cambiar en Chile, ella dijo: el racismo.
—¿Has visto racismo?
—Sí, de hecho una vez me dijeron (algo racista).
—¿Qué te dijeron?
—Me dijeron negra. No me gustó, me pareció ofensivo.
Cuando María Paz imagina el presidente que ella quiere para Chile, no titubea en su respuesta y es clara con sus prioridades. “Una persona pensativa, positiva, y trabajadora”, declara.


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¿Qué pasa cuando los niños y niñas opinan sobre la política?
Hay que recordar el caso de Santino, el niño de ocho años que se viralizó en redes sociales al romper en llanto por el fin del gobierno del Presidente Boric. La imagen conmovió a muchos, incluido el propio mandatario, quien lo invitó a tomar once en La Moneda. Pero en los espacios digitales, el video también despertó burla, rechazo y comentarios que desestimaron sus emociones por ser “desmedidas” o “infundadas”.
Más allá de la opinión política de Santino, se le ridiculizó por tener una opinión.
“Entiendo, a veces nosotros también lloramos por huevadas”; “Pobre adulto en el que se convertirá”; “Un niño que no sabe ni limpiarse el trasero. Adoctrinados”, fueron algunos de los comentarios dejados por adultos en el video del niño de ocho años, llorando a mares por un Presidente al que él genuinamente siente que quiere mucho.
Gabriel Boric se ha ganado la reputación de ser un Presidente cercano y preocupado por las infancias. A finales del año pasado publicó fotos de cartas que recibió de niñas y niños de todo Chile:
“Como les he contado, me llegan muchas cartas de niños. Para mí es de verdad motivador leerlos y conversar con ustedes. Me sacan sonrisas e inspiran reflexiones de fondo que ayudan a mantener firme el timón en las tormentas.
Sepan, niños, niñas y jóvenes que los leo y escucho con atención, y que estamos trabajando para ustedes. Gracias por su cariño, preocupaciones e ideas. Chile es con ustedes.
Un abrazo”
Entonces la reacción de Santino deja de parecer desmedida. Está conmocionado por la salida de un Presidente que se ha tomado el tiempo de considerarlo como un agente activo, como un ciudadano y cuya voz merece ser escuchada.
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¿Qué ocurre cuando escuchamos a los niños y niñas?
En la Región Metropolitana vive Julián, de 7 años, en la comuna de Providencia, cerca de Baquedano. Está muy preocupado por la violencia en su ciudad porque lo ve en las noticias.
—A veces en las noticias aparece que un “mejor amigo” quema la casa de otro y lo mata. – cuenta Julián
—¿Y eso cómo te hace sentir?
—Más o menos… porque, ¿qué le pasa a él para matar a su amigo, si es su propio amigo? Esas cosas son… violentas.
En su casa Julián no conversa tanto de política con sus padres y sus hermanos porque es muy chico, pero los problemas del país llegan a su mundo igual. La otra gran preocupación de Julián en su barrio son las veredas. Le parecen demasiado pequeñas, que las personas tienen que caminar en línea unos frente a otros, en especial se da cuenta al salir del colegio y está preocupado de que la aglomeración pueda hacer a la gente caer.
Hora punta alrededor de la Plaza Italia o Plaza Baquedano, la hora en que los niños salen del colegio, transforma el sector en un mar de personas empujándose y avanzando como un rebaño hacia y desde el Metro. Hace años hay distintos proyectos que buscan resolver la congestión peatonal y de autos que se genera en el sector, todas sin éxito.
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Victoria tiene 12 años, vive en un lugar muy distinto a Coronel, en la comuna de Las Condes en la Región Metropolitana de Santiago. Ella también sabe lo que es la política, porque lo habla en su casa y en su colegio. “El objetivo es organizar al país y dejar que todos digan su opinión para decidir juntos. No es como los reyes, que nadie vota por ellos, es más algo que el pueblo decide con el gobierno” comparte.
A Victoria le gusta la idea de la política pero no le gusta en la práctica. Observa que a menudo las personas “se pasan” con la política, que toman bandos y se vuelven extremos en sus posturas. “Todos deberíamos pensar más en el bienestar de todos” opina.
Habla de política con su familia y sus amigues, y hace hincapié en que la política no son sólo las elecciones sino también las leyes, los cambios y, lo más importante para ella, los derechos de las niñas y los niños.
Cuando se le pregunta por cambios que haría en su barrio y en el país, Victoria tiene ideas que no está segura cómo podrían implementarse y eso le preocupa, pero no la limita al soñar ni al opinar. “Me gustaría que este barrio fuera más accesible para otra gente” dice, y detalla que entiende que su barrio (Las Condes) es más caro pero le gustaría que todos pudieran tener la oportunidad de vivir como ella. “Siento que es un barrio muy seguro, yo me siento bien viviendo acá, siento que está limpio, que tiene muchas tiendas muy bonitas y que hay mucha gente. Siempre he imaginado que así son todos los lugares, pero yo he ido a ver muchos lugares de Chile con mis papás donde hay mucha más basura en las calles y hay mucho graffiti, y la verdad de repente ni siquiera creo que ese es el mismo país en el que yo vivo” reflexiona.

Victoria tiene muchos sueños para su país, le gustaría vivir en un Chile con una sociedad menos prejuiciosa. Imagina que las personas se acerquen unos a otros y se conozcan, para no discriminar. Pero también sueña con un Chile menos desigual:
—Me gustaría que todos partiéramos con la misma cantidad (de cosas), que cada persona decidiera su futuro y tuviera las mismas oportunidades aunque tenga poca o harta plata.
—¿Y cuál podría ser una solución realista para eso?
—Creo que todos deberían tener lo básico: suficiente comida, una cama cómoda, un buen colegio y una casa o departamento donde vivan bien con su familia, con una infancia feliz y normal. También que tengan papás que los quieran, amigos, hermanos, esas cosas. Y me gustaría que en las universidades no solo puedan entrar los que tienen más plata. Me gustaría que más gente, aunque no tenga tanta plata, pueda ir a la universidad que sueña sin depender solo de una beca. Sé que es caro y no sé si es tan posible, pero me gustaría que el Estado pagara las universidades y que uno pudiera entrar por los estudios, las ganas y la dedicación que tiene.
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Rodrigo Mayorga —historiador, profesor y antropólogo— es director ejecutivo de Fundación Momento Ciudadano, una organización dedicada a promover la educación cívica y la participación de niños, niñas y adolescentes en la vida pública. En 2025, fue una de las personas a cargo del proyecto Multiplicar las Voces, una iniciativa que abrió espacios reales de diálogo para que más de 1300 niños expresaran sus opiniones sobre el futuro de Chile y pudieron participar activamente durante el año electoral.
Para Mayorga, escuchar a los niños no es solo una cuestión simbólica o bien intencionada: es un derecho y una herramienta imprescindible para construir mejores políticas públicas. “Los niños tienen una perspectiva desde dónde están viviendo esa niñez que no tenemos los adultos en este momento, que no podemos tener, que nunca vamos a poder tener porque no podemos volver a ser niños. Y esa es una perspectiva que contribuye al debate, no porque los niños vayan a tener más o menos razón, sino porque aportan un elemento que no tenemos arriba de la mesa. Nos ayuda a mirar el problema que sea en su total complejidad y eso nos permite pensar de manera más significativa y efectiva, cómo podemos resolver ese problema desde la política pública”, explica.
La participación de las infancias es importante en un sistema democrático, ya que cualquier grupo que se excluya de la conversación empobrece las posibilidades de alcanzar el objetivo compartido de vivir mejor. Pero también es importante reconocer que la participación infantil debe ser aceptada incluso cuando lo que plantean los niños no coincide con las visiones de los adultos, dice Mayorga. En ese sentido, el lugar de las infancias en el debate público debe ser uno de participación activa y resguardada. Generar espacios de participación infantil que cumplan con todas las condiciones que tienen que tener estos espacios, que sean espacios donde haya voz, pero también haya seguridad y verdadera capacidad de incidir.
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Amalia, 11 años, de la comuna de Providencia, vive con sus padres, sus hermanos, uno menor y uno mayor, y su abuela. Ella también está preocupada por las limitaciones que genera la desigualdad.
—Si pudieras cambiar algo en tu barrio, dónde vives, ¿qué te gustaría cambiar?
—Yo bajaría los remedios porque cuestan muy caro.
—¿Y si pudieras cambiar otra cosa en Chile?
—Yo creo que subiría más las pensiones. Para que la gente cuando se jubile reciba más plata. Porque hay personas que tenían sueldos muy bajos. Entonces hay que darles más plata para que después tengan una pensión más adecuada.
Cuando María Paz, Victoria, Amalia, y Julián imaginan el Presidente que ellos quieren para Chile piensan en el bienestar de todas las personas. están de acuerdo en que quieren una persona humilde, trabajadora, y dispuesto a escuchar a las personas para buscar soluciones conciliadoras. Alguien que se preocupe por su seguridad y que impulse un Chile más amable, comunitario, inclusivo y equitativo. Las niñas y niños observan la política desde un lugar de cuidado.
“Me gustaría una persona humilde que no sea avariciosa, que esté feliz con lo que tiene y quiera ser la presidenta o el presidente del país no por ganar plata sino porque quiere mejorar el país, porque quiere ayudarnos”, concluye Victoria.
*Dibujos de niñas y niños sobre participación política, extraídos del informe Multiplicar las Voces: Voces que Inciden, de Fundación Momento Ciudadano. Fotografías de las niñas y niños participantes: Jacinta Velasco.





