Lina Meruane. Fotografía por Isabel Wagemann

Lina Meruane: «La escritura permite seguir ejercitando nuestra humanidad»

La autora chilena convierte «Contra los hijos» en «Esa cosa animal», una puesta en escena que cuestiona los discursos sobre la maternidad, el cuerpo y las imposiciones sociales. En esta conversación, habla sobre el proceso creativo, la traducción del lenguaje sensorial al escenario, y el rol político de la literatura en un mundo atravesado por la urgencia.

La escritura de Lina Meruane ha encontrado refugio de resistencia y sentir que muchas veces no se retrata en la literatura, en general. Recomiendo sus libros constantemente en mis talleres y recibo respuestas muy distintas unas de otras. Algunas personas no son capaces de continuar leyendo “Sangre en el ojo”, por ejemplo, porque lo describen como “demasiado” fuerte, muchos sentimientos, muy intenso. Otras se encuentran en un mundo completamente nuevo e inquietante, ese que no habían leído en ningún otro libro. Ambas respuestas son lo que esperas de un libro de Meruane: que genere una reacción. No puedes quedarte indiferente a su escritura. 

El ensayo “Contra los hijos” (2014), provoca lo mismo. El título, claro, llama la atención desde el inicio, pero la temática va mucho más allá, cuestionando los discursos sociales y culturales que imponen la maternidad a las personas gestantes, lleno de referencias a obras de teatro, libros, artistas que han reflexionado sobre el tema. El gobierno les incita a pocrear y luego les deja abandonadas a su suerte. Leerlo es destacar cada una de las frases, cifras, pensamientos y reflexiones, porque todo te hace sentido.

A partir de los veinte la pregunta materna que se le lanza a toda mujer (rara vez a un hombre) no es si va a tener hijos o no, porque un no sería inconcebible, sino cuándo piensa tenerlos. Y si falló el reloj biológico que antes sonaba a los veintitantos y esa mujer pasa de los treinta, la fatídica pregunta adquiere un volumen categórico: se activa el despertador social intentando fijar una fecha. 

Por eso su primera obra de teatro “Esa cosa animal”, estrenada primero en Barcelona y ahora ad portas de salir al escenario el 6 de agosto en Santiago en el Teatro La Memoria, causa tanto interés. ¿Cómo se puede traspasar tanto sentir en una puesta en escena? 

La idea surgió a partir de un admirador, el director de teatro Rodrigo Soto, que le preguntó si quería convertir ese ensayo que tanto disfrutaba en una obra. Meruane dijo que sí y la tarea coincidió con una invitación a una residencia literaria a la Casa Estudio Cien Años de Soledad, residencia del escritor Gabriel García Márquez.

—Me gustaría preguntarte sobre el proceso de escritura y creación de la obra. ¿Cuánto tiempo te tomó escribirla? ¿Cuáles crees que fueron los principales retos de escribir tu primera obra?

—Bueno, pasó algo así como un año desde que me proponen escribirla porque yo siempre tengo muchos proyectos, y me ofrecieron una residencia en México. Yo de inmediato pensé, bueno, dos meses es un tiempo en que yo puedo escribir una obra de teatro porque a mí me gusta pensar en proyectos que puedo terminar. Entonces una obra de teatro, en ese sentido, es genial porque serán 60 páginas y no 200 páginas y eso lo puedo hacer ahí. Además yo ya tenía la idea de que iba a ser una obra simple, minimalista, con tres personajes hablando de la procreación. Ahí apareció tal vez lo que yo diría que es la protagonista de la obra, aunque son tres personajes con mucha potencia cada uno, que es el personaje B. Ella encarna los dilemas, las contradicciones y las ansiedades que están puestas en “Contra los hijos”. Ese personaje incluso en algún momento dice cosas que están literalmente dichas en el ensayo.

Poquitas, pero hay unos momentos en que yo decía bueno tiene que decir esto que está en el ensayo. También aparecieron dos personajes la hermana mayor que es la hermana conservadora antiaborto, llena de contradicciones, un personaje que me interesaba mucho porque quería abordar más directamente la posición conservadora que no necesariamente está muy explicitada en el ensayo. De alguna manera es un personaje doble porque es un es madre de cinco hijos pero a la vez, en su infancia, le había tocado un poco hacer el rol de madre con sus tres hermanos. Luego está el hermano menor, gay, conservador, profamilia, que también me parecía interesante porque era un personaje lleno de contradicciones, por un lado ser conservador que en un punto de vista dramático era conveniente y por otro, encarna la contradicción de defender aquella ideología que no le permite ser padre.

Ahora, no sé muy bien explicarte cómo fue que escribí esa obra en dos meses, porque la escribí en dos meses. Fue una escritura muy fluida, cada día se me iban ocurriendo cosas nuevas, iba desarrollando estos personajes, fue realmente una experiencia muy linda, sobre todo porque me di cuenta de que, en la novela, una como autora es la directora, los personajes, la escenógrafa, la vestuarista, la sonidista, la iluminadora, o sea, uno es todo, uno tiene que contar todo, tiene que imaginar todo. Pero en el teatro, cuando uno escribe dramaturgia, más allá de que, por supuesto, en la obra hay algunas acotaciones, queda mucho dado al trabajo de equipo y a otros artistas de diferentes disciplinas que tienen que interpretar para llevar el texto a una puesta en escena.

Es un ejercicio muy liberador y muy feliz en el sentido del trabajo que una hace y lo que uno le delega a otros artistas de otras disciplinas. 

—Claro, es un trabajo más colaborativo, quizás, en relación a escribir una novela o escribir cuentos. 

—Sí, y además uno se ve obligada a soltar, porque en efecto cuando uno escribe una novela uno no suelta nada, no delega nada. Escasamente le delega a quien lee una interpretación, pero que ni siquiera sabe cuál va a ser. En este caso, después de la escritura, tienes que aprender a delegar y a permitir esas otras interpretaciones, a aceptar que en eso se va a convertir el texto que uno escribió. Yo, de todas maneras, siento que he tenido suerte porque las dos personas que han dirigido este texto hicieron lecturas diferentes, pero que a mí me interesaron. 

—“Contra los hijos” es un ensayo, esto ya es más una conversación, como tú decías, hay tres personajes en escena que conversan, que discuten, y también eso evolucionó del ensayo a otra cosa diferente. Y, en ese sentido, te quería preguntar, porque tu obra, tu trayectoria tiene mucho que ver con los sentidos, con los olores, con el tacto, la sensibilidad, eso se nota muy crucial en lo que tú escribes. Llevar el lenguaje más o menos como de una manera más visceral o desarmada. ¿Qué te gustaría que se sintiera en esa diferencia entre esta conversación, entre este diálogo y lo que se leyó en el ensayo? 

—Tú dices en lo sensorial, ¿no cierto?

—Exactamente.

—No me había preguntado nadie esta diferencia como de tono y de textura. Lo que yo trabajo que es tan sensorial y tan corpóreo. Lo que pasa es que el teatro, y esto también lo estoy aprendiendo ahora al poner cuerpos en una escena, de alguna manera se traspasa eso que está construido en el lenguaje, en mi prosa, a la realización escénica de poner cuerpos allí y ver cómo esos cuerpos traslucen una serie de sensaciones. Yo lo que hice es que acentúe en el trabajo, en el texto de los actores, otra cosa que también está presente en mi obra y es el trabajo del lenguaje. Esta es una obra muy de lenguaje, donde no hay realmente improvisación y salidas de texto, porque el texto está lleno de juegos de palabras y de expresiones chilenas y expresiones animales. Una de las cosas que yo he visto a lo largo de los años, que la he entendido, es que nosotros en Chile tenemos muchísimas expresiones animales. Por ejemplo, decimos, se me echó la yegua, lo pasamos chancho, vamos a hacer una vaca, se echaron al pollo. Ahí de una te pasé cuatro expresiones animales. Entonces creo que incorporé todo este lenguaje animal, muy chileno,

que también apunta a una relación de cuerpos, cuerpos humanos y cuerpos animales y dónde se encuentran esos cuerpos, que es precisamente en la reproducción. Muchas mujeres dicen, nunca me he sentido más animal que cuando parí. Pensando que no podía ponerle tantas sensaciones, olores, sonidos, etcétera, incorporé ese lenguaje para recordarnos todo el tiempo que estamos hablando de muchas dimensiones de lo corporal. Y luego también hay un elemento de la obra que es un elemento que me parece muy sensorial e importante. Unas llamadas no atendidas en las que los teléfonos o suenan o emiten luz. Y claro, es un elemento complejo de usar porque el público puede pensar que alguien no apagó su teléfono, pero en realidad son los teléfonos de los propios personajes los que están sonando y vibrando, y se entiende el por qué al final…

—Sin spoilers, me parece. Quería preguntarte también, Lina, ¿qué planteamientos quedaron fuera de “Contra los hijos” que están en “Esa cosa animal” o que tú crees que están de otra forma? 

—Lo que pasa es que, claro, traducir un texto complejo como es el ensayo a una obra en la que solo hay una dinámica es difícil pasar todo de un lugar a otro. El ensayo mismo trabaja muchas obras de teatro y muchas referencias que no están explicitadas en la conversación de los personajes. Y, de hecho, hay una escena que es la conversación sobre Casa de Muñecas de Ibsen que ambas directoras prefirieron no llevar al montaje. Les resultaba como una salida al curso de la obra. Yo, respetando mi propia escritura, quería tener Casa de Muñecas, que para mí es un texto muy significativo y que quiero mucho como lectora. Entonces eso que incluso yo traté de llevar ahí las dos directoras que estuvieron a cargo del montaje en diferentes tiempos prefirieron quitarlo. Entonces, claro, hay una economía dramática que yo no calculé. Pero hay un montón de referencias, hay todo un capítulo, por ejemplo, en “Contra los hijos”, que habla de cómo aparece la maternidad en los textos literarios, y otro en el que las amigas escritoras me confían sus dilemas y también me hablan de otras escritoras que pudieron hacer su obra porque o no tuvieron hijos, o porque abortaron, o porque abandonaron a los hijos. Y todo eso queda fuera de la

obra de teatro. Pero también me gusta que quede fuera, porque en realidad son dos textos distintos. De hecho, yo misma estoy trabajando en un tercer texto, bueno, en realidad dos textos más que vuelven sobre el tema, pero desde discusiones tal vez más actuales que cruzan con otras problemáticas. Para mí es un tema muy importante, es recurrente, porque reaparece, te diría, casi con una frecuencia de cada 10 años se vuelve a discutir el tema de la maternidad. Puntualmente en Chile, la alarma por la disminución de la población

en el último censo, que ha generado todo tipo de respuestas, algunas muy duras, desde la derecha, en la que se patologiza el hecho de que las mujeres estén decidiendo no tener hijos, o que las parejas estén decidiendo no tener hijos, o el propio presidente Boric que aparece con su bebé en brazos como una especie de señal afectiva sobre la paternidad y la maternidad. 

—Hablando del escenario político que ha cambiado desde que se publicó “Contra los hijos”, que tú misma también lo mencionaste ahora y por eso también crees necesario seguir escribiendo sobre el tema, teniendo también en cuenta el ascenso del fascismo,

de la extrema derecha, las próximas elecciones presidenciales incluso. ¿Cómo crees que es posible que la escritura, que las artes en general, sean este espacio de resistencia? De quizás literatura política, ¿cuál es el rol que juega la escritura y las artes en este espacio de resistencia?

—Esta es una cuestión a la que le he dado muchísimas vueltas en el último tiempo, pero sobre todo lo he pensado a propósito del genocidio palestino. ¿Qué podemos hacer desde la escritura en un momento en que además se nos hace sentir completamente impotentes? Hemos pasado de bombardeos masivos, castigos colectivos, francotiradores, amenazas de bomba nuclear, a una muerte más lenta y más cruel incluso, que es la de matar de hambre a la población. Y ahora abrir las fronteras para dar un poco de comida, como para incluso alargar ese periodo de asesinato. Realmente es una cuestión de una crueldad y una brutalidad que me… De eso, que ya lleva 21 meses, esta pregunta ha surgido muchas veces y la he tenido que pensar otra vez, desde otro lugar, desde otra contingencia,

desde otra urgencia. Y lo que he pensado es que, en efecto, es que en este momento lo que se ha intentado hacer es silenciar las voces de la oposición, castigar las voces que se oponen a un genocidio, es una cuestión absolutamente paradójica, ¿no? Que quienes están oponiéndose al genocidio están siendo castigados por cumplir su rol mínimo humano. En ese sentido siento que he vuelto a pensar y a sentir que la escritura es más importante que nunca. No solamente porque permite producir una conmoción y una conmoción en la que quien escribe le está hablando a otra persona. Hay un momento de conmoción por lo menos de dos personas o una conmoción colectiva en diferentes instancias, sino que también permite un espacio para la denuncia, que también es un rol de la escritura, un rol de información importante. Porque ante la ante la velocidad de las redes no hay tiempo para pensar. Entonces la escritura permite un tiempo más lento de procesamiento y de emoción y compromiso, pero sobre todo lo que permite la escritura y seguir escribiendo y hablando sobre lo que está pasando es ¿cómo decirlo? seguir ejercitando nuestra humanidad,

seguir ejercitando nuestro respeto por las personas más vulneradas y nuestra responsabilidad ante los crímenes que se están cometiendo contra ellas.

—Me parece interesante esto que hablas de internet, porque lo del genocidio en Gaza, por ejemplo, está constantemente, entre comillas, televisado en internet, en Twitter, en Instagram, hay una indolencia enorme en cuanto a eso.

Y esto que tú dices de que, en el fondo, la literatura es esa pausa para pensar y reflexionar. Sin embargo, igual hay algunas personas que creen que la literatura no debiese ser política o quizás no debiese meterse en estas temáticas. ¿Cómo se puede pensar la literatura a favor de esta revolución en esta época de las redes sociales? ¿Cómo se crear en ese escenario? 

—Bueno, precisamente confiando en que todos necesitamos una pausa para reflexionar y para sentir. Yo creo que mucha gente ha vuelto a la literatura y a la escritura y al análisis, incluso el análisis de prensa, de los diarios, para poder entender. Porque en esta velocidad nadie entiende nada. Creo que incluso es una velocidad que le conviene al poder. Que la gente se quede con el tuit y que se quede con la noticia, con el titular de la noticia y que no indague más a fondo. Yo creo que mucha gente está sintiendo que para poder sentarse a sentir y a entender tiene que leer un texto más largo, un análisis, un reportaje, una crónica,

un libro de poesía, una novela, una obra de teatro, en fin, que necesitamos ese tiempo para sentir, pensar y digerir lo que estamos viendo. Así que tal vez estoy pecando de optimismo, pero es una suerte de optimismo necesario, porque si no, no podría seguir haciendo lo que hago.

—Por último te quería preguntar, Lina, ¿qué has leído, qué estás leyendo últimamente que te ha llamado la atención y te gustaría también recomendar en torno al tema de la obra? 

—Sabes qué, ahora mismo estoy leyendo puras cosas sobre el tema palestino. 

—Igual estaría súper bueno también recomendar un libro en torno a eso, si tienes uno en la mente también. 

—Bueno, a ver,  en torno a la obra, un texto que me encantaría recomendar y que se escribió un poco con “Contra los hijos” sobre el velador, dicho por la propia autora, es una novela de Guadalupe Nettel. Un libro muy hermoso y muy tenso que es “La hija única”, dos amigas que deciden no tener hijos y más tarde una decide sí tener y tiene una experiencia muy difícil. Otro libro es el de Omar El Akkad, un autor egipcio, novelista y periodista de guerra y de zonas de conflicto desde muy joven. Tiene un libro reciente, una no ficción que se llama, “Algún día todo el mundo habrá querido estar siempre en contra”. El título ya es una patada en el estómago. Tiene que ver con su biografía y es una posición decolonial muy, muy poderosa y muy sentida también. Es un libro realmente hermoso y poderoso. El otro sería “Víctimas Perfectas” de Mohammed El-Kurd y él tiene una posición realmente muy avanzada sobre lo que significa la idea de víctima, la noción de víctima en el caso palestino porque es un autor palestino estadounidense. Él habla de la idea de que los palestinos nunca han querido ser la víctima perfecta, que se dejó matar, digamos, con la excepción del gueto de Varsovia.

Entonces, lo que él viene a decir es que una de las cosas que tiene más irritado a Occidente es que los palestinos se han resistido a convertirse en la víctima perfecta que acepta la caridad de Occidente en vez de que se les otorguen los derechos que les corresponden a constituirse en un estado-nación con deberes y derechos internacionales y con respeto y dignidad. Por supuesto es un libro mucho más complejo que eso, pero digamos que es un término muy importante porque el sionismo ha erigido a la comunidad judía como la víctima absoluta y perfecta que tiene siempre derecho a su autodefensa y ha convertido a los palestinos en terroristas porque se niegan a ser víctimas y se niegan a dejarse de matar. 

Lina Meruane estrena su obra “Esa cosa animal” el 6 de agosto en Teatro La Memoria y se podrá ver hasta el 10 del mismo mes. El día del estreno le seguirá el lanzamiento del libro “Esa cosa animal”, de ediciones Alquimia, junto a Meruane y con presencia de la escritora, dramaturga y actriz Nona Fernández.

*Nota de la periodista: El Centro Palestino de Investigación Política y Encuestas, estima que casi 100.000 palestinos murieron, directa o indirectamente, entre el 7 de octubre de 2023 y el 5 de enero de 2025. El 56% de los asesinados eran niños menores de 18 años o mujeres. Desde el 2 de marzo hasta el día de hoy, el bloqueo de Israel al territorio está matando de hambre a más de 2 millones de palestinos. Esa hambre no es accidental.

Fotografía de portada por Isabel Wagemann; fotografías de la obra «Esa cosa animal» por Félix Ungeheuer.

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