Tantas formas de escuchar, tantas formas de contener

No digo “qué te pasa” 

sino “todo está bien”. 

“Ya todo está bien”. 

Todo está bien – Han Kang.

Cuando me enteré no lo creí. Mi abuelita Sônia fue asistente de prevención de suicidio durante décadas. 

Su sueño siempre fue estudiar en la universidad. Pero ser parte de una familia más conservadora, donde los roles de género estaban marcados, la impidió desarrollarse en ese ámbito. Así que pasó gran parte de su vida adulta dedicada al cuidado de mis cuatro tías y de mi mamá. 

Sônia era inquieta. Driblaba las dificultades cotidianas y se movía en la letra chica de los acuerdos. Si le habían dicho que mejor “se quedara en casa con las niñas”, ¿qué problema había en quedarse en casa, pero estudiando, con las niñas? Se inscribió a una serie de cursos a larga distancia. Recibía mes a mes correspondencias con textos sobre taquigrafía, literatura, teología, psicología. 

Cuando sus hijas crecieron y se independizaron –me contó hace poco una de mis tías–, mi abuela decidió formarse en prevención de suicidio. Aprendió qué decir o no a una persona en situación vulnerable; que hablar de salud mental no mata; que hay varios factores que pueden influir en la conducta suicida. Aprendió a prestar oído. Esa fue la parte que me sorprendió, porque mi abuela tenía muchísimos problemas de audición.  

La imagino sentada en el living de su casa, sola, mientras mi abuelo seguía trabajando como vendedor ambulante, poniendo todo el esfuerzo del mundo para escuchar a la persona al otro lado de la línea. Preguntándole cómo estaba. Diciéndole que todo estaría bien. Que no se muriera. Que su vida era valiosa. 

La imagino escuchando y conteniendo a su manera, como hacía con cada uno de sus nietos y de sus hijas cuando la llamábamos. 

Hoy mi abuela ya no está acá. Pero cuando pienso en las múltiples organizaciones asociadas a la prevención del suicidio que hay en Chile, siempre hay una mujer como ella detrás.  

Los ejemplos son muchos: Ana Paula Vieira trabaja con personas mayores a través de la Fundación Míranos, que creó después de haber lidiado con el suicidio de hombres mayores cercanos a ella cuando era adolescente. Paulina del Río creó la Fundación José Ignacio luego del fallecimiento de su hijo por suicidio y se dedica a acompañar a sobrevivientes de pérdidas de ese tipo. Evanyely Zamorano da charlas en colegios a través de su Fundación Summer en homenaje a su hija Katy, que murió por suicidio tras una serie de episodios de acoso escolar. 

Le pregunto a Ana Paula Vieira sobre el vínculo de las mujeres con la prevención del suicidio. “De cierta forma hemos tenido cada una la capacidad de convertir el dolor en conocimiento y queremos compartir eso con otros”, me dice. 

Pero hay algo más: en los talleres que brinda su fundación, la gran mayoría de las participantes son mujeres mayores. “Se percibe que las mujeres toman para sí ese rol de estar atentas al resto. Va más allá de la idea de cuidados, tiene que ver con una búsqueda social de acompañar y ser acompañada”, dice Ana Paula Vieira. 

Lideresas comunales, presidentas de juntas de vecinos, hijas, viudas, jubiladas, dueñas de casa. Como Sônia, mi abuela. Mujeres que saben que el afecto va más allá del ámbito del hogar. Que han entendido que nadie se salva solo. 

ILUSTRACIÓN DE MARA PARRA

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