Virales después de la muerte

Un artefacto de Nicanor Parra publicado en 1972 reapareció el mismo día en que detuvieron a Nicolás Maduro en Venezuela y volvió a encender nuevas lecturas, como si hubiese sido escrito en el presente. No es un caso aislado: en Instagram, X y Facebook, poetas y artistas muertos –de Mistral a Raúl Ruiz y Lemebel– postean, opinan sobre la contingencia, se viralizan y suman seguidores. ¿Quién administra hoy esas voces? ¿Qué dice este fenómeno sobre la posteridad, la memoria y los nuevos modos de leer? Un alargue artificial de vida que ni el mismísimo antipoeta habría imaginado.

Lado A: Artillería pesada

La noticia corrió temprano: Nicolás Maduro era detenido y sacado a la fuerza de Caracas tras un operativo militar de Estados Unidos. Horas más tarde, una fotografía suya difundida por el propio Donald Trump en la red Truth Social fijó el relato. El dictador venezolano aparecía ante el mundo esposado de manos y pies, despojado de su estrafalaria retórica y vistiendo un conjunto deportivo Nike que, al final del día, se volvía tendencia, meme y mercancía.

La imagen activó otra memoria conocida: Saddam Hussein capturado y exhibido en Irak, en 2003; lo mismo Manuel Noriega tras la invasión a Panamá, en 1989. El retrato del enemigo abatido, presentado como trofeo de un ejército libertador. Un libreto repetido y adaptado a las nuevas narrativas: ahora la imagen de Maduro cautivo estaba no solo en portadas de la prensa mundial, sino en millones de pantallas al mismo tiempo. Primero en el avión, luego en el arribo a Nueva York y hasta sus primeros pasos en suelo estadounidense. Una imagen tras otra, sin tregua. Una secuencia que reescribe la historia en tiempo real. Otro tipo de bombardeo.

Las redes sociales marcaban un pulso irregular, confuso. Festejos de la diáspora venezolana en las transmisiones oficiales versus la felicidad contenida –acaso incredulidad–, la sospecha y hasta el rechazo de algunos. Entonces, otro misil cayó al centro: uno de los Artefactos de Nicanor Parra comenzó a circular con fuerza propia en Instagram, hasta volverse viral. 

Más de medio siglo después, el antipoeta volvía a golpear la mesa: “BIEN, y ahora ¿quién nos liberará de nuestros liberadores?”.

En la ilustración que acompaña el texto aparece un personaje diminuto que pronuncia la frase, prisionero en la mano de otro, sostenido a su vez por una mano aún más grande. La imagen fue compartida el mismo sábado 3 de enero, al calor de la noticia, por la cuenta @parra_nicanor, una de las más activas en la divulgación de la vida y obra del antipoeta en redes sociales. 

El perfil supera los 101 mil seguidores, lo que explica su efecto resonante: en cuestión de horas, la publicación acumuló decenas de miles de reacciones y comentarios y luego se replicó fuera de Instagram, cruzando plataformas, fronteras y lecturas. Una semana después, el post supera los 47 mil likes.

Parra incluyó originalmente ese texto en Artefactos (1972), su libro-objeto de poemas breves en una caja de cartón que desarrolló desde fines de los años sesenta, en uno de los momentos más radicales y visuales de la antipoesía. Intentaba comprimir sus versos al máximo y abandonar la página para convertirlos en consigna directa, objetos de lectura instantánea, poemas-proyectiles que caen de golpe y quedan vibrando.

Parra bordeaba entonces los sesenta años y escribía desde una sospecha constante. Era plena Guerra Fría, estaba distanciado de la izquierda chilena y aún ardía la polémica por su comentada reunión con Pat Nixon solo dos años antes. Con el golpe de Estado al gobierno de Salvador Allende a la vuelta de la esquina, su gesto no fue alinearse sino tensar cada certeza: dinamitó el lenguaje solemne, la palabra poética y la corrección política desde la ironía y el absurdo.

“Hay que recordar que los primeros Artefactos, Parra los publicó de manera dispersa en revistas como la venezolana Imagen, en noviembre de 1967”, comenta el periodista y magíster en Literatura Javier García Bustos, uno de los que más ha investigado y escrito sobre la vida y obra del autor de Poemas y antipoemas (1954). 

“Estos breves textos –‘la explosión del antipoema’, decía Parra– fueron creados en la medida que el mundo, de alguna manera, se transformaba vertiginosamente. En esos textos, complementados en su mayoría con las ilustraciones de Juan Guillermo Tejeda, Parra cuestiona y sospecha. No creía en dogmatismos. Tomaba distancia de las verdades absolutas”, opina el también autor de Rostros de una desaparecida (Overol, 2022). 

El mismo artefacto ya había sido compartido por la misma cuenta en algunas ocasiones –tras la invasión a Ucrania, por ejemplo–, pero esta vez el impacto fue inmediato y crecía a medida que se conocían más detalles de la captura de Maduro y su esposa, Cilia Flores, y del proceso judicial que ambos enfrentarían en Estados Unidos. 

Según García Bustos, “la lectura que se haga de la frase ‘BIEN, y ahora ¿quién nos liberará de nuestros liberadores?’, por sobre el año de su creación, trasciende, porque permite una nueva interpretación, más allá del origen y la intención en la que surge. Incluso su descontextualización da paso a otras lecturas que invitan a la reflexión y a pensar la paradoja: ¿Quiénes son hoy los verdaderos liberadores? ¿Qué entendemos hoy por libertad y democracia?”.

Esa tensión, la de una obra que se vuelve contra sí misma, ya estaba presente en el propio Parra, añade el periodista: “En esa caja de 1972 hay otros artefactos como: ‘Sabe una cosa compadre: fíjese que su poesía me la meto por la raja’. Ya en los años 80, Parra comienza a enfrentarse a la misma antipoesía que él desarrolla. En Hojas de Parra (1985), apunta: ‘La poesía pasa – la antipoesía también’. Y lo otro que siempre repetía era: ‘Aprender a vivir en la contradicción, sin conflicto’”.

Cuando está por conmemorarse un nuevo aniversario de su muerte –ocurrida el 23 de enero de 2018, a los 103 años–, “que su obra siga circulando en las redes sociales es intrínseco al proyecto de la antipoesía: buscar nuevos formatos, irrumpir, encontrar poesía donde aparentemente no la hay”, sostiene García Bustos. 

“Parra era pop: filmó comerciales, creó letras de canciones que se popularizaron, trabajó con el lenguaje de la publicidad, intervino la ciudad con el Quebrantahuesos en 1952 e instaló un aviso publicitario en Times Square, en Nueva York, en 1987”.

Varios otros Artefactos tampoco pierden vigencia y dialogan con el lenguaje que hoy circula en las redes, sugiere el autor: “Agregaría: ‘Vencieron, pero no convencieron’; ‘La izquierda y la derecha unidas jamás serán vencidas’; y ‘USA: donde la libertad es una estatua’”. Este último fue publicado por @parra_nicanor un día después de la captura de Maduro y hoy tiene casi 5 mil likes.

“Ya en el siglo XXI, él tenía más de 90 años y comenzaron a llegar los cibercafés a la región. Se instaló uno cerca de su casa de Las Cruces, en el Litoral Central”, recuerda García Bustos. El Premio Cervantes y hermano de Violeta nunca usó las redes sociales por sí mismo, pero estuvo lejos de ser un analfabeto digital, asegura.

“Una vez lo llamé por teléfono y me dijo: ‘¡Aquí estoy navegando, leyendo sobre la historia de Chillán!’. Parra siempre estuvo atento a las transformaciones en el arte. Decía que era un ‘discípulo’ de Duchamp; le interesaba la labor radical y serial de Andy Warhol y Jeff Koons”.

Intermedio – Intervenciones del antipoeta en Instagram 

Mensaje a la juventud:

Que no se deje emborrachar la perdiz

Por las Autoridades Académicas

Publicado el 14 de diciembre de 2025, dos días antes de la segunda vuelta presidencial. 

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O contaminación O comunismo 

Washington 15 (UPI)

los señores ecólogos están locos;

si disminuimos el ritmo de producción 

                                                  crecimiento

los comunistas nos doblan la mano

la alternativa ya se sabe cuál es:

o contaminación 

                              o comunismo

No hay x dónde perderse

entre 2 males el menor y •

15 de noviembre de 2025, día de la primera vuelta presidencial.

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“TODAVÍA NO TENGO CANDIDATO

Nadie se preocupa de nosotros
To2 o casi to2 estos sres
Pertenecen
a la mafia de los Plátanos Orientales
¡Asmáticos independientes al poder!”

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Para ser Presidente
Hay que ser escupido previamente

10 de julio de 2025

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POEMAS DEL PAPA (1985)

1. Acaban de elegirme Papa

Soy el hombre más famoso del mundo 

2.Llegué a la cumbre de la carrera eclesiástica 

ahora puedo morirme tranquilo

3.Los Cardenales están molestos conmigo

Porque no los saludo como antes

¿demasiado solemne?

es que soy el Papa caramba

4.Mañana a primera hora

Me traslado a vivir al Vaticano

5.Tema de Discurso:

cómo triunfar en la carrera eclesiástica.

17 de mayo de 2025, a días de la designación del Papa León XIV el 8 de mayo

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Ni Mario Vargas Llosa salvará al Perú
Lo + seguro es que lo maten antes

Inéditos, 27-XII-1989 

Publicado el 13 es abril de 2025, día en que falleció el Premio Nobel peruano 

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Y así fue como lo convirtieron de tonto útil de izquierda a tonto inútil de derecha” (1972)

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SI EL PAPA NO ROMPE CON USA
Si el Kremlin no rompe con USA
si Luxemburgo no rompe con USA
por qué lo voy a hacer yo

octubre de 2021

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Ultimátum 

O Dios está en todas partes
O no está absolutamente en ninguna

Primer posteo: 29 de junio 2017

*Textos citados desde la cuenta @parra_nicanor

Lado B: El editor fantasma

No hay desperdicio en sus palabras. Ya sea dirigiéndose a la juventud o lanzando dardos contra el progresismo ilustrado, la derecha radical o el ecologismo burocrático, la voz que proyecta la cuenta @parra_nicanor no es moderada ni meramente conmemorativa, sino la del antipoeta en estado puro: intempestivo, irónico, ferozmente actual.

Sus publicaciones dialogan de manera directa con la contingencia –elecciones presidenciales, muertes ilustres, humos blancos en los cónclaves papales–, pero lo hacen desde un lugar oblicuo. Parra no comenta: interrumpe. En tiempos de consignas vacías, adhesiones por canje y trincheras digitales, reaparece desconfiando de todos los bandos, fiel a su ética de la sospecha: nadie se salva, ni presidentes, ni papas, ni premios Nobel ni candidatos en campaña.

La cuenta no opera como un archivo pasivo, sino como un espacio de intervención donde el autor de Discursos de sobremesa vuelve a tomar posición –o, más bien, a desarmar las posturas posibles– frente a la política, la religión, el poder y el lenguaje. En ese espíritu, el perfil comparte habitualmente materiales de su archivo, hoy resguardado por la Universidad Diego Portales tras el acuerdo entre los herederos de Nicanor Parra. 

De allí proviene la mayor parte del contenido que lo vuelve a traer a la vida: artefactos, antipoemas, aforismos, recortes de prensa, fotografías, registros de exposiciones y, de manera especialmente llamativa, manuscritos inéditos. 

Según la información proporcionada por Instagram, la cuenta fue creada en Chile en junio de 2017 –cuando el antipoeta aún vivía– y en su perfil se define como un homenaje con foco en las Obras Públicas, nombre de la emblemática y controvertida exposición que Parra inauguró en 2006 en el Centro Cultural La Moneda. En esta última incluyó la polémica instalación El Pago de Chile, donde colgó a todos los presidentes de la República.

¡Basta de Monumentos!
Un monumento para cada mortal.
O ninguno para nadie”.

Inédito, 2006 – publicado por @parranicanor el 18 de octubre de 2025 

De estar vivo, Parra sería un influencer de 111 años. En su lugar, lo que persiste es un alargue póstumo y artificial de su voz y su impronta, probablemente inimaginable incluso para él. La pregunta, entonces, no puede ser sino: ¿quién administra y se encarga de articular esta nueva voz suya en las redes? No hay respuesta. Nadie aquí esclarecerá el misterio. 

Alejandro Martínez, director de Estudios Generales, Archivos y Cultura de la Universidad Diego Portales, asegura que la cuenta no pertenece ni a la familia de Nicanor Parra, ni es administrada por la UDP.

—No la manejamos ni nosotros ni la Fundación. Desconozco quién está detrás. Y en eso hay algo interesante también: el misterio. Porque quien la lleva, o quienes la llevan, si bien no se han identificado –explica–, sé que han visitado exposiciones y que han consultado el archivo en la UDP. Algunos de esos materiales los han usado en sus publicaciones, pero nunca han querido dar un nombre. Yo les he escrito, me han respondido muy amablemente, pero siempre desde el anonimato. Me dijeron ​​alguna vez que eran simplemente “un admirador de Parra”. Nada más.

Para Martínez, la clave no está tanto en quién publica, sino en cómo lo hace. El artefacto que reapareció tras la captura de Maduro le sirve de ejemplo: no funciona simplemente como una cita ingeniosa ni como archivo bien administrado, sino como una pieza que vuelve a reescribirse en el presente. 

—Uno de los aspectos más estimulantes de trabajar con archivos hoy tiene que ver precisamente con eso: con que ya no son espacios solo para investigadores o editores. El archivo puede entrar en redes sociales y, al hacerlo, se vuelve otra cosa. No es solo una fuente de consulta: es una herramienta de lectura contemporánea.

Parra no necesitó ser un usuario de redes sociales en vida: su escritura breve y afilada más bien parece haberlas anticipado. “Él nunca pensó el artefacto para estar en Instagram, pero, como dice la poeta Cecilia Vicuña, Nicanor Parra fue el inventor de Twitter, justamente por los artefactos”, retoma el académico.

“Hay algo en los artefactos que funciona muy bien con el lenguaje contemporáneo de las redes: por lo sintético, lo conciso, el carácter de chiste, lo irónico, el cruce entre imagen y texto. Todo eso dialoga muy bien con cómo hoy circula el lenguaje”.

Aunque @parra_nicanor logra proyectar la impronta del antipoeta, Alejandro Martínez no se confunde: “La cuenta no es solo un homenaje. Es una intervención muy clara”, dice. “Hay edición, hay montaje, hay curatoría que dialoga con el presente. Parra aparece cuando el clima social se agita, como si estuviera opinando desde el más allá, aunque sepamos que no es así. No necesitamos saber quién está detrás para que esa voz funcione: parte del efecto radica precisamente en eso”.

Fenómenos como este obligan a repensar cómo se construye hoy la vida póstuma de una voz literaria. Ya no bastan los libros, ni la consagración académica, ni el archivo inmóvil en una biblioteca universitaria. No hay fórmulas, pero sí un desplazamiento muy claro hacia lo digital que obliga a reaccionar. “Ya no basta con los libros. La posteridad también se juega en redes, y eso no es negativo”, desliza Martínez. 

“Estas cuentas están acercando estas obras a lectores que quizás nunca habrían llegado a ellas por los caminos tradicionales. Puede que alguien llegue a Poemas y antipoemas después de ver un Artefacto en Instagram. Y eso está bien. Tal vez ese sea hoy el recorrido: del archivo a la obra, y no solo al revés, como solía ser”.

Maestra Nobel

“Caminar es una maravilla olvidada por este tiempo. No caminar, como los ingleses, el mismo camino. Andar a pie todo lo que está meridianamente cerca de nuestro pueblo. Caminar me aviva entero el cuerpo y la mente, hay un alma de los caminadores y otra de los poltronas”.

Gabriela Mistral, 1925
Posteado por la cuenta @maestranobel en X, 8 de enero de 2026.

La Gabriela Mistral que vuelve a hablar a través de la cuenta @maestranobel en X no es una Mistral fabricada. Tampoco pretende ser una voz impostada de la poeta y maestra rural nacida en Vicuña como Lucila Godoy Alcayaga, sino, abiertamente, una voz citada. Su vida póstuma no se juega en el simulacro de “hablar como ella”, sino en dejar que sus palabras lo hagan, peleando, rezongando –como cualquier otro usuario– con la rigidez de los caracteres.

Detrás de esa labor está Claudia Reyes García, investigadora mistraliana independiente, editora de formación y administradora en solitario de la cuenta, que existe desde hace catorce años y hoy tiene más de 20 mil seguidores. No tenía una estrategia digital clara. Ni siquiera había un propósito más que abrir sus propias lecturas de la obra de la autora de Tala y Desolación. 

“Cuando una se apasiona con Gabriela Mistral o la va descubriendo, quiere que ese conocimiento, ese deslumbramiento que uno siente, sea también de otros, una experiencia colectiva”, dice Reyes. Para ella, divulgar a la Premio Nobel es, antes que todo, un gesto de devolución.

“Mistral está muy situada en la academia”, opina. “Hay investigación y trabajo especializado, pero fuera de ese circuito hay un vacío. Después viene el meme, lo viral, pero no algo serio y extendido. Todos se vuelven mistralianos, pero solo en las fechas importantes”. Su apuesta –primero en Facebook y luego en X– va en sentido contrario: la permanencia. Facebook le permitía publicar textos completos. X, en cambio, le impuso la cirugía del fragmento. 

“Buscar la cita citable sigue siendo un desafío”, reconoce. “Puedo pasar una o dos horas revisando libros para hacer un tuit. A veces resulta; a veces no, y todo ese trabajo queda en nada”.

Hay otro filtro, todavía más exigente: la ética que sostiene la cuenta, que permanece activa desde marzo de 2012. Reyes habla de una decisión –casi un método– para entrar en modo @maestranobel: “Intento salirme de mí misma y ponerme en su modo”, explica. “La cuenta tiene también su propio correo, así que cuando lo abro sé que ya estoy entrando a otro espacio, a una alteridad”.

Durante estos catorce años, Reyes dice que la Fundación Gabriela Mistral ha intentado contactarla varias veces. Ha preferido no responder. No le interesa “institucionalizar la cuenta ni entrar en ese circuito”, asegura.

Para las últimas elecciones presidenciales, la voz de Mistral volvió a cruzar la contingencia sin cambiar de tono. El 21 de noviembre de 2025, tras la primera vuelta, @maestranobel citó un extracto de su Mensaje por la Paz y la Democracia (1950): “Los conceptos desprestigiados solo se reivindican, revalidando sus contenidos con una fila de hechos claros, leales y poderosos”. 

Días antes, el 30 de octubre, compartió otra línea del mismo texto: “Nos llegó como al galope la Democracia (…) No atinamos que debíamos asistirla y tratarla con manos limpias, pues a pesar de la lozanía, ella traía consigo la posibilidad de corromperse con tanta o más rapidez que las monarquías viejas”. Días antes, mientras los debates dominaban X, publicó: “Estoy aquí para recordarles que la educación no está en el mercado, pertenece a las ciencias humanas. La educación es parte importante de nuestro desarrollo, sin ella estamos perdidos”. 

En sus reflexiones y aforismos abundan también las preocupaciones ambientales, como este posteo del 30 de abril del año pasado: “Lo menos que el hombre puede hacer por la tierra es la distribución racional de las aguas, conducir al elemento maravilloso, en sabia red de canales. Toda cultura empieza por la tierra”.

Otros temas que siguen pasando por el ojo mistraliano son la niñez –“La infancia servida abundante, y hasta excesivamente por el Estado, debería ser la única forma de lujo (…) La infancia se merece cualquier sacrificio” (original de 1927; posteado el 31 de diciembre de 2025)–; la prensa –“El periodismo debería ser el género literario más cuidado, más vigilado (…) porque es el único que verdaderamente hace atmósfera moral permeable para un pueblo” (6 de diciembre de 2025)– o la ética del odio –“No da dicha aborrecer: no agranda a nadie eso, sólo enturbia las potencias del espíritu y las invalida para crear” (5 de abril de 2025). 

Las palabras de Mistral no envejecieron, y hoy vuelven como ecos del pasado a decir lo que todavía cuesta escuchar. Pero estar encima de la coyuntura sin caer en el oportunismo no es cosa fácil. Y menos con esa tribuna. Y esa firma. 

“La tentación de lanzar algo que se vuelva viral siempre existe”, reconoce Claudia Reyes. “Lo que manda hoy es eso: cómo hacer viral un post, pero nunca ha estado en mí. A lo mejor en mí podría estar, pero en Gabriela Mistral no. A mí me gustaría de repente opinar sobre tal cosa, tener otra mirada, pero no soy yo. Es ella. Ese respeto y cuidado que he tenido ha hecho que la cuenta sea muy respetada también”. 

“Mi labor es no forzar a Mistral a encajar en la actualidad, sino permitir que su pensamiento más bien reflexione y tense esa realidad desde su propia raíz. Lo vemos en La palabra maldita, de 1950, donde habla de la paz y la democracia; temas que, en el año 2026 siguen siendo exactamente lo que está en juego», advierte Reyes.

“Triunfo”, fue la última palabra pronunciada por Gabriela Mistral la madrugada del jueves 10 de enero de 1957, en la habitación 220 del hospital Hempstead de Nueva York. Falleció abrazada al crucifijo que heredó de su madre, a los 67 años. Doris Dana, su secretaria y último gran amor de su vida, estuvo hasta el final a su lado. 

Aunque la poeta guardó celosamente su intimidad, la publicación póstuma de Niña errante en 2009 –que sacó a la luz las cartas que revelaron su vínculo con Doris Dana– permitió conocer ese aspecto desconocido e invisibilizado de la mujer detrás del mito.  Incluso durante el 2025, en el marco de la conmemoración de los 80 años desde que recibió el Nobel, cuando sectores conservadores increparon a las autoridades de Cultura de levantar una celebración con un sesgo enfocado excesivamente en su orientación sexual y no en su legado literario y educativo. 

Para la administradora de su cuenta en X, sin embargo, la vida privada de la autora no es un eje. “Jamás ha sido un tema ni lo será”, dice Reyes, quien luego comparte una postal impresa firmada por @maestranobel. En ésta se ve una foto coloreada de Mistral junto a Doris Dana en uno de sus viajes. Y al reverso, una frase suya que –en tiempos en que diversos presidentes vuelven a hablar de «recuperar un hemisferio» desde el poder y el control territorial– parece manifestar una advertencia urgente sobre el verdadero motor de la civilización:

“Las mujeres formamos un hemisferio humano. 

Toda ley, todo movimiento de libertad o de cultura nos ha dejado por largo tiempo en la sombra. Siempre hemos llegado al festín del progreso (…) 

Y es ley infecunda toda ley encaminada a transformar pueblos y que no toma en cuenta a las mujeres”.

Ruiz, un profeta en la era digital

“El chileno con más películas en el cuerpo. Archivo digital (1941-2011)”, firma el perfil @diariosderaulruiz de Instagram. La frase se lee más como una consigna de boliche de barrio que como un epitafio de la Academia Francesa, alejándose de cualquier aire de solemnidad: se ríe un poco de la épica del fallecido cineasta y Premio Nacional, pero la sostiene.

Eso hace la cuenta desde su creación en 2018: rescatar la memoria y filmografía de un creador y singular personaje de la cultura local, que en Chile sigue siendo nombre de nicho –un mito popular que se cita más de lo que se ve–, además de bajarlo a una línea de tiempo donde caben sus diarios, anécdotas, registros, efemérides, y esa palabra inventada por el propio fandom de más de 19 mil seguidores: lo “ruiziano”.

Con una propuesta visual ecléctica, profundamente lúdica y subversiva, hay humor, método y estudio en la selección del material que se comparte, tal vez con mayor regularidad que cualquier otra cuenta póstuma dedicada a un creador chileno. Pero antes de sumergirnos en el universo del director de películas como Tres tristes tigres y La telenovela errante, nos centraremos en la biografía paralela de quien oxigena y reescribe el guion de su fragmentado archivo personal. 

Ricardo Olave es poeta y periodista, y no llegó a Raúl Ruiz por la academia ni por un ciclo de cine arte. Su ruta fue un atajo más chileno y menos solemne: “No tengo ninguna conexión formal con el cine, salvo que vendía películas piratas de chico (ríe)”, recuerda. Buscaba un referente que no fuese burgués y al mismo tiempo no caer en el panteón de los “clásicos” por deber. Ruiz era, precisamente, uno de esos nombres sagrados por los que tarde o temprano había que pasar. 

“Tenía muchas ganas de leerlo porque buscaba un referente con una relación profunda con Chile, pero que escapara a los referentes habituales. No buscaba una Violeta Parra, no me sentía tan conectado con esa línea. Con Ruiz, en cambio, me fui encontrando de forma natural”, cuenta Olava.

Años atrás, mientras estaba en Sevilla, su pareja le preguntó qué podría llevarle desde Chile. “Algo sencillo, le dije. Ella escogió los diarios de Ruiz por bromear. Y me los trajo. En la muestra de amor más grande”. 

Lo sintió también como una prueba. Y una no cualquiera: entre ambos tomos suman más de 1.200 páginas. “Me vi en cierta medida obligado a leerlo y aproveché las olas de calor del verano y comencé a leerlo en junio del 2023”. A medida que avanzaban las páginas, el problema dejó de ser Ruiz y pasó a ser el volumen: “Empecé a sentir que era tanta información que había que hacer algo”. Ese algo fue sacarla del libro para que respirara, dándole nueva vida a Ruiz para que volviera a andar y a existir como un usuario activo de Instagram.

“Ocupé una cuenta que usaba para vender libros antes y empecé a subir extractos que a mí me llamaban la atención. Agosto, septiembre del 2023”, cuenta Olave. “Partí ocupando simplemente Canva, en su versión gratuita, y a editar videos de forma muy artesanal, descargando los videos de YouTube y haciendo una revisión exhaustiva de internet. Empecé a tomarlo finalmente como si Ruiz fuera un profeta, y me tocó a mí la tarea, desde el área digital, de difundir su palabra”.

Cuando Olave volvió a Chile a mediados de 2024, la cuenta apenas rozaba los dos mil seguidores. Tras el verano, la cifra escaló hasta los 19 mil. “Ya se siente como una responsabilidad. No hay que dejar que la página muera. Material para mantenerla hay de sobra: calculo que solo he extraído un 10% de los diarios”, comenta el poeta, actualmente radicado en Barcelona. 

“Todavía quedan unos veinte libros por publicar”, le reveló Bruno Cuneo sobre el inagotable archivo Ruiz/Sarmiento. Olave ya rastrea las piezas que Chile aún no ha visto, a veces por la simple barrera del idioma: “Estoy aprendiendo francés porque me di cuenta de esa falencia. Hay un volumen inmenso de material guardado en Cannes, en la Cinemateca Francesa, en Estados Unidos y en México. Ruiz fue un migrante; tiene sentido que esté todo repartido”.

Olave conoció a Valeria Sarmiento –cineasta chilena y viuda de Raúl Ruiz– durante una retrospectiva de sus películas en Barcelona. Se le acercó para contarle del proyecto de @diariosderaulruiz. Al comienzo le sonó a rareza. 

“Para ella resultó muy extraño enterarse de que existía un grupo de fanáticos que se reúnen y comparten las cosas de Ruiz como si fuera un profeta. Me dijo, de manera muy simpática: ‘No, tú estás loco’”. Esa «locura» es precisamente lo que mantiene el archivo y al propio Ruiz nuevamente con pulso.

“Hicimos un homenaje para el cumpleaños de Ruiz –el 25 de julio del año pasado– al que invité a ‘ruizianos’ famosos y desconocidos a definir esa palabra. Imprimí ese compendio en alta calidad y se lo entregué cuando nos conocimos”, relata Olave.

Esa campaña –lo ruiziano como pregunta abierta– es de las cosas más raras y más interesantes que ha hecho una cuenta de autor en Chile: no solo cita o conmemora, sino que invita a producir sentido. “Más de 35 voces –entre poetas, cineastas, actores, críticos, músicos y fantasmas–” intentando definir “qué (chucha) es un Raúl Ruiz”. Esa mezcla de juego y servicio público, se traduce también en la publicación de “guía práctica para encontrar el cine de Ruiz”, desde circuitos oficiales hasta los rincones más dudosos de la piratería, y le pide a la comunidad que complete el mapa. 

También están el Ruiz de la memorabilia y el Ruiz ciudadano: la cuenta rescata el programa del Festival de Cannes de 2002 –donde fue jurado– firmado como pieza de colección, y sigue de cerca la noticia de la calle en Puerto Montt que busca ser rebautizada con su nombre y “saldar una deuda histórica”. La moción es impulsada junto a una cuña de Ruiz extraído de un titular del diario local en 1989: “En mi cine están presentes las imágenes de esta región”. 

“Poder aportar, entre la basura que abunda en las redes, una pequeña reflexión sobre el trabajo de Ruiz o una escena de su cine, ayuda a que uno diga: ‘ya, es momento de irse a dormir’. O que al día siguiente despierte con ganas de buscar alguna de sus películas”, dice Olave. “Ruiz es muy sarcástico y eso también nos viene bien para leer los cuatro años que se vienen en Chile. Además, fue sumamente productivo. Nos dejó trabajo a varios”.

Intermedio II: Selección de algoritmo ruiziano

“Dicen que soy un bandido del oeste precedido por su fama”.
Raúl Ruiz en entrevista, 1990.

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“Chile habría declarado la guerra atómica por el puro placer de hacerlo”.

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“El Chile de hoy parece una mezcla de Hong Kong con Cincinnati”.
Entrevista a La Nación, 2003.

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“Los chilenos tienen tradición de perro chico: le ladran a las cosas grandes. Si se les ocurre que eres grande, te ladran”.

Un francotirador en la nube

Facebook fue su domicilio digital favorito: su cuarto propio, su trinchera y su plaza pública. Allí, Pedro Lemebel chateaba, peleaba, coqueteaba y se aburría con la misma intensidad con la que vivía. Sin embargo, hoy es casi imposible leerlo en ese muro; no porque su voz se haya extinguido, sino porque sus propios posteos quedaron sepultados bajo los retazos de una peregrinación virtual que no se detiene.

En los once años transcurridos desde su muerte, su perfil –a ratos ácido e incendiario, en otros un verdadero muro de los lamentos– mutó en un velorio constante. Una animita de neón violeta que no se apaga. Hoy el muro es un libro de condolencias que nunca se cierra: miles depositan cada tanto fotografías, agradecimientos y palabras que no se dijeron, flores de píxel.

Curiosamente, existe otro lugar donde Lemebel sobrevive sin capas de duelo encima. En la red social X –Twitter por esos años–, su cuenta personal permanece intacta, como una cápsula de tiempo que no sido disputada por manos ajenas ni sujeta a ediciones póstumas. Una trinchera congelada. 

El autor de La esquina es mi corazón y figura fundamental de la cultura chilena reciente, murió el 23 de enero de 2015, y su último rastro digital lo dejó también ahí –sin saberlo– apenas quince días antes. Era una captura de prensa de su aparición sorpresiva en Noche Macuca, su último homenaje en vida en el GAM. Lemebel acompañó la imagen con un breve mensaje: “Estamos para quedarnos”. Triste ironía.

En sus últimos años, cuando la enfermedad le arrebató la voz y le impidió las tardes eternas al teléfono, la tecnología fue su prótesis y su escape. Pero sus redes tenían funciones distintas, casi tácticas. Si Facebook le permitía andar descalzo y sentirse como en casa, en X Lemebel no actuaba: se dejaba arder.

Allí no había espacio para construir un personaje: comprimía su barroco feroz en el minimalismo de los 140 caracteres. Un Lemebel francotirador, breve, brutal, que disparó ráfagas que incluso hoy, en el 2026, impactan por su precisión. 

“Con la memoria herida cuesta volver a soñar un país”

@PedroLemebel en X – 10 de abril de 2014

“Todo se pudre cuando cae en manos de la ley y te dan la bendición papal para volarte en cruz por el cielo de los elegidos”

“No al golpe de Estado en Venezuela”
26 de febrero de 2014

El autor de Tengo miedo torero y De perlas y cicatrices tiene también su propio doppelgänger virtual: una cuenta espejo en Facebook que lleva su nombre y que, con más de 50 mil seguidores, funciona como cuartel de memoria para “mantener su legado vivo”. Ahí circulan sus crónicas, registros rescatados de YouTube y frases incendiarias, más como un archivo en movimiento que como un intento –a diferencia de otros casos– de impostar su voz. 

Lemebel es, por lejos, el autor chileno que más circula hoy en reels, posteos conmemorativos y cápsulas virales: su rostro maquillado, su voz agraciada y sus frases cargadas de pólvora aparecen una y otra vez, revolucionando y enyegüeciendo el algoritmo. Durante el estallido social de 2019, reapareció multiplicado en muros, stenciles y pancartas. Sus frases se volvieron consignas virales: residuos ardientes de una voz que se niega a apagarse. 

Cuando sus cuentas personales se fueron cerrando y quedando sepultadas bajo el duelo digital, Salvador Ojeda, un fan de Lemebel, decidió hacerse cargo. No es académico ni representa a ninguna institución. Tampoco se considera un heredero literario. Lo vio solo tres veces en vida –en marchas del Orgullo y una vez también en la población La Victoria, cuenta–, lo justo para un saludo corto y una foto rápida.  

“Cuando Pedro murió, nadie se hizo cargo de su Facebook. Él no dejó herederos para eso y pensé: alguien tiene que hacerse cargo de esto”, cuenta. Hace siete años, Ojeda creó la página Pedro Lemebel en Facebook y hace poco más de un año las cuentas @pedrolemebel_fans y @cronicasdepedrolemebel en Instagram, decidido a constituir un archivo en la nube para hacerlo circular. 

“Siempre me tomo la palabra como si Pedro estuviera vivo, pero sin decir algo que él no habría dicho”, explica. “Según lo que pasa en la vida cotidiana y en la contingencia, busco entre sus crónicas. Cuando cae nieve en Santiago, por ejemplo, siempre recuerdo y comparto Nieve sobre el Mapocho, su crónica publicada en De perlas y cicatrices (1998). 

Por lo general, se permite muy pocas licencias, añade Ojeta: una fue llamar a votar por Jeannette Jara. “Lemebel llamó a votar por Gladys Marín, es algo que él habría hecho”, asegura. También dice que debe lidiar cada tanto también con las reacciones de los usuarios, que no siempre dan like: “Cuando hay rabia en los comentarios, sé que Pedro sigue tocando algo vivo”, dice.

Hubo otro episodio en pandemia que merece ser contado. La gente le pedía que subiera la película Tengo miedo torero, adaptación de la novela que dirigió Rodrigo Sepúlveda con Alfredo Castro en el rol de la Loca del Frente. Ojeda hizo también entonces lo que consideró que Lemebel habría hecho: transmitió la cinta pirateada por Facebook Live. No una, sino tres veces. 

“Pedro jamás se habría molestado por el pirateo si era para que la gente pobre viera su obra en la pantalla”, asegura. “No digo que Pedro se me meta y que él decida cada vez que algo así pasa. Pero su voz es tan fuerte que sigue golpeando, y a veces es tan necesario tenerlo que uno lo busca, lo deja hablar de nuevo. Mucha gente lo busca y quiere leerlo y escucharlo. Incluso muerto, pareciera que todavía escribe y existe”.

Durante los días previos y posteriores a la segunda vuelta presidencial que dio la victoria a José Antonio Kast, volvió a circular en redes una imagen intervenida con IA que muestra a Lemebel a bordo de un auto, maquillado como en uno de sus retratos más icónicos: con el martillo y la hoz grabados en el rostro. Es él quien va al volante. Más abajo, se lee: “Súbete, loca, vamos a derrotar al fascismo».

Santos del scroll

Franz Kafka entró definitivamente a TikTok. Tras el centenario de su muerte en 2024, su figura se volvió viral y nunca más se fue. La Generación Z lo convirtió en trend: La metamorfosis es releída como la metáfora definitiva del agotamiento laboral y la alienación capitalista. “Los humanos solo tienen cuatro estados de ánimo: despertarse convertido en un insecto…”, dice un reel con miles de reproducciones que circulan con el hashtag #KafkaTok.

El autor de El proceso pasó de la solemnidad de las bibliotecas al vértigo de los reels; de la angustia metafísica al humor negro para sobrevivir a la oficina y al deber de socializar. Un misántropo del absurdo para la era digital.

La poeta argentina Alejandra Pizarnik tampoco logró su cometido en el relato paralelo de las redes y aún sobrevive en Instagram bajo el nombre de @pizarnik_alejandra. Allí, su desgarro vital se fragmenta en imágenes aesthetic que decoran las historias de miles de usuarios y lectores suyos de todo el planeta. Otro vibe. 

Mientras tanto, Roberto Bolaño sigue respirando en cuentas como @sobrerobertobolano, administrada por lectores devotos y seguida por casi 16 mil personas. El perfil funciona como un club de lectura activo las 24 horas para trabajólicos y noctámbulos, como el propio autor, fallecido en Barcelona en 2003. 

El Bolaño póstumo que merodea por las redes es una amalgama de genialidades rescatadas de archivos y extractos de entrevistas donde su lucidez todavía escuece. En las publicaciones de Instagram se leen diálogos que parecen desafiar al tiempo:

—¿Para qué le ha servido a usted la literatura? —le preguntan en una entrevista compartida por la misma cuenta.

—Podría dar una respuesta aparentemente poética: “Para no morirme”. Pero es falso: yo seguiría vivo y probablemente con mejor salud si no hubiera optado por la literatura.

Fotografías suyas de juventud, portadas de ediciones raras y frases que parecen escritas esta misma mañana para alimentar el feed una tarde de 2026: “Yo he sido feliz casi todos los días de mi vida, al menos durante un ratito, incluso en las circunstancias más adversas”, se lee en otro post con extractos de la última entrevista que concedió a la periodista Mónica Maristain para la revista Playboy en julio de 2003, apenas unos días antes de morir por una insuficiencia hepática. 

Los algoritmos no distinguen entre vivos y muertos. En TikTok o Instagram, un reel de la Premio Nobel coreana Han Kang o de Patti Smith aparece junto a uno de Cortázar o Hannah Arendt. Las redes propician ese plano único donde se aplana el tiempo y todos entran. 

“La posteridad la van definiendo los lectores con el tiempo”, sostiene el periodista Javier García. “He visto cuentas en redes  dedicadas a Kafka; el otro día escuché un podcast sobre la Carta al padre. Hay jóvenes poetas que nacen viejos, y aunque vendan sus libros en portales de internet y se hagan autobombo, quizá no les alcance para el aplauso de los lectores, más allá del de sus amigos y los miles de seguidores virtuales que solo comparten un like. No sé cuántas cuentas habrá hoy en redes sociales asociadas a Mistral, a Enrique Lihn, Bárbara Délano, Malú Urriola, Jorge Teillier o Rodrigo Lira, pero son autores que se siguen leyendo, estudiando y revisitando: vuelven y perduran”.

Académicos como Jesse Dinneen, quien investiga la ética de los datos póstumos en la Humboldt-Universität de Berlín, y John R. Gallagher, autor del libro Update Culture and the Afterlife of Digital Writing (2020), advierten que esta “inmortalidad curada” conlleva un riesgo sistémico: que la tiranía del engagement termine reescribiendo la esencia de los autores. 

Dinneen sostiene que, al gestionar perfiles de fallecidos, los algoritmos de 2026 tienden a la “optimización de la personalidad”, un proceso donde se filtran los rasgos erráticos o polémicos para crear una versión sintética y comercialmente viable. Por su parte, Gallagher señala que la dinámica de las redes exige una actualización constante que los muertos no pueden proveer, obligando a los administradores a “limar lo incómodo” y suavizar aristas ideológicas en favor de la viralidad. 

El peligro es la metamorfosis del legado en una marca: que se convierta a pensadores radicales en meros generadores de frases motivacionales, volviéndolos más vendibles, más amables y, en definitiva, más likeables de lo que jamás fueron en su vida. Esta «domesticación algorítmica» no solo distorsiona el pasado, sino que –como advierte Dinneen– establece un precedente peligroso donde el derecho al honor póstumo es sacrificado en el altar del tráfico digital.

Pero en medio de este coro de fantasmas domesticados hay una voz que todavía se resiste. Raúl Zurita no parece necesitar avatar, ni curador, ni agencia de marketing. En X, @ZuritaRa lanza versos y alaridos políticos y de amor. Creada a fines de 2012 y con casi 22 mil seguidores, la cuenta funciona como una extensión de sus performances en el cielo o el desierto: visceral, apasionada, sin filtros.

Con 75 años recién cumplidos, Zurita escribe en mayúsculas, como si la pantalla no aguantara el peso de su voz ni de su indignación. “ME PONGO DE PIE ANTE LA SENADORA ISABEL ALLENDE BUSSI / TODA LA FUERZA TODO EL AMOR TODA LA VIDA”, posteó en abril de 2025. O su lapidario “DUELO UNIVERSAL”, el 13 de mayo de 2025, tras la muerte de Pepe Mujica.

¿Será realmente Zurita quien postea? Me lo pregunto desde hace un par de años, cuando noté que su cuenta me había bloqueado. Desde entonces solo puedo ver el contenido público, pero no interactuar con sus publicaciones.

El último post suyo que vi –gracias a terceros– fue cuando una noticia falsa anunció su muerte, en enero del año pasado. El autor de Purgatorio no dejó que el rumor hiciera su trabajo y respondió citando una frase célebre de Mark Twain. El mensaje desbordó las redes y hasta el presidente Gabriel Boric lo replicó para acallarlo: “Las noticias en torno a mi muerte son un tanto exageradas”.

*ILUSTRACIÓN DE PATO VERA.

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