La ilustración de Mara Parra muestra a Gabriela Mistral y Doris Dana e ilustra el texto "Para una lesbiana Gabriela es..." de Revista Abismo

Para una lesbiana Gabriela es…

Para una lesbiana, desde pequeña, el primer gran referente público que tenemos es a Gabriela Mistral; si es que no tenemos a una tía peculiar o una prima que anda en nuestros mismos pasos. En mi caso, me acercaba cada vez más cuando opté por mi vocación pedagógica, para así trabajar desde el aula con las infancia y adolescencia y así: “Enseñar siempre: en el patio y en la calle como en la sala de clase. Enseñar con actitud, el gesto y la palabra», tal como decía ella. 

A Mistral la escuchamos tímida e infantil en las aulas de las escuelas, Piececitos de niños, es la poesía que nos entregan para digerir sin más cuestionamientos. Sin embargo, la curiosidad crece desde una vereda disidente y nos volvemos unas jóvenes ávidas de saber quién habla desde los bordes igual que nosotras. Luego, nos pillamos con una que otra carta íntima de Gabriela, en una especie de secreto a voces vamos conociendo una Mistral que es apasionada y ama a otra mujer; Doris Dana. Leemos sus cartas llenas de pasión y nos envuelve la sensación de estar entrometiéndonos en el diario íntimo de una amiga que ayudarás a cargar su secreto más profundo: Gabriela ama a otras mujeres. 

Vamos creciendo y los contextos políticos nos hacen atrincherarnos en nuestras ideologías. En Chile, el 2019 nace una Revuelta Social donde hacemos surgir nuevamente a una Mistral vigente y que responde a nuestro contexto. Vestimos a Mistral con pantalones, bototos y con una camiseta con la letra de Sudamerican Rockers y el pañuelo verde de aborto libre, bien firme con la bandera negra que representó una agitación política que iba en busca de una nueva constitución. Esa nueva Mistral vino a susurrarnos a los oídos con su texto Menos cóndor y más huemul; carta que invita a reflexionar sobre nuestro emblema nacional que acompaña la frase “Por la razón o la fuerza”. Esta Mistral crítica ya nos advertía desde siglos pasados que el pueblo persiste en optar por resaltar “la fuerza” del Cóndor, “ave carroñera”, por sobre el Huemul, “bestezuela sensible y menuda”. La voz de Mistral nos susurra: “espiguemos en la historia de chile”, volvamos a las páginas olvidadas para ir en búsqueda de la sensibilidad y la gracia del Huemul. Sin duda, un desafío que aún resuena como un eco vigente. 

Luego, una persiste en hurguetear y visitar la vida de Mistral para sentirla más cerca, como una colega que te acompaña a tomarte un té a las 7:20 de la mañana antes de entrar a clases, como una amiga con la que piensas cambiar el mundo, como cuando tu madre o abuela te consuelan con un tierno abrazo o, también, como esa mujer con quien compartes el placer de ser amada. Y es así, leyendo, buscándola entre los textos, es como te das cuenta que la vida de Gabriela Mistral estuvo cruzada por el amor de muchas otras mujeres importantísimas para la historia de las mujeres latinoamericanas. Sin ir más lejos, nombremos a la artista Laura Rodig, con quien pasó sus días en Punta Arenas cuando trabajaba para el Liceo de niñas. O a la mexicana Palma Guillén, con quien crió a YinYin, y muchas otras mujeres que cruzaron vida con Gabriela. 

Para mí leer y toparme en esta vida con Mistral, una vez que abro sus obras y toco las hojas con la yema de mis dedos, es ir en busca de un consejo, un cobijo y abrir paso a esa voz que susurra en los oídos para advertirme que juntas hacemos una urdiembre femenina, que soy otro botón que hilvanar en este entramado de hilos. Es recordar que hay otras detrás de mí y que hoy soy porque ellas también fueron. Junto a eso se presenta también, frente a frente el paisaje andino y nos recuerda a qué tierra sabemos todas nosotras aquí presentes. 

En mi experiencia, la gran poeta, ha sido parte fundamental en mis ejercicios de escritura y creación de espacios simbólicos femeninos y lésbicos, pues su poesía me ha regalado un desierto, tal cual vemos en la cianotipia del desierto realizada por mi compañera Estéfani Díaz. Un desierto que aparece y se transforma en cada verso de esta maestra rural que nos hace recordar lo andinos que somos. Un claro ejemplo de esto es el título que le he dado a mi primer poemario, que es…y detrás las mujeres que se pepenan por el desierto; frase que su ancla está en la diferencia mistraliana. 

Para mí, y mi poesía, este desierto es el espacio simbólico donde todas las voces femeninas y lesbianas nos reunimos en cuerpo y alma para hilvanarnos junto a las huellas y sedimentos de la tierra Andina. Es una fuga simbólica donde los cuerpos nos podemos encontrar junto a nuestras heridas, placeres, complejidades y territorios. En esta poética, lo interesante es sentir esa voz colectiva femenina en una constante transmutación entre lo particular y múltiple que va siempre en busca del sentir. 

La ilustración de Mara Parra muestra a Gabriela Mistral y Doris Dana e ilustra el texto "Para una lesbiana Gabriela es..." de Revista Abismo

Mi poética fue hilvanada junto a Mistral cuando realizado el último apartado que titulo Florilegio, que en latín significa: “recoger flores”. Aquí, hago una colección de trozos selectos de materias literarias como acto político de reivindicación y honra a todas las voces que voy recogiendo de esta urdiembre literaria que me ha susurrado Gabriela en forma de eco. Recojo, tal cual flores del campo, las voces de: Soledad Fariña, Rosabetty Muñoz, Eugenia Prado, Isabel Larraín, Malú Urriola, Ivonne Coñuecar, Guadalupe Santa Cruz, Nadia Prado, Estéfani Diaz, María José Ferrada, entre otras, para regalarles a las lectoras y lectores las voces donde nos adentramos a nuestro lenguaje colectivo, desde diversas lenguas y todas las flores. 

La lectura que hacemos hoy de Mistral desde las aulas deben ampliarse, ir a los recovecos, todas las dimensiones y matices que muestran a una mujer que fue: maestra rural, botánica, poeta, indomesiza, madre, lesbiana, filósofa, diplomática, entre otras; sino condenamos a leerla desde el sesgo patriarcal y heterosexual que embrutecen y acortan las interpretaciones de la obra literaria. Nuestras infancias y adolescencias disidentes merecen tener referentes literarios para ir en búsqueda de sus propios leguajes de cobijo y acompañamiento.

Este texto fue desarrollado en el marco del conversatorio “Gabriela Mistral: Lecturas afectivas y contemporáneas de su legado”, realizado en el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos y organizado por el Ministerio de la Mujer y la Equidad y el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos.

ILUSTRACIÓN DE MARA PARRA.

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