¿Por qué leemos libros? ¿Por qué vamos a contemplar cuadros? ¿Por qué vamos al teatro? ¿por qué compramos discos y vamos a conciertos a escuchar música? ¿Por qué, a pesar de que el mercado te dice lo contrario, seguimos encontrándonos en la poesía?¿Qué rol juega el arte en nuestra vida cotidiana?
Muchas veces me he hecho esta pregunta, por qué decidí dedicar mi vida a un tipo de arte. Cuando era más joven (aún considero que lo soy) y esa decisión se acercaba cada vez más, tenía una inocente y esperanzadora ilusión: dedicarse a escribir y vivir de ello sí era posible. Veía que existían excepciones y con eso me era suficiente, yo podía ser una de ellas. Entrando en el mundo de la literatura, de a poco y con mucha insistencia, es que he podido entender aquella inocente y esperanzadora ilusión con otra perspectiva. Una quizás más realista. El trabajo literario es cansador, agotador para ser más precisa. Estás constantemente luchando contra la rueda, esa que te dice: no, esto no merece mi atención, no, esto no merece un sueldo, no, esto no equivale al mismo esfuerzo al de un cirujano o un ingeniero civil. Y sí, tienen razón, no es lo mismo porque si lo fuera no sería arte. No sería literatura. No podemos medir el arte con la misma vara con la que se mide una operación exitosa o una construcción de un hospital. Entonces, ¿por qué necesitamos arte si, bajo cualquier criterio, un hospital salvará más vidas?
Me avergüenza pensarlo, pero la respuesta me costó décadas. El arte nos ayuda a sentir, a encontrarnos en el dolor y alegría en palabras de otros. Según un estudio de la World Health Organization de 2019, el arte previene enfermedades, mejora nuestra salud mental, reduce nuestro estrés, y aumenta nuestro bienestar social y emocional.Necesitamos el arte para pensarnos como seres humanos sintientes, sensibles, reflexivos. Sin ello no somos más que máquinas individualistas dedicadas a vivir por el trabajo y morir por el sistema. Pero también nos permite conocer la realidad de otros, ponernos en el lugar de alguien con quien nunca nos encontraríamos y hoy más que nunca, nos da la oportunidad de empatizar. Una labor difícil en el mundo actual que se enfoca cada vez más en intereses personales y egoístas. Nos abre puertas a distintos universos y nos brinda información valiosa para formarnos como seres humanos. Por lo demás, es una herramienta, en mi opinión, desde siempre política, además de profundamente sensible.
Entonces, ¿por qué Chile necesita del arte?Bajo el eslogan alarmista de “Estamos en emergencia”, misma lógica del “Estamos en guerra” de Piñera y una emergencia que ni países realmente en emergencia se han atrevido a nombrar; el nuevo gobierno de José Antonio Kast y su ministro de cultura, Francisco Undurraga, han anunciado que se recortará un 3% de presupuesto en cultura. Undurraga, nuestro nuevo jefe de cartera, se ha desempeñado toda su carrera como empresario, participando en negocios como Megavisión e ING, dueño, además, de la conocida cafetería El Emporio La Rosa. Su relación con la cultura continúa siendo una gran interrogante, sin embargo, hace unos días afirmó con total confianza que el presupuesto cultural era “excesivo”.
¿Cuánto es el gasto en cultura en Chile? En 2025, de acuerdo a DIPRES, el presupuesto anual asignado a cultura fue de, aproximadamente, $411.000 millones de pesos de un total de, aproximadamente $82,5 billones de pesos. El presupuesto proyectado para 2026 que Undurraga llamó “excesivo”, representa, aproximadamente el 0,6% del total del gasto público. Si lo ponemos en palabras simples y lo comparamos con un sueldo promedio en Chile (unos $830.000, según los últimos datos del INE), eso significa un gasto de $4.150 mensuales en cultura.
Esta promesa de recorte, más bien amenaza, estuvo presente durante toda la campaña del actual presidente, sabíamos que llegaría el día. Pero ahora que ya está aquí no podemos evitar sentir rabia e impotencia. ¿Cómo podemos defendernos una vez más? ¿Cómo le explicamos a un empresario la inversión que significa apostar dinero en cada uno de nosotros, facilitadores, creadores, gestores, promotores del arte? El ministerio siempre ha estado en deuda con nosotros, sin embargo, un recorte como el que se anuncia efectivamente sí es una emergencia.
El arte, como bien lo han dicho tantas veces, es una inversión a largo plazo. Ejemplos de esa inversión existen y valdría la pena señalarlos. En 1997, luego de la crisis asiática que golpeó a Corea del Sur, el gobierno decidió invertir estratégicamente en industrias culturales para impulsar la economía. Ello significó aumentar el financiamiento de dichas industrias de 14 a 84 millones de dólares en apenas tres años. Lo que se llamó “ola coreana” o Hallyu, no solo cumplió su objetivo (y nos presentó su producto de exportación más conocido hasta el día de hoy: el K-Pop), sino que la cultura pasó de aportar solo 1,8 mil millones de dólares del PIB en 2004 a 12,3 mil millones en 2019, según un estudio del International Journal of Developing and Emerging Economies de 2022. De un 0,6% de inversión del presupuesto nacional en cultura se subió a un 1.15%.
Por qué estoy comparándolo con Corea del Sur, qué tenemos en común. Ambos somos países medianos con población relativamente pequeña, frente a gigantes regionales (China y Brasil, por ejemplo). Ambos dependemos de las exportaciones, con economías abiertas. Y en ambos existe el desafío de descentralizar tanto la cultura como la economía.
Ahora bien, si queremos utilizar un ejemplo aún más parecido en términos económicos sin irnos tan lejos, podríamos apuntar a Uruguay. Su inversión cultural se acerca al 1% del PIB nacional y genera alrededor de 20 mil trabajos directos.
Para algunos quizás este recorte es una decisión obvia, como para Undurraga, porque en un país subdesarrollado no nos podemos dar el lujo de darle dinero al arte para seguir existiendo cuando hay otros problemas como la salud y la educación. Así lo dirán muchos que llenan sus estantes con libros, sus reproductores de música con canciones nuevas y sus paredes con copias de cuadros de artistas famosos que les hicieron sentir precisamente ese algo y que aportaron, precisamente, en su salud y su educación.
Pocos se detendrán a pensar en quienes han dedicado su vida a que ellos sientan ese algo, contra la precariedad y el agotamiento, contra millones de rechazos y pocos aciertos, contra un sistema que no les aprecia ni les reconoce. El privilegio de vivir del arte en Chile, sin fondos del Estado, lo tienen quienes vienen de familias acomodadas, mientras el resto barajamos dos o tres trabajos (relacionados o no a lo que hacemos) para imprimir ese poema, pintar ese cuadro, montar esa obra de teatro, escribir ese guion, filmar esa película. ¿Cuánto más se podrá aguantar? Hay quienes aguantan toda la vida, hay quienes se van a otro país donde sí se aprecie su labor, donde, sorprendentemente para ellos porque han perdido la costumbre, les pagan un sueldo más que digno por ella. Pero hay quienes, a pesar de tener un talento innegable, energía y algo interesante que decir, desisten porque el sacrificio es demasiado. Y quién podría juzgarles.
Por eso alarma que nuevamente se pone en tela de juicio la importancia del arte y de quienes nos dedicamos a ella. Alarma que nuevamente nos enfrentemos a la precariedad que tanto conocemos y hemos aprendido a abrazar y notemos que está en riesgo de ponerse aún peor. Algunos nos llamarán exagerados desde sus asientos en ferias repletas de personas del barrio alto que bajan para comprar cuadros sobre el millón de pesos. Un monto mucho menos de lo que un artista chileno promedio recibe por su trabajo de un mes. Un monto muchas veces aceptado por trabajos que valen dos o tres veces más, solo para que aquellos contactos necesarios con poder y dinero heredado les financien su próxima obra.
El resto nos quedaremos aquí, en la misma base donde siempre hemos estado, esquivando las opiniones que nos califican de flojos o “que quieren todo gratis”, intentando demostrar que lo que hacemos sí es trabajo, sí merece un sueldo, peleándonos fondos con poco cupos y poco presupuesto, la validez de jueces subjetivos, y seguiremos intentándolo.Porque es así como, resignados, entendemos que se hace cultura en Chile, aunque nunca dejemos de soñar en esa inocente y esperanzadora ilusión de que algún día el panorama cambie.






3 comentarios en “Cuando el arte vuelve a ser el «gasto excesivo»: el error de siempre”
Excelente comentario. Aplaudo la claridad, asertividad y buena focalización de la problemática.
Qué buen texto, gracias Ignacia, me sentí tan interpretada, me acordé de varixs colegas, gente que a muerto ya o que sobreviven enfermedades haciendo su arte.
Gracias Ignacia, qué impotencia e indignación. Por otro lado qué predecible y triste a tan pocas semanas de gobierno.
Soy médica, amante de todas las artes y desde mi cómoda vereda, no considero que mi trabajo valga más que el de uds, que yo merezca un sueldo digno y uds no, que yo tenga derecho a seguridad social y los artistas no. Me da pena, me da vergüenza y soy testigo del esfuerzo de amigos artistas que logran gestionarlo TODO para poder sobrevivir y seguir creando. Anhelo que las artes en Chile alcancen el lugar que merecen. Que haya público suficiente que goce de sus obras y pague por acceder a ellas, que el arte no muera en el intento de surgir y los artistas perseveren. Porque necesitamos del arte SIEMPRE, para recordar que somos humanos, para reencontrarnos.
¡Qué no logren desalentarlos los políticos! El amor y el arte todo lo pueden. Un abrazo.