Se siente la ansiedad en el aire. En la boletería del Teatro Condell, en pleno centro de Valparaíso, algunos de los organizadores del evento de esta noche están a la espera del público que, dentro de algunos minutos, abandonará la sala. En este edificio emblemático de 1912, con piso ajedrezado y donde hoy funciona el cine Insomnia, la pregunta que surge ahora es si les gustó o no la película.
Es la segunda pregunta de la noche. La primera fue si el público llegaría o no este viernes caluroso al estreno. No era una inquietud infundada: la difusión de la séptima versión de Excéntrico, contó con una adversidad extra. Si hablar de cine erótico, sexo y pornografía sin tabúes ya es difícil, este año el algoritmo de redes sociales complejizó aun más la convocatoria, porque bloqueó contenidos que insinuaran el deseo. Es decir, no solo eliminó contenidos explícitos, sino también los implícitos.
¿Qué puede ser visto y qué no? ¿Quién o qué define qué es lo excesivo?
Por suerte ese obstáculo parece haber sido superado. Porque tan pronto el público sale de la exhibición de Truth or Dare —un documental de Maja Classen en el que personas migrantes residentes en Berlín reflexionan sobre pertenencia, consentimiento y el reconocimiento del trabajo sexual autónomo— se percibe que no eran ni uno, ni diez, ni veinte asistentes. Por lo menos cien personas estuvieron codo a codo durante más de una hora asistiendo a una película sobre placeres críticos.
Salen sonriendo, cómplices, conscientes de que compartieron una experiencia única.
Es lo que dice Dion:
—Ver porno con más personas, en un cine, cambia todo. Es demasiado. Sentí en el cuerpo mucha emoción, mucha estimulación frente a lo que se narraba, más que frente a lo que se mostraba. Era como si me drogara, como si tomara una pastilla y pudiera sentirlo todo.
Romina Pistolas, escritora y stripper, apunta a lo mismo:
—Me pareció que mostraban una experiencia liberadora, donde el consentimiento se da desde la ternura y comprensión del otro.
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Entre carteles de películas clásicas, como Twin Peaks, y actuales, como Sentimental Value, también se leen los mensajes de Excéntrico:
El placer es político.
Otro porno es posible.
Por(no) es cine.
Y uno que se repite una y otra vez:
¿Dónde empiezan tus excesos? ¿Dónde empiezan tus excesos? ¿Dónde empiezan tus excesos?


Es una pregunta que interpela a Renato Robles, escritor cronista que hoy está apoyando la venta de la ya clásica revista de arte, deseo, sexo y provocación Vieja Verde.
—Yo siempre pienso dónde terminan los excesos, no dónde empiezan…
Después de un momento, añade:
—Esto es lo que me gusta de estos eventos. He venido de espectador y también al FAE (Festival de Arte Erótico), conozco a lxs expositorxs. ¡Me encanta! He sido trabajador sexual y creo que la cultura del porno tiene que tener un asidero. Y me encanta porque excéntrico se caracteriza por ser crítico, pero igual es cochino (se ríe).
¿Qué es lo cochino? ¿Puede lo crítico ser cochino?
Gabriela Rivas, sexóloga y stripper, coincide:
—Excéntrico es un espacio que nos permite hacer resistencia y mostrar que no hay una sola manera de vivir la vida y la sexualidad, y ninguna forma es más correcta que otra. Mi existencia como trabajadora sexual ya es activismo, porque vivimos fuera de la norma.
¿Qué nos atraviesa? ¿Quién define cómo se vive la sexualidad? ¿Existe un correcto o incorrecto?

Paula Vidal, fundadora y directora artística del evento, admite que ese tipo de preguntas es justamente lo que buscan con Excéntrico:
—A todxs nos cuesta mucho hablar de nuestra intimidad, incluso en nuestros momentos más íntimos. Este año, estamos hablando acá de pasión y exceso justamente porque se tiende a tener esa visión muy sudaca, medio telenovelasca, de la intimidad.
¿Puede la intimidad ser telenovelesca?
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El público empieza a hacerse otras preguntas:
—¿Van a la fiesta?
Allí, horas después, se encontrarán en una casona de techo alto en Valparaíso para bailar, tomar, conversar y celebrar la muestra. Al día siguiente, muchxs volverán a encontrarse para la curatoría de cine lesbos, realizada por Bhav.
—Estamos aquí para interpelar los márgenes y las construcciones sociales y políticas. Para expandir los imaginarios lesbianos.
Lo que sigue son una serie de cortometrajes nacionales e internacionales, primero de disidencias y luego del nuevo cine porno chileno. Se ven imágenes más tradicionales, otras que juegan con conceptos tan diversos como la nostalgia, el futuro, la infancia e, incluso, cirugías y el terror.
¿Qué es el porno? ¿Es el porno sinónimo de exceso? ¿Qué es lo excesivo? ¿Siempre el porno tiene que calentarme? ¿Qué cuerpos y qué prácticas se inscriben? ¿Se puede construir un porno con ropa ¿Qué puede ser visto y qué no? ¿Es posible darle al asco un espacio gozoso?

Quizás –solo quizás– todas las preguntas de las últimas 48 horas puedan ser respondidas en una frase de la realizadora argentina Fer Guaglianone:
—El poder en sí mismo es excesivo. El poder ya es porno.
Aunque, si nos preguntan a nosotras, como asistentas, probablemente también nos quedemos con lo que dijo la realizadora chilena Javiera Belem:
—Es posible reivindicar la ternura desde un lugar más sexual.
Porque si hay algo que vimos en medio de todos estos excesos-no excesos, ese algo fue la ternura. ¿Y quién no quiere un mundo más tierno?
*El festival Excéntrico continúa su programación en Valparaíso hasta el próximo 30 de enero. Más información en su sitio web.





