Mis respis

No me acuerdo la primera vez que usé un respirador, ni lo que sentí, pero imagino que habrá sido violento, sobre todo porque en 1992 todo era más violento que ahora. Aunque tengo la sospecha de que había más criterio para algunas cosas violentas. No como hoy, que en teoría son suaves y no podés ni quejarte de lo mierda que son. 

Pasé de las perillas grandotas de esas que vemos en cualquier película ochentosa, a una pantalla táctil LCD y no pude despedirme de la comodidad que sentía. 

El primero de todos   

“El secri”, se pronunciaba, y supongo que no se escribía igual porque lo busqué en internet donde supuestamente se encuentra todo, pero nunca encuentro nada de lo que usaba en los noventa. Era alto y tenía un trípode como de suero que le transfería una autoridad de personaje de Star Wars. Muy epocal, como yo, como todos nosotros, pero todavía no lo sabía. Era un cuadrado celeste con perillas que parecían ojos y le pude encontrar rápidamente forma humana. Habrá sido un poco más chico que una tele de ese entonces. Me transmitía amabilidad, no me daba miedo. Me gustaría recordar su alarma, pero la verdad es que no logro encontrarla en mi mente. Es como si alguien la hubiera eliminado. ¿Será porque eran mis primeros años o porque no logró distinguirse de la de sus sucesores? A mí me parecía que era casi alto como mi papá. Funcionaba con tubos de oxígeno de ocho metros que le hacían de guardaespaldas y le transferían La Fuerza. No funcionaba con batería y cuando se cortaba la luz quedaba como descansando. Cuando los había consumido, a los tubos, a la hora que sea, había que cambiarlos cagando. Siempre fue difícil descansar en horarios normales. Me inflaba el pecho de una, como quien practica darle un pelotazo a la pared lo más rápido posible y que suene fuerte. Tenía una aguja encerrada en un círculo de vidrio que marcaba la presión y subía y bajaba y solo se ralentizaba cuando el O2 estaba tocando el frío metal de su recipiente. Fue decepcionante cuando nos enteramos que solo le faltaba un cable para conectarlo a una batería de auto por dos cosas: la primera es porque alguien decidió omitirles la información a mis viejos, como si pasar emergencias fuera algo intrascendente; la otra es porque podría habernos acompañado en las aventuras cuando se cortaban la luz (en vez de tener que irse a dormir) y hubieran sido aventuras no solo si lograba evitar la emergencia, porque si no conseguía cumplir la misión igual hubieran sido momentos de una extraña, rebuscada pero épica diversión. Porque nadie te dice que cuando lográs superar la emergencia conviven el miedo y la sensación adrenalínica de deportista extremo. 

El mejor de todos los tiempos

¡Era verde! Como el Power Ranger verde que ahora se le dice Green Ranger pero que ningún niño le decíamos así simplemente porque vivíamos en Argentina. No necesitaba trípode de suero (ahora que me doy cuenta y me río mientras escribo porque era como Yoda. Hasta capaz tenía más o menos la misma altura. Jajá, qué culiao) y se apoyaba horizontal sobre cuatro gomitas negras redondas que intentaban hacer sopapa en una mesita de caña. “El PLV 102 de la marca Lifecare, señoras y señores, de pie por favor”, imagino que esa tendrá que ser su entrada al paraíso cuando vaya al desguace de los respiradores. Y un ruido ensordecedor de alarmas vitoreando en reconocimiento al mejor de los tiempos de los respiradores artificiales, mientras se despliegan estandartes gigantes de cabras verdes. La interacción que tenía conmigo el PLV-102 (mejor que su antecesor el 100, por supuesto, que requería de una bolsa tipo membrana para conectarle oxígeno y nos habían dicho que era una cagada porque se pinchaba al toque y a mí siempre me gustaron las cosas hechas para durar) nunca la tuve con ningún otro respirador. La aguja que ya no estaba encerrada, sino que era pieza fundamental del ojo tipo cíclope, iba y venía al compás de mis respiraciones a demanda. Ese modo de ventilación se llama Asistido Controlado (se abrevia AC) y el PLV 102 era quien mejor lo supo interpretar. Él no me veía como un paciente, él me sabía tiempista. Otro respirador entiende: Paciente-pide-respiraciones-activar-mecanismo-tomá-respiración. Pero el PLV leía momentos y por eso era infalible. Porque si yo quería hablar y pronunciar “Viva el Power Ranger Verde, es mucho mejor que el rojo que nunca tuvo personalidad”, eso requería de respiraciones pensadas en momentos, repartidas en parcelas de segundos. Y el Asistido Controlado significa que yo puedo decirle al respirador cuando me tiene que largar el aire y no quedar supeditado a la frecuencia respiratoria promedio de quince respiraciones por segundos que le establecimos en la configuración. Ahora me doy cuenta que fue como empezar a ver fútbol con descreimiento y encontrarte en la pantalla a Lionel Messi. Es contraproducente porque todo el resto te van a parecer horribles. 

El que quiere pero no puede 

Si me preguntan qué es lo peor de usar respirador (nunca me preguntaron qué es lo mejor) sin dudas les respondo que es tener que cambiarlos. Las empresas se reparten el mercado como las mojarritas tironean las migas de pan, se chocan, se odian, hasta pueden morderse. Eso hacen los CEOs de estas tecnologías y en ese progreso indefinido dejan los marcos teóricos tirados. Todo lo que era cómodo e indispensable lo sacan al carajo. Es cierto que mejoran aspectos históricamente endebles; peso, tamaño y baterías (sería como bajar la inflación). Pero se olvidan que después de tantos años de USO, dejé la paciencia de lado y evolucioné de paciente a usuario. Eso es lo que el táctil Astral-150 y su infumable alarma casi constante no fue hecho para comprender. Me muevo y suena. Hablo y suena. Se me desconecta la tubuladura (las mangueras que odio que le digan así y me da paja explicar todo) y pierde la sincronización conmigo, tira aire de menor a mayor cantidad (es como si hubieras corrido una maratón y te tapan la boca con la mano, dejando entrar una hendija más grande de aire por cada respiración) lo que hace que mi oxígeno en sangre caía como una erección. Tener sexo conectado al Astral-150 no es de mis mejores experiencias. Intento no quejarme porque no tiene la violencia del Secri en 1992 y ganó un premio a la innovación o algo así en Australia, 2014. No da que lo critique tanto, los ingenieros algo deben saber. Sé que debe ser muy frustrante que lo hayan preparado para ser el mejor pero que, en la cancha, no le pueda ganar a un noventoso viejo verde.

2 comentarios en “Mis respis”

  1. ANTONIO MARCOS DE SOUZA

    Excelente texto. Obrigado por compartilhar conosco sua experiência. Tenho um filho de 31 anos com MN também. Usa Astral 100 por traqueostomia e sonda para alimentação.
    Um forte abraço desde Brasil.

  2. Que hermoso texto… Fácil de leer… Conecte y eso q no tengo discapacidad ni uso respirador.
    Gracias Sebastián por regalarnos estás historias… No pares por favor.

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