Robar madera, de la compañía Intermitente, busca reflexionar, sin mensajes explícitos, sobre los problemas ambientales y políticos que se están viviendo tanto en Chile como en todo el mundo. En ella, tres pájaros imitan las palabras que fueron dichas en un bosque que ya no existe, repitiendo una y otra vez sucesos que se ven interrumpidos, talados, como los árboles. Aquí, un ensayo de su dramaturgo sobre la obra, que se presenta hasta este sábado en el Teatro La Memoria.
I
No sé cómo empezar a escribir esto.
De manera que iré mencionando puntos. Y entre esos puntos habrá conexiones en las cuales el lector puede pensar: ah, ahora entiendo, es por esto y por esto. Pero no. Son solo puntos para tratar de entender cómo hablar de una obra. En este caso, ‘Robar Madera’, obra que escribí,
obra que no he visto porque estoy lejos,
pero de la cual ahora escribo esto,
que no sé si es un ensayo corto u otra cosa,
solo sé que estoy atrasado, tarde, porque la temporada de la obra acaba esta semana, esto será sobre las cosas que acaban.



II
Escribo desde la estación de trenes de Utrecht.
Frente a mí hay una publicidad de cigarros electrónicos con un pájaro carpintero sonriendo. Y yo amo los cigarros reales. Porque se consumen.
Como esta obra. ‘Robar Madera’.
No como los cigarros electrónicos. Detestable invento.
Me gusta la gente que fuma cigarros industriales,
es como que declararan su relación con la muerte entre tanta sobriedad generacional, entre tanta gente corriendo maratones, abrazando árboles, recomendando ciclos de sueño. Bueno, los pájaros carpinteros,
la obra termina con un pájaro carpintero.
Es mi escena favorita. Porque es un pájaro que no es bueno:
Aunque no lo crean amo más el ruido blanco de las motosierras,
que el canto de mis amigos,
me relaja, no sé, es como el mar.
(…)
y encontré muchas palabras entre esta madera,
y me dio eso, de ponerme triste,
y cuando me pongo triste voy y trago savia y me olvido de todo,
pero al día siguiente mi cabeza me mata,
por la sobredosis de azúcar.
Los bosques chilenos no son tan alegres. Y no está mal.
III
Me acuerdo que hablamos con Imanol en un bar sobre esto. Esto de escribir una obra. Me dijo que estaba haciendo una pieza coreográfica. Y que pensaba que entre la coreografía había texto. Algo así recuerdo, quizás me equivoco. El punto es que la idea me parecía libre, y me daba tiempo. Y me gusta tener tiempo para perder.
IV
Imanol ya tenía el título cuando me invitó al proyecto. Primera vez que no nombro algo que escribo. Creo que esa cualidad abre a ‘Robar Madera’ a algo cuyo crecimiento y forma no puedo entender. Hasta ahora no he visto la obra. Y eso se mantiene como un misterio.
V
Cuando comencé a escribir pensé en la idea de bosque. La idea romántica y homosexual de bosque por el bosque. Como el título de Koltés que usa la palabra bosque, que título más lindo, Dios mío. Y por eso pensé en una idea de bosque, una idea de bosque me da tristeza y me hace pensar en amor. Y el terror de que esas dos cosas acaben.
VI
Cuando me dicen la palabra naturaleza me aterro. Quizás por pensar en un hippie hablándome de conexiones que nunca he sentido. Habiendo crecido en el sur, nunca sentí más que terror por la naturaleza, y está bien, no es que la naturaleza tenga algo mal, no es mal y no es bien, es por eso que es tan terror, porque no la entiendo, y desconfío de la gente que la entiende. Gente encuentra conexiones personales en ella, respuestas. Cuando en el fondo es solo misterio. Me gusta la definición con la que termina Mistral su Decálogo del artista: De toda creación saldrás con vergüenza, porque fue inferior a tu sueño, e inferior a ese sueño maravilloso de Dios, que es la Naturaleza.
VII
Recuerdo cuando una vez fui al norte de Uruguay a escribir, a Paysandú. Y un día me sentí tan extraño en medio de un bosque de monocultivos. El suelo liso y todo en una distancia perfecta. Todo en control. Todo muerto. La muerte da control. Pero más allá de encontrar la meditación en el horror de una masacre ambiental, ‘Robar Madera’, es por sobre todo una obra que se corta a sí misma, para entender, quizás, que no es tan importante seguir tan vivo y sobrio en un mundo medio muerto. No quiero ser un pesimista.
VIII
En la obra las cosas se cortan. Ya lo dije. Para terminar los dejo con una parte. Parte cortada, que responde solo al propio gusto. Es la parte cuando un hombre entra a cortar a una persona, una gran pesadilla de siempre:
(…)
ahora hay un hombre que viene, ustedes no lo escuchan,
y que entra ahora,
el hombre me corta un pie, una oreja, la lengua:
ahor vams ma profund ma oscurs
ma oscur.
IX
La obra habla de más cosas, ahora solo menciono las cosas entre medio. Porque no sé, me da pena que se pierdan.
X
El tren ya está llegando y no puedo perderlo. No alcanzo a hacer una foto al pájaro carpintero de la estación, hubiese sido lindo tenerla adjunta con este texto.

Ficha artística
Dirección: Imanol Ibarra | Dramaturgia: Nicolás Lange | Elenco: Amanda López, Aníbal Gutiérrez y C. Margo Sáiz | Diseño Integral: Compañía Intermitente | Realización de vestuario: Marcela Schalscha | Diseño de Iluminación y multimedia: José Miguel Agurto | Diseño sonoro: Aníbal Gutiérrez | Producción: Tifa Hernández | Diseño gráfico y registro audiovisual: Estudio Propio.
Coordenadas
Temporada: Del 22 de mayo al 7 de junio, jueves a sábado a las 20:00 hrs
Teatro la Memoria (Bellavista 0503, Providencia).
Valor entradas: $10.000 general / $5.000 estudiantes, adulto mayor, personas con discapacidad y trabajadores AAEE / $5.000 jueves popular.





