Un día como madre miserable
Con furia en el cuerpo, bañada en lágrimas y balbuceando calamidades en voz alta caminé el pasillo desde el restaurante japonés hasta la tienda de computadoras frente a la que nos habíamos estacionado. Iracunda, abrí la puerta de la Kia blanca y me subí al asiento del copiloto. —¿La encontraste? —repitió él con forzada preocupación […]
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